Los grafiteros pintan porque les gusta

Con el graffiti se pueden cambiar entornos sucios a unos llenos de alegría y color. La esencia del graffiti es el vandalismo. Para los grafiteros consultados lo importante es expresarse, no que los entiendan

Por Yurmaris Zanardo Gabán

Caracas es vibrante y aunque hay quienes afirman que sus colores predilectos son el gris y el verde, por su clima y paisaje bordeado por El Avila, lo cierto es que otros colores también adornan su paisaje. El multicolor es lo que más destaca de las imágenes caraqueñas. De este a oeste las avenidas y autopistas están decoradas con expresiones realizadas por artistas callejeros. Estos artistas son grafiteros y forma parte de la identidad caraqueña desde inicios de los noventa.

Tres grafiteros, tres historias. Uno que lo hace por hobbie, otro es un aficionado que lo ha hecho su estilo de vida, y el otro es un símbolo en la cultura grafitera de Caracas. Ellos expresan lo que es ser actualmente grafitero en la metrópolis venezolana y los retos que hay que sortear para ser catalogados como lo que son, artistas y no vándalos.

Se ha discutido desde los inicios del graffiti si es arte o vandalismo, estos tres jóvenes expresan su opinión al respecto y concluyen que el graffiti es tan pasional que cada quien lo interpreta como quiere, siente y puede. El artista se expresa y el espectador es el que decide que quiere creer.

El graffiti es expresarse

Federico Ayala es un joven estudiante de la Universidad Central de Venezuela. Es irreverente, no cree en las reglas que le impiden hacer lo que él quiere. Va a la universidad con su patineta, sus cigarrillos, papel y lápiz. Cuando era un chamito se empezó a dar cuenta de los graffitis que adornaban la ciudad. Le llamaron la atención y, quizás porque no entendía lo que decían, se obsesionó hasta tal punto que hoy es una de sus actividades favoritas.

Su inicio en este arte callejero fue tratando de entender que decían aquellas palabras coloridas pero lo que realmente lo acercó a este arte fue el investigar sobre ellos. Por qué los grafiteros existían, qué los enamoraba, cuáles eran las razones de su expresión, fueron las primeras preguntas que el niño Federico se hizo.

Se sentó frente a su computadora e investigó todo lo que pudo, la causa  le gustó. La palabra graffiti proviene del griego graphein que significa escribir, según el diccionario etimológico ABC. Sin embargo, coloquialmente, graffiti se usa para referirse a los dibujos realizados en las superficies –paredes,  muros, vallas, puentes, etc.- de las ciudades. Comenzó en los años 60 en Nueva York, Estados Unidos, con jóvenes que colocaban sus seudónimos en las paredes. Uno de los casos más emblemáticos es el del griego Demetrius que se hacía llamar TAKI 183, Taki como diminutivo y el 183 representaba la calle donde vivía. Demetrius trabajaba como mensajero y tenía que recorrer toda la ciudad varias veces al día, mientras la transitaba aprovechaba para escribir su nombre en el mayor número de lugares lo que le permitió ser conocido entre los jóvenes neoyorquinos.

Cuando Federico tenía 13 años ya había leído sobre los inicios del graffiti y pintado en su casa, se compró sus primeras latas en EPA, recuerda que cada una le costó lo que ahora equivale a  4.3 bolívares. Él fue y se llevó varias latas de cada color. Estaba listo para salir a pintar en las calles caraqueñas.

Se enamoró del graffiti por lo libre que se puede ser mientras se pinta, entendió que el tiempo es circunstancial y personal porque se puede salir y hacer algo en cinco minutos o en tres horas.

Para Federico, el graffiti representa lo que una persona es, como está en ese momento. “El graffiti es como una huella que dejas por ahí mientras te expresas”, afirmó Federico. Su objetivo cuando pinta es dejar una impresión suya en el lugar.

Un graffiti te puede cambiar un día

 Hugo Carrasco tiene 24 años, es ilustrador, vive en La Tahona y pertence al crew Limones The Fiesta. Sale con siete amigos a pintar las paredes y paisajes del Este caraqueño. Es común ver las coloridas ilustraciones con la palabra “Limón” en varios lugares de los municipios Baruta y El Hatillo.

Hugo Pah, su a.k.a de grafitero, no sabe porque le gusta grafitear. Desde pequeño le llamaron la atención los colores. Dice que estaba buscando algo en la calle y lo encontró a los 13 años gracias a sus amigos grafiteros que lo impulsaron a salir a pintar. Empezó pegando calcomanías, en aquel momento podía hacerlas con vinilo. Su comienzo en el mundo del graffiti no fue fácil, sus panas pintaban tipografías y él era muy malo haciendo letras.

Se sentía mal por no poder hacer letras, es un joven competitivo y no soportaba ver como sus panas avanzaban y él seguía haciendo esas tipografías horribles. Comenzó a agregarle muñequitos, ojitos, boquitas a las letras que hacía, ya que eso es lo que le gusta y salía bien. Siguió boceteando para intentar mejorar sus tipografías, hasta que a los 15 años un primo que llegó del exterior le regaló un libro sobre el graffiti. En el libro había muchas fotos de gente haciendo personajes y no letras. Fue el momento de Hugo, pensó que sí tanta gente hacia personajes él también podía hacerlos. No tenía que hacer letras porque sus amigos lo hicieran. Actualmente Hugo ya sabe dibujar letras pero no es lo que le gusta hacer.

Desde hace un año está pintando en lo que el llama el estilo de Criollo Happy Style. Es salir a pintar sus dos personajes, CareBolsa y Notorio, se los disfruta y considera que pueden ser interpretados por cualquiera porque lo que intenta es llenar de chiste la ciudad.

Cuando Hugo sale a pintar siente adrenalina. “Salir a las calles de Caracas es tener adrenalina. Salir a pintar es brutal pero peligroso”, expresó. Para él salir a pintar es lo que le gusta y no quiere que nadie sepa que lo está haciendo. Considera que es una esencia oculta que tiene pero para él no es llegar y pintar unas paredes, cree que es fundamental que se aprenda la técnica como es debido.

En el círculo de Hugo no siempre ha sido bien visto que él sea un grafitero. Al principio su familia creyó que estaba pasando por una etapa de rebeldía y lo comenzaron a aceptar como una profesión seria. Su mamá orgullosa de que su hijo fuese grafitero, a su papá, en cambio, no le gusta pero ya no le dice nada. En el caso de sus amigos, tiene amigo que no le hablan en la calle si se lo consiguen grafiteando o que lo regañan porque todavía raya paredes. Él los ignora porque no se mete en la vida de nadie, ni deja que se metan en la suya.

Explicó que la parte divertida de grafitear es todo. Desde que llega a su casa apurado a buscar los potes y bocetos para salir hasta devolverse con la seguridad de haber hecho lo que tenía que hacer. “A mí me hace feliz y mientras me haga feliz es divertido”, expresó.

Hace unas semanas fue a grafitear en el Oeste de Caracas, le gustó porque el código es otro. Hay más aceptación y no está mal visto por los habitantes que pinten las paredes, siento mayor tranquilidad aunque considera que el Este es más tranquilo que el Oeste de Caracas.

Para él sería una buena iniciativa que las alcaldías del Este de Caracas hicieran proyectos semejantes a los del “Barrio Nuevo, Barrio Tricolor” donde los grafiteros concursaron para pintar los dorsales de los edificios, aunque considera que el concurso no debe ser con tantos requisitos que obstaculicen la inscripción.

Okso, más de 20 años siendo grafitero

Detrás del Millenium Mall, en una gran pared al lado de la parada del MetroBus, hay dos graffitis en construcción. Sus creadores llevan más de dos días ahí, uno es Dagor y el otro es Okso. Son amigos desde hace años, no forman parte de un crew pero casi siempre pintan juntos. Okso se destaca por pintar una vaquita azul que está en casi todo el país y Dagor por unas letras tan bien cuidadas que han sido catalogadas como el mejor trazo de Venezuela, según Federico Ayala.

Okso comenzó a grafitear a mediados de los 80 porque sus hermanos pertenecían a un crew de graffiti y eso fue una influencia para él. Actualmente sus hermanos no son grafiteros pero formaron parte de la primera generación que se denominaba Los Santos, para su hermano fue una cuestión de adolescencia.

Para Okso el graffiti es su hobbie y su pasión. Actualmente pinta caracteres, fue cuando inició con el personaje Cleta, una vaca azul que considera icónica de él. No quería tener que colocar su nombre para que la gente supiese que era su trabajo. Cleta es como su hija, a veces interpreta personajes femeninos y masculinos. Cada una de las veces que la dibuja se inspira en el momento, el ambiente y lo que quiere transmitir en ese momento.

Al principio de su carrera sintió un poco de prejuicio hacia los grafiteros, considera que esto ocurrió porque había muchas personas que no se sentían identificadas con lo que se estaba pintando. Actualmente siente que las personas se emocionan cuando ven un graffiti bien realizado, aunque hay personas que se sienten saturadas de tantas pinturas pero él considera que eso son texturas y colores de lo que estamos viviendo.

Para Okso con el graffiti se intenta cambiar un entorno que está muy sucio y gris para uno colorido que pueda emocionar a las personas. Considera que la gente critica por criticar, el graffiti existe desde hace años y hay muchas maneras de hacerlo. Para él el graffiti es como su vida porque le ha dado todo lo que actualmente le hace feliz.

Okso expresó que actualmente él se conforma con tomar una buena foto de sus obras porque es relativo el tiempo que duran. Tiene murales que duran solo un día y otros que tienen meses en los lugares. Es cuestión de suerte.

Graffiti es pasión

Federico opina que la esencia del graffiti es el vandalismo pero eso queda a la interpretación de cada quién. Él hace graffitis porque le gusta pintar las paredes, no le puede dar otra explicación. Para él el graffiti es lo que él quiere que sea, arte o vandalismo. Ha estado preso como unas quince veces por estar pintando en el Este de Caracas.

Hugo Pah forma parte de un crew donde todos tienen un horizonte de lo que quieren hacer como grupo, es decir, pintar para alegrar la ciudad, hacerla más cálida.  Pero, de igual forma, sus panas salen a rayar por rayar.  Ha estado preso varias veces. Considera que es injusto porque es ilegal que te agarren preso por hacer graffitis, pintar la calle no es delito solo que está mal visto por la sociedad afirmó.

Okso considera que definir al graffiti como arte depende del espectador porque piensa que el artista solo construye un 50% de la obra y el resto lo hace el espectador. Expresó que la interpretación del arte es tan subjetiva que una persona pueden ponerle una valla con una cerveza y mujeres con poco ropa y lo soportan, no les molesta  pero ven un mural de un grafitero y no están de acuerdo porque es ofensivo y un acto de vándalos.

 

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