Jóvenes caraqueños participan activamente en inciativas de voluntariado

Por medio de diferentes iniciativas, los estudiantes buscan generar un cambio social en el país

Jóvenes caraqueños participan activamente en actividades de voluntariado

Los chicos obtienen a través de la empatía una nueva perspectiva de vida, crecimiento personal y un modo de escape para la situación que vive el país.

Becarios de AVAA en el ancianato San Judas Tadeo | Foto: Gracias Abuelo

Por María José González Rondón

La jornada termina, como ya es costumbre, con una foto grupal. Los abuelos sonríen y se despiden con la mano. La mayoría abraza el paquete con la cobija nueva que acaban de regarles. Otros revisan de nuevo las coloridas tarjetas que los muchachos les dieron. Algunos incluso lloran. La pregunta “¿cuándo vuelven?” se repite. Los chicos, por su parte, salen de la casa con grandes sonrisas. Ninguno tiene más de veintiséis y todos llevan sus camisas verdes de la Asociación Venezolana Americana de Amistad (AVAA). Ya son más de las 12:00 pm y es domingo. Muchos de ellos son de los Teques, Guarenas, Guatire y la Guaira y les espera un largo viaje de vuelta casa. Muchos otros son también de Caracas, esos aún tienen tareas y trabajos por hacer, pero ninguno parece preocuparse por nada.

De hecho, los que en la mañana anunciaban que era la primera vez participaban en la actividad y parecían preocupados mientras miraban las filtraciones el techo, las grietas en el piso y el deterioro en las paredes, ahora preguntan con tanto entusiasmo como los abuelos: “¿Y la próxima para cuándo?”. Katherine Rosales de 21 años, estudiante de medicina en la Escuela Luis Razetti de la Universidad Central de Venezuela (UCV) y coordinadora del proyecto, les asegura que pronto habrá otra visita y que deben estar atentos. Entre pedir los permisos, hacer presupuesto, conseguir donaciones y convocar a los becarios de AVAA, le toma alrededor de un mes preparar las jornadas en el ancianato San Judas Tadeo. Sin embargo, eso no es problema. Ella sabe que la mayoría de estos chicos están dispuestos a contribuir de cualquier forma. Y así como ellos, son muchos los jóvenes que van por la ciudad de Caracas dedicando su tiempo libre ayudar a otros.

Este es el trabajo que realiza la iniciativa Gracias Abuelo y, como esta, Santa en las Calles y Cascos Azules VE, entre muchas otras, se encargan de brindar apoyo a las personas con mayores carencias en esta ciudad. Del mismo modo, programas de educativos y de formación como ProExcelencia de AVAA y Juventud Debate, incluyen el voluntariado como un componente que refuerza la preparación de sus miembros. Estas actividades están generando cambios en las diferentes comunidades a las que favorecen, pero, además, están teniendo un importante impacto en las personas que lo realizan. Los jóvenes, cada vez más inmersos en estas actividades, están encontrando a través de la empatía un medio para sobrellevar los efectos de la situación política, económica y social que atraviesa el país.

 

Formarse a través de la empatía

De acuerdo con datos de la organización de Voluntarios ONU (VNU), para el año 2017 la población juvenil del mundo se ubicaba en 1.800 millones de habitantes, de los cuales el 87% vivía en un país en vías de desarrollo. Estas cifras revelan la importancia de este sector y, consecuencia, de los diversos programas educativos que existen actualmente con la intención de apoyar a los estudiantes, tanto a nivel de educación media y diversificada como a nivel universitario. En Venezuela, ProExcelencia es uno de ellos. Este programa de becas de la Asociación Venezolana Americana de Amistad, apoya  a jóvenes estudiantes de bajos recursos brindándoles ayuda económica y herramientas que favorezcan su formación.

El voluntariado es uno de esos componentes y de acuerdo con Bapssy Menenese, gerente de programas educativos de la asociación, es uno importante. “Es una actividad tan gratificante, porque te permite invertir lo más valioso que tiene el ser humano que es su tiempo en ayudar a otro ser humano sin esperar nada a cambio”, asegura. De acuerdo con ella, muchos de sus becarios provienen de barriadas populares y liceos públicos con muchas carencias y no están familiarizados con el trabajo voluntario. Sin embargo, esto cambia una vez que son incluidos en las actividades. “Cuando hemos hecho evaluaciones, valoraciones en relación al trabajo hecho por nuestros becarios, ellos se sienten tan felices por haber hechos cosas por gente que no conocen … que cuando llegan aquí el crecimiento personal y como ser humano los distingue de cualquier otro estudiante, de cualquier otra persona perteneciente a cualquier otro programa.”

Así mismo, otras iniciativas más pequeñas, como el programa de formación Juventud Debate, buscan despertar la sensibilidad de sus participantes a través de visitas a comunidades necesitadas, en las que se realizan jornadas médicas y de alimentación, así como actividades recreativas para niños y jóvenes. Ederin Sandoval, estudiante de 21 años egresada del programa, considera esta como una etapa primordial del programa. “Nosotros estamos en un contexto social que realmente amerita que cualquier actividad que se haga te lleve a ti a darte cuenta de la realidad que otros viven ―expone―.  En el programa de formación nosotros somos capaces de hacer planificación estratégica, somos capaces de prepararnos para un debate, pero también nos enseñan las herramientas para conocer, para aprender lo que se necesita para llevar una cultura de Paz”.

Como señala el psicólogo social Harrison Santiago, estas actividades permiten generar empatía y esta es fundamental en  el desarrollo de los jóvenes. “A partir de la empatía comienzan a generar cambios a nivel individual que después hacen realmente que la valoración hacia las cosas cambie, se generen el cambio de actitud y se puedan dar conductas, como estar más dispuesto a realizar este tipo de labor voluntaria.”

 

Llenando carencias

Según un estudio realizado por psicólogos de la Universidad Complutense de Madrid, existen tres tipo de conductas de ayuda estudiadas por las ciencias sociales: Las espontáneas, donde el individuo en una situación inesperada y de corta duración ayuda a un desconocido; las obligadas, en las que el individuo planifica y ayuda de forma continua a un conocido, y finalmente, el voluntariado, cuando tras una planificación y por largo tiempo un individuo ayuda a desconocidos. Según otro estudio realizado por psicólogos argentinos, este se caracteriza principalmente por requerir compromiso, tener el objetivo legítimo de querer mejorar una situación y partir de una motivación personal.

Pero no existiría el voluntariado sin personas, ni comunidades que necesitaran la ayuda. El voluntariado, antes que nada, responde a carencias en la sociedad y a la voluntad de algunos miembros de esta por llenarlas. De ello es que surgen organizaciones como Cascos Azules VE. Este, que surgió como un equipo de primeros auxilios asistidos durante las protestas de abril de 2017, cuenta ahora con 60 miembros principalmente entre los 18 y los 30 años y ha intervenido en más de 15 comunidades, detectando y ayudando a resolver los principales problemas de salud en ellas. Génesis Franceschi, Licenciada en salud pública de la UCV y coordinadora del proyecto, señala que existe una falla en el sector médico debido a los costos, lo cual causa que las personas no puedan acceder a los medicamentos. “Lo que nosotros intentamos es que, con los donativos que nos llegan de particulares o empresas privadas ―explica―, poder establecer prioridades y brindar ese tratamiento a las personas que lo necesiten”.

Para ellos, esta es una labor que realizan solo por el deseo de contribuir. “Es muy difícil trabajar los fines de semana cuando ya tienes el lunes a viernes estudiando, de lunes a viernes trabajando ―agrega Génesis―, pero te motiva un sábado o un domingo pararte a las siete de la mañana e ir a una a una comunidad difícil acceso a ayudar a los demás”.

Del mismo modo, los chicos de Gracias Abuelo buscan abastecer las necesidades  de los adultos mayores en medio de la situación. “Los ancianatos siempre viven en instituciones precarias, casi nunca tienen los alimentos para los abuelitos, casi siempre huelen mal, o los abuelitos no tienen medicinas… Ante tal situación eso se ha intensificado o se ha acentuado”, señala Katherine y agrega: “Es súper importante  ir a estos ancianatos llevarle diferentes donaciones y abastecer los en cuanto comida, en cuanto medicinas, en cuento a ropa y en las actividades que también son una parte importante para que acompañar a los abuelitos tanto física como emocionalmente.”

Es así como el voluntariado empieza a ser un agente de cambio. Tal como señaló el Secretario General de las Naciones Unidas en su informe de 2015,  El camino hacia la dignidad para 2030, “El voluntariado puede contribuir a ampliar y movilizar a las sociedades y lograr la participación de las personas en la planificación y la aplicación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible a nivel nacional.”

 

La verdadera ganancia

Según una investigación financiada por el Ministerio de Ciencia y Tecnología de España, como parte del Plan Nacional de Investigación Científica, Desarrollo e Innovación Tecnológica, la conducta prosocial se entiende como “comportamientos llevados a cabo voluntariamente para ayudar o beneficiar a otros”. En esta categoría entrarían las actividades de voluntariado en las que sus participantes buscan compartir, apoyar o cuidar de quienes más lo necesitan.

Este mismo estudio señala, basándose en la teoría de Köhlberg, que la conducta prosocial va en aumento al llegar a la adolescencia. Esto podría explicar por qué muchos jóvenes deciden incluirse en este tipo de actividades, pero, ¿qué obtienen al invertir su tiempo libre en ello?

Según Jhorman Barreto, estudiante de Ciencias Fiscales en la Escuela de Hacienda y becario de ProExcelencia encargado de coordinar la participación de los jóvenes de AVAA en la iniciativa anual Santa en las Calles, “la ganancia que tengo para mí es el saber que estoy haciendo un bien para alguien ajeno a mi círculo más cercano. Gano vivencias que me sirven para mi presente inmediato y mi futuro por venir, además me ayuda a reflexionar del pasado egoísta que sin querer tuve.”

Por su parte Ederin expresa: “Hacer este tipo activadas a mí me dan fuerza, porque puedo ver la realidad de otros, puedo palpar, puedo sentir que realmente hay problema, si hay situaciones más graves y más difíciles que las que yo paso. Entonces, este tipo de este tipo de voluntariados me permiten entender que tengo qué quejarme menos y hacer más”.

 

En conclusión, el voluntariado se ha vuelto una práctica cada vez más común entre los jóvenes, ya que cómo señala Santiago, funciona para ellos como un “escape” a la situación del país. Para él, el que muchos jóvenes estén viviendo carencias “crea hasta cierto punto un nivel de conciencia en la persona y hace que efectivamente pueda este estar más dispuesta a generar voluntariado”.

El enriquecimiento personal y una nueva perspectiva es, de acuerdo con Bapssy, lo que les queda a los jóvenes tras realizar esta actividad. “Eso te hace ver la vida como que si se pueden hacer cosas, si estamos haciendo cosas, sobre todo la juventud de este país está haciendo cosas muy buenas, calladitos, pero están haciendo cosas muy buenas”

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