Teatro Nueva Era sopla su velita nro 27

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Esta compañía de artes escénicas comenzó siendo el sueño de un joven, movido por la idea de lograr transformar realidades particulares a través de obras de teatro  y este 14 de Noviembre, TNE cumple 27 años cumpliendo ese sueño

Horas antes de que el telón se abriera al público, ya todos estos actores estaban reunidos en la sala de teatro, en ese momento eran actores, en función son personajes, ese proceso de transformación es complejo, hermoso y está lleno de aprendizajes.

Hoy es Domingo, los actores están pautados para llegar a la sala a la 1:00 de la tarde, la función de “Calaveritas”  que comienza a las 3:00 de la tarde, 2 horas es más que suficiente para que un actor se aliste para su función en sala.

Antes de la 1:00, la sala parece estar muerta, las luces están completamente apagadas, el telón es irrelevante y las butacas desiertas no dicen nada, esas sillas en las que el espectador se sienta cómodamente a participar en algo desconocido y emocionante, esas que son tan comunicativas el domingo después de las 3:00;  durante toda la mañana, no significan nada.

Algunos actores están rondando por el trasnocho desde las 12:30 pm, otros llegan pasaditas la 1:00 pm pero lo cierto es que cuando el primer actor entra a la sala comienza la magia. Es un efecto dominó, llega uno y poco a poco van llegando los otros, graneaditos.

Así es como una sala que hace 15 minutos estaba muerta, comienza a vivir de nuevo y uno se da cuenta de que la sala no estaba muerta, solo dormía y hoy está dispuesta a trabajar con su equipo para lograr un espectáculo maravilloso.

Los técnicos comienzan a colocar la escenografía en su lugar, y el maestro Lara Valentini –que es un muchacho de 21 años con muchas habilidades visuales, escenógrafo e iluminador del grupo- comienza a hacer su magia y a verificar que todo esté en orden y que la puesta quede perfecta para recibir el visto bueno de dirección.

Mientras tanto los actores están en el camerino, cada uno tiene su espacio y cada espacio parece ser la cuna de un nuevo ser: el personaje.

El actor llega y observa claramente su imagen frente a un espejo bordeado con luces amarillentas, el actor guarda en su memoria el retrato que obtiene y en ese momento comienza su transformación.

Entran en el juego el maquillaje, los vestuarios y los peinados, así es como el camerino poco a poco va adoptando un olor similar al de una peluquería, pero cada actor tiene su peluquería particular.

Stefanie Schaefer, mientras se pinta el rostro de blanco pálido para interpretar a Frida Calavera comenta que cada pieza es particular –En algunas cada quien se arregla solo, en otras necesitamos un gran equipo de maquillaje o de peinado para lograr lo necesario, pero en general este es un momento en el que el actor se involucra con su personaje en profundo, en íntimo, siempre hay una parte de esto que se hace solo para uno ir sacando, poco a poco, ese personaje que se guardó en una cajita interna hace tiempo y es un proceso muy bonito, cada quien lo hace a su modo, pero nos gusta estar juntos durante el proceso, como en este caso, y así ir armonizando el elenco para la función-

Lara Valentini es también actor, en cuanto termina con la puesta corre al camerino y se une a sus compañeros en el ritual. En una hora aproximadamente todos los personajes comienzan a hacerse visibles, no es un efecto inmediato, pero si se les ve la emoción en las caras, es un cambio que va creciendo paulatinamente, comienza siendo una persona y termina otra, es como si el actor nunca hubiese olvidado ese primer reflejo del espejo bordeado de luces amarillentas y durante toda la hora haya estado dedicando su trabajo a diferenciarse de esa imagen.

Así se puede ver como todos los actores de “Calaveritas” se han vuelto personajes infantiles muy llamativos: hay un hombre verde, tres calaveritas parlanchinas que uno no sabe si son tiernas o aterradoras, una señora vestida de negro, una pareja de rojo y una niña muy tierna.

Luciendo de esta manera se adueñan de la sala, comienzan los juegos, los cambios de luces, los ensayos y errores de propuestas distintas, los calentamientos, cada actor trabaja en lo que le hace falta mientras la directora, observadora, hace comentarios particulares y cuando es pertinente dirige una actividad que considere le haga falta al grupo para la función.

El compromiso de todo el equipo con la pieza se hace evidente, los actores afinan últimos detalles, la directora canaliza los posibles problemas y los técnicos alistan todo.

Valentini asegura que el hecho de que todos los integrantes del grupo se alineen con un interés común, a pesar de las diferencias que tengan,  logra llevar mensajes con mayor potencia al espectador.

Solsiré Domínguez es la actriz con mayor trayectoria dentro de Teatro Nueva Era, este mes cumplió 15 años con el grupo y para ella TNE es hogar, familia, amigos, casa y escuela –es todo, el espacio que me ha proporcionado la oportunidad de crecer como persona cada día, creo que el teatro tiene el poder para mejorar y cambiar vida, es el lugar donde puedo ser yo, 100% yo, las 24 horas, sin temor a ser juzgada ni menospreciada y eso es lo valioso para mí-

Juan Lara Valentini, entre vocalizaciones, explica que TNE funciona como compañía teatral  -en Venezuela quedan muy pocas, los actores están por su lado y los directores por otro, hacen casting y así trabajan. Ahorita nuestro grupo está consolidado y nos reinventamos en cada pieza, nos mantenemos como compañía unida, aunque solemos incluir artistas externos para enriquecer el trabajo, a diferencia de otros grupos que están funcionando como una productora de teatro y pierden la mística de trabajar en compañía-

Esa mística que menciona, parece una palabra muy etérea o abstracta, pero uno la puede ver, literalmente, cuando presencia el trabajo de este grupo teatral en la sala.

Basta que comience a llegar el público para que sea aún más evidente, las tres calaveritas parlanchinas comienzan a involucrarse con las personas que se acercan al área lounge del Teatro Trasnocho, les hablan en acento mexicano, se ríen haciendo chistes y jugando con los pequeños mientras bailan. Los niños están riendo y disfrutando, sin haber si quiera entrado a la sala de teatro.

En eso se hacen las 3:00 de la tarde y comienza la aventura para el espectador.

En este caso, los niños son los principales; “Calaveritas” es una obra infantil que intenta hablar un poco sobre la muerte con los niños: toda una osadía.

Para Teatro Nueva Era parece ser lo más común trabajar con este tipo de temas que normalmente son tabú, tienen en el centro de sus obras alguno de estos temas incómodos con frecuencia, por ejemplo: sexualidad, embarazo adolescente, toma de decisiones, violencia de género, adicciones, obsesiones, maltrato, locura, individualismo y muerte.

Obras como Pechos de Niña, De Melocotón a Rojo Alucinante, El Chiste que nunca Fue, Benja Imaginario, Wikilliam Shakespeare, Camile, Sur o No Ser, Aventuras de Un Caballero Andante, Palabras de Otros, Retrovisor y ahora, Calaveritas son muestra de eso.

La dupla entre Jennifer Gásperi –Directora- y José España –Dramaturgo- suele ser osada y creativa a la hora de seleccionar temas y esto es por un compromiso que se tiene con el público y que ha sido la esencia del grupo desde hace casi 27 años, explica María Verónica Landaeta, a través de su personaje de Calaverita justo antes de que la función comience.

Cuando las personas están completamente organizadas, las tres calaveritas comienzan la función abriendo el telón con sus propias manos, destapando así un espacio mágico que envuelve la atención de los niños y los hace reflexionar durante un poco más de una hora.

Después de esa hora, la función se termina con aplausos sostenidos durante unos 10 minutos, aplausos infantiles que son verdaderamente sinceros. Así el elenco sale del escenario y espera a su público fuera de la sala.

Los niños salen emocionados, son muchos niños corriendo con la ilusión evidente de conocer a esos personajes  llenos de vida y de cosas hermosas, los quieren conocer, abrazar y querer.

Frida Calavera cuenta al terminar la función – pocas veces me han pedido autógrafos en la vida, al final de esta función, una nena de 5, se me acerco corriendo para que yo no me fuera a camerinos porque quería una foto conmigo y un autógrafo de mi personaje, para mi fue un muy emocionante, la cara de la nena era tan emotiva que la mama estaba muy conmovida porque su hija estaba disfrutando y creo que eso una experiencia invaluable-

Así como logran que los niños disfruten hablando de la muerte, logran que todo tipo de público disfrute conociendo realidades que no le son propias. El maestro Lara Valentini, cree que el teatro primero transforma al actor y luego al público.

El muchacho que hace 27 años soñó con crear un grupo de teatro que cambiara la vida de las personas lo ha logrado, y seguramente este domingo a las 12 de la noche, después de la función de Calaveritas estará celebrando haber logrado tal astucia.

KARLA PAOLA SILVA

Fotos Cortesía: Manuel K. Reveron
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