Los ancianos venezolanos viven sus peores días

Desde el año 2016 la alimentación empezó a desmejorar

señora - el estímuloFoto extraída de El Estímulo

Por Valeria Alu

La mala nutrición y la falta de medicamentos les producen angustias que merman su bienestar y capacidad de estar felices

Los últimos años de vida para la mayoría de los abuelos que viven en residencias geriátricas en Venezuela, dejaron de ser óptimos para convertirse en una odisea.  Según la Organización Mundial de la Salud(OMS), “aunque algunas de las variaciones en la salud de las personas mayores son genéticas, los entornos físicos y sociales revisten gran importancia”.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Nutrición(INN): “los adultos mayores, debido al proceso de envejecimiento, presentan características que originan cambios en sus requerimientos de energía y nutrientes (carbohidratos, grasas, proteínas, vitaminas y minerales), aumentando así los riesgos a sufrir deficiencias nutricionales. Por esto se les califica como un grupo vulnerable biológicamente, al que se le debe prestar una atención alimentaria y nutricional especial”.

La vejez, en una situación crítica como la que atraviesa nuestro país, se ha vuelto un problema. Los centros geriátricos atraviesan diferentes dificultades graves que impiden la buena salud y calidad de vida de un adulto mayor en su última fase de vida, porque no existen las condiciones mínimas ideales para cumplir con sus necesidades.

Entre el deterioro y el abandono

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Foto por Valeria Alu

Juan Morantes tiene 80 años, y desde hace tres vive en el geriátrico Doña Rosa. Sale por su cuenta del centro, siempre que le den permiso. Camina por las calles de Caracas, e incluso asegura que cobra su pensión por sí mismo, aunque no compre nada porque ya no le alcanza. “Hace unos meses se me salieron las lágrimas de ver tanto desastre”, confesó.

Juan cree que su calidad de vida y la de sus compañeros de residencia ha desmejorado en un 50%, y calcula que la calidad de la comida se sitúa en un 25%. “A veces veo a los demás pidiendo más comida, pero sé que no hay. No es posible que un ancianito desayune una taza, o a veces media, de atol. También hemos estado comiendo una arepita bastante pequeña, delgada y sin relleno”, dijo. En el almuerzo, comió una taza de caraotas negras con un vaso de agua, mientras recordó que antes desayunaba arepa con perico y almorzaba carne o pollo con arroz.

“De enero para acá hemos estado bastante mal, yo siempre he opinado que no es culpa de los geriátricos, sino del Gobierno Nacional, del Seguro Social, del Ministerio de Salud y del Ministerio de Alimentación”, sentenció Morantes.

Siente que ha desmejorado tanto su alimentación, como su salud. Recordó que cuando llegó al geriátrico pesaba 74 kilos, y actualmente pesa 61. Además, que desde hace seis meses está tomando solo una de las seis pastillas de su tratamiento.

El abuelo Juan tiene seis hijos, pero más de 17 días sin recibir alguna visita, sus familiares no acostumbran a visitarlo frecuentemente. Aunque recuerda que anteriormente si lo hacían un poco más seguido, e incluso llevaban comida para colaborar con el geriátrico, asegura que ellos no tienen tiempo y que la situación actual no da para ayudarlo.

Declive alimenticio

La buena alimentación es el principal elemento fundamental para el bienestar de cualquier persona, pero aún más en un adulto mayor, ya que son más vulnerables a contraer enfermedades.

Piramide-alimenticia-mayores-70-anosImagen extraída de nutricion.dietas.com

Según el Doctor. Manuel Rojas Muñoz, director del geriátrico Doña Rosa, la afectación ha sido bastante grave, la alimentación comenzó a desmejorar hace unos tres años atrás. “La cadena de distribución de los productos alimenticios empezó a desquebrajarse, los proveedores cárnicos, de verduras y víveres, dejaron de despachar”, dijo. Asimismo agregó que tuvieron que recurrir  a comprar la comida con precios elevados a los vendedores independientes conocidos como bachaqueros.

Por su parte, la jefa de enfermeras del geriátrico Doña Rosa, Niurka Sosa, comentó: “prefiero retirarme para no verlos comer así, nos da mucha tristeza la desmejora de la alimentación, estábamos acostumbrados a darles sus buenas comidas, y ya hay alimentos que no les podemos dar”.

“La situación afecta directamente en la salud de los pacientes, no están recibiendo los tres elementos como debe ser, proteínas, hidratos de carbono y lípidos en las proporciones debidas. Si disminuyes la calidad de la dieta, empiezan a aparecer cuadros anémicos, bajas en la hemoglobina, pérdida de peso, merma su capacidad para resistir enfermedades infecciosas o parasitarias”, aseguró el Dr. Rojas Muñoz.

Según Rojas, la capacidad de respuesta de los ancianos ha disminuido porque están mal alimentados, además aparecen cuadros psicopatológicos porque se angustian y no hay ansiolíticos o psicofármacos, y entran en episodios de angustia que merman su bienestar  y capacidad de estar felices y tranquilos en una institución.

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Infografía extraída de la Organización Mundial de la Salud (OMS)

Crisis presupuestaria

Según Yoilette Briceño, jefa de división de clínicas del Instituto Venezolano de Seguros Sociales (IVSS), el Seguro Social se encarga de pagar el servicio cama-día por paciente, que incluye servicio de atención médica, alimentación y terapia ocupacional al adulto mayor las 24 horas los 365 días del año, pero es un presupuesto insuficiente para cubrir los altos costos.

“El presupuesto para el mes de enero era de 40.154 Bs. Evidentemente con esa cantidad no se hacía nada. Después se subió a 279.000 Bs. que igualmente no cubrían las necesidades básicas. Actualmente se hizo una nueva estructura de costos, y a partir del mes de mayo el presupuesto será de 380.000 Bs.”, explicó Briceño.

De esta manera, Briceño informó que: “Se va haciendo el ajuste a medida que se va evaluando la estructura de costos, pero cada vez es más difícil, porque no hay un precio fijo de la comida. Es un espiral,  porque hay inflación, aumentan los costos y tenemos que sacar más presupuesto, pero no hay como cubrirlo porque el seguro social cada día recauda menos porque cierran más empresas”.

Son 33 geriátricos presupuestados por el IVSS, de los cuales 8 han cerrado en los últimos 6 meses porque no tienen los recursos para funcionar. “Están presupuestadas para este año 4.200 camas, de las cuales 2.390 son para adultos mayores, pero desde el  año pasado no hay ingresos autorizados, solo se autorizan los que pasan por presidencia o por las manos del director de salud”, declaró una fuente que prefirió mantenerse en anonimato. Además informó que antes se hacían hasta 60 ingresos mensuales, ahora de 2 a 3 ingresos mensuales y todos son referidos por alguien.

Esta es una de las principales razones del cierre de los geriátricos, de 2.390 camas, solo 1.550 están ocupadas, eso deja un total de 840 camas vacías a nivel nacional. “Es un presupuesto que cada vez cubre menos camas, si muere un paciente, este no se le sustituye por otro, precisamente para no tener que dar más presupuesto”, informó la misma fuente.

Según afirmó la fuente anónima, la calidad de vida de los ancianos ha desmejorado en todos los aspectos, tanto en la alimentación, como en la calidad de los servicios y en general en la salud. “Los enfermeros se están yendo, la infraestructura no se puede reparar, intentan disminuir costos bajando la calidad de la comida, a su vez los medicamentos no se consiguen, ni el familiar puede costearlos, la situación se ha puesto muy dura”, dijo.

Geriátricos privados

En los centros privados, aunque el escenario no es tan grave, no se escapa de la difícil situación económica y de las complicaciones para poder brindarles calidad de servicio y alimentación a los pacientes.

“Nos ha costado mantenernos. Hemos sustituido, pero no hemos disminuido las cantidades de comida. El menú varía en función a lo que consigamos, pero tratamos de conseguir proteínas tanto vegetales como carnes rojas y blancas”, señaló Gilda Lovera, directora del geriátrico privado Hogar Días de Júbilo. Además agregó que la única manera de abastecerse de comida es mediante los bachaqueros.

Asimismo, José Borrego, director del geriátrico privado La Mano de Dios, coincidió: “conseguir la comida es difícil. Si los precios se mantuvieran, estuviéramos más cómodos, hasta podríamos mejorar las instalaciones y expandirnos, pero es complicado, me he endeudado con el banco para poder pagarle al personal y cubrir los gastos de la comida”.

La mensualidad de estos centros no es accesible al bolsillo de todos. Gilda Lovera asegura que en su geriátrico aún se encuentran dentro de los parámetros bajos, porque cobran una mensualidad de entre 5 y 8 millones, dependiendo de las necesidades del paciente, mientras que en otros centros privados rodean los 12 y 15 millones mensuales.

A consecuencia de la situación económica, entre 3 y 4 abuelos que residían en esta casa tuvieron que abandonar el centro porque los familiares no pueden pagarlo. Por más esfuerzo que haga la familia por costear la mensualidad, ésta aumenta constantemente y termina siendo imposible para algunos.

Mientras tanto, quienes han tenido la fortuna de ingresar a su familiar a un geriátrico del IVSS, luchan para ayudar a paliar la crisis que se vive; quienes aún pueden pagar los centros privados viven con la incertidumbre de qué harán con su pariente cuando ya la economía familiar no lo permita.

La odisea continúa y los centros geriátricos en Venezuela siguen tratando de lidiar con el desafío que genera darle los cuidados básicos a un paciente que debería estar viviendo la etapa más serena de su vida.

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