La búsqueda detrás de un sueño: la vida de una comerciante informal

El comercio informal fue una respuesta social a la grave crisis de desempleos en el país. Los trabajadores de este sector no fueron atendidos por el gobierno sino hasta 30 años después

 

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Reina Chacón, comerciante informal. Foto propia.

Son las 9:50am de un domingo de octubre. El celular escondido vibra, es un mensaje de texto: “B día tranquila me quede dormida se me hizo tarde”. La cita era 10 minutos antes. Bajo el paso al caminar. No hay apuro.

***

—Mamita, camine, ¡vamos tardes! Aquí se toman las camionetas. Yo prefiero las camionetas: los carritos son muy peligrosos y más los domingos -dice Reina Chacón, mientras camina a pasos rápidos por la Av. Fuerzas Armadas. Ya va, antes, vamos a comprar el periódico.

La populosa avenida del oeste de Caracas está llena de gente haciendo colas por pan y regateando por comida. Personas paradas en el medio de la acera expectantes a que llegue o pase algo entorpecen el paso. Las últimas encuestas de Venebarometro reflejan que más del 80% de la población ve “muy mal” la situación económica, política y social del país. Entre empujones y permisos, Reina Chacón camina hacia la sombra de un árbol. No es una parada oficial, pero no importa, es mejor protegerse del sol.

—La crisis que viene es peor. Ya todos los economistas y astrólogos lo dijeron. La inflación de 2000%. Yo sé algo de finanzas, así hice crecer mi negocio -dice, bastante pesimista. Yo quiero que mis sobrinos y sus amigos se vayan. Ellos son profesionales, no merecen esto. La marginalidad y la irresponsabilidad los arrastra a no salir de este ciclo.

Un autobús Mercedez-Benz de los viejos se para cuando Reina saca su mano. Caminamos hasta al final. “Si pasa algo nos salimos corriendo por la puerta de atrás”, susurra. En Caracas hasta los más aguerridos tiene un plan para escapar de todo.

***

            Reina Chacón Chacón es oriunda de San Cristóbal. Llegó a Caracas con su mamá y sus hermanas mayores al ser solo una niña. “Nos vinimos para acá cuando mi papá nos abandonó. Mi mamá es una mujer muy humilde. Pero, echó pa’lante con sus muchachas. Mis hermanas empezaron a trabajar desde que nos instalamos aquí como servicio en casa”, comenta.

Su adolescencia la vivió en medio de una de una bonanza petrolera. A su alrededor un país crecía económicamente: la ilusión de poder superar la brecha de la pobreza era palpable. Parecía que todos tenían la oportunidad de salir adelante. Ella es la única de sus hermanas que estudió. Culminando los ochentas obtuvo un título del INCE ,-Instituto Nacional de Cooperación Educativa- para ser secretaria.

Al momento de entrar al mercado laboral el país le jugaría una mala pasada. El dinero obtenido del rentismo petrolero no fue invertido adecuadamente: la desigualdad acrecentó. Según Matías Riutort, en Venezuela la pobreza aumentó un 16, 1% en tan solo seis años; pasando del 26,4% al 42,5%, en el periodo comprendido de 1982 hasta 1988. La poca inversión social sostenida y la corrupción hacían de las suyas afectando directamente a las clases más vulnerables.

El incumplimiento del pago de la deuda externa amenazaba con llevar al país a la quiebra, el Estado no podía asumir el gasto público: era necesario reformar como se gobernaba el país. Carlos Andrés Pérez, presidente por segunda vez entre 1989-1993, anunció el Gran Viraje, una propuesta económica liberal que tendría un alto costo político y social.

El anuncio presidencial tendría un impacto directo en su vida, los subsidios acabarían. Era el momento de que todos asumieran la responsabilidad por los años de derroche.

En menos de un año descubrió como su sueldo perdía valor, así como sus aspiraciones a independizarse y ayudar a su familia. Un día su jefe le comentó que si ella quería tener sus propias cosas debía buscarse otro ingreso. “Los comerciantes en este país siempre tendrán dinero”, recuerda que le dijeron.

Poco a poco, Reina, entendió como se movía el mercado del país. “Aquí el venezolano es muy consumista. Las mujeres quieren estar siempre a la moda; los hombres, también. ¿No ves que siempre han movido dinero? La gente no sabe ahorrar, solo vive del momento”, explica.

Así tomó una decisión que la llevaría por caminos inciertos, llenos de altos y bajos, sacrificios y el cumplimiento de su misión de vida.

***

            10:40 am Reina Chacón entra a la Feria Popular Bolivariana N°1 en la parroquia de El Cementerio. Un merengue de Billos es el soundtrack que acompaña su caminar. Saludos a todos con una sonrisa. “Mamita, ¿cómo está? Allá en el puesto le tengo la broma”, grita a una mujer. Sigue su ruta y llega al pasillo 10. Allí sus vecinas, como cordialmente se llaman entre sí, cuentan cómo se ha movido la mañana:

—Esto está solo, Reina. Hoy solo he vendido una camisita -comenta una de ellas, con gran pesar.

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Entrada de pasillo 10. Foto propia

La Feria, o mercado como lo llama Reina, ha perdido su bullicio. “Mija, hace dos años para esta fecha esto estaba full. No sé podía caminar. A veces tenía que cerrar antes de la hora porque me quedaba sin mercancía”, asegura.

Sale de su puesto y grita:

­—Josefina, ¿cuándo es que dejaron de venir los clientes? ¿Cuánto calculas que han bajado las ventas?

—Ay, chica, desde hace dos años esto está solo. Mira, un 80%. Todavía tengo ropa del año pasado. ¿Cuándo tu recuerdas que la mercancía quedará sin venderse? -responde.

En el pasillo hay muy pocas personas. Unos 10 puestos abrieron; de casi 40. Durante dos horas solo han pasado algunas personas. Miran, no preguntan. Las vecinas matan el tiempo conversando entre ellas y escuchando la radio.

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Pasillo 10. 3.30pm. Foto propia

—Antes la gente venía los domingos a ver: preguntaban y se llevaban uno que otro trapito. Ahora nada. La papa los mueve a todos a las colas -asegura con pesimismo una de las vecinas que prefiere resguardar su identidad.

Una mujer se acerca, con timidez pregunta:

—¿A cuánto la crema? ¡La azul, la de Avon! -grita desde la lejanía, con temor a que el precio la sorprenda.

—En 12.000bs. Aproveche, mamita, que viene para 32 -contesta intentando hacer el producto más atractivo.

-Sí, todo va para arriba -responde con tristeza, para luego seguir su camino.

—Uno entiende: 12.000 es una quincena. La gente no tiene. Y lo que tiene no es para una crema -susurra Reina.

***

            Reina empezó en el comercio informal en 1994. Dos años después del intento de Golpe de Estado comandado por el expresidente, Hugo Chávez. “Uno tenía un poco de esperanza de que algo iba a cambiar”, cuenta entra tantas cosas.

La empresa en la que trabajaba comercializaba con franelas. Tomo la decisión de comprar cuatro y venderlas entre sus allegados. Al poco tiempo descubrió que vender traía sus frutos. “Esa fue mi primera inversión, logre hacer un buen capital y seguir invirtiendo”, explica con detenimiento.

Un día la empresa se fue del país. Era el momento de empezar sola a vender productos. “No fue fácil. Yo era muy ingenua. Vendía a crédito. No sabía nada de economía. Muchas veces me estafaron”.

Sabía que para salir adelante debía aprender. Poco a poco empezó a estudiar por su cuenta. Leía libros de economía, administración y gerencia. Preguntaba por todo. Descubrió que llevar un registro es la mejor forma de organizarse, así como que tener un capital permite arriesgarse e invertir en nuevos productos.

Conforme trascurrían los 90, el país profundizaba su crisis. El petróleo, la única fuente de ingreso del país, fluctuaba con tendencia a la baja. A principios de la década, el barril tenía un valor de 60$, para el 1998 estaba por debajo de los 20$, según el Departamento de Energía de Estados Unidos. Vender a los conocidos ya no era suficiente. Reina tuvo que arriesgarse a salir a la calle y dedicarse de lleno a la buhonería.

La venta de productos en la calle no es una tarea sencilla. La competencia desleal, así como encontrarse a la intemperie hace de esta labor difícil y arriesgada. “En la calle empecé a vender ganchos de pelos porque eran más livianos. Colocaba una sábana en el suelo y ahí los ponía. Si venía la policía agarraba todo y salía corriendo”, relata.

“La policía nos reprimía y discriminaba. Los buhoneros éramos mal visto. Nosotros no teníamos responsabilidades; no pagamos impuestos ni nada. Todas las ganancias eran para nosotros”, cuenta. Conforme aumentaba la crisis el atractivo de ser buhonero llenaba las calles de Caracas: Sabana Grande, San Martín, La Hoyada y El Cementerio eran sectores atestados de economía informal.

La llegada de Hugo Chávez al poder marcaba un nuevo cambio en el país; las esperanzas de nuevo tiempo signaban el ambiente. “Los buhoneros crecieron libremente en los primeros años del gobierno de Chávez. No había normas ni leyes. Los sindicatos se corrompieron y se convirtieron en mafias”, recuerda.

Blanca Yuncoza trabaja como buhonera desde hace 32 años. Aclara que nunca vivió tanta anarquía como desde la llegada de Chávez. “Era gente por todos lados, gente mala, gente buena. Todos querían dinero fácil. Nadie quería responsabilizarse por nada”, explica.

La buhonería en Caracas se convirtió rápidamente en un problema. El gobierno hacía caso omiso hasta que fue inevitable ocultar el problema: sectores de Caracas eran intransitables. La Alcaldía de Caracas creó la Comisión de Economía Social que buscaba dar una solución. Sin embargo, pasaron los años y todo seguía igual.

Reina cuenta que siguió trabajando en la calle. “Cargaba mis productos todos los días hasta El Cementerio; cuando tuve más dinero alquile un deposito pequeño aquí mismo. Trabaje sola. En mi familia nadie me podía apoyar”.

A pesar de que tuvo que enfrentarse a vender en la calle, sin protección y con las constantes amenazas externas pudo surgir. Para el 2007, Reina había logrado comprar su propio apartamento y cumplir su sueño más grande: viajar por el mundo. “Tenía una meta que era surgir. Compre mi apartamento. Fue difícil, como buhonera nadie te quiere dar un crédito”. España fue su primer destino. Fue a caminar por la Puerta del Sol, el Museo del Prado y el centro. “Ahorita mi intención es viajar a Uruguay. Allá está mi sobrina. Quiero ir a visitarla”.

“El 23 de marzo de 2009 nos sacaron de las calles. El gobierno expropió una chivera y nos los dio. Estos era un territorio vacío, llenos de cachivaches y grasa. Trabajando y con esfuerzo pudimos construir lo que hoy en día es el mercado”. Cuenta que no fue fácil, las personas no quieren trabajar y no tienen sentido de pertenencia; explica que para muchos lo importante es el dinero para tomárselo en alcohol y no construir las bases de algo más grande.

Hay quienes aún se quejan de que no tienen nada. No poseen una casa y sus neveras están vacías:

—En toda la semana he vendido solo 5 trapitos. Hoy no he vendido nada. En mi nevera no hay comida, debo ver como resuelvo -dice Blanca Yuncoza.

—¿Cree que venderá algo en la temporada alta? -pregunto.

—No, para nada. Yo no me veo el año que viene aquí. Venderé chucherías y comida. Los trapos ya no salen-mira hacia un lado, suspira y continúa: ¿sabes? A mí me hubiese gustado estudiar y trabajar, pero en mi casa no podía darme ese lujo. Tener algo estable. Hice mucha plata en la calle: compre mi casa y críe a tres carajitos. Pero, nunca ahorre. No supe ver que esto venía. Yo con mis 50 años y todo lo que he trabajado merezco llegar a mi casa y tener algo que comer.

***

            Aprender, planificar y ahorrar son, según Reina, las claves del éxito. Para ella, alcanzar sus metas no fue sencillo, sin embargo, nunca tuvo motivos para abandonar. “Siempre estuve sola. Mis manos están deformadas de tanto peso que he cargado. Pero, no me importa”, reflexiona ante su vida.

A mediados del 2000, conoció la astrología, a través de los estudios del movimiento de los astros pudo conocer más acerca de su vida y la misión que vino a cumplir en el mundo. Esta ciencia la ayudo mucho a organizarse y comprender los momentos adecuado para invertir y arriesgarse. A pesar de que no habla abiertamente de ello, la referencia a los astros fueron palpable durante todo el día.

Reina Chacón es una venezolana más que se despierta a diario, quien a pesar de las adversidades no se rinde. Su sonrisa, su honestidad y compañerismo la definen en su trabajo. Ella es el reflejo de un país que tuvo sueños, sin embargo, en el algún momento sus caminos se separaron.

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Reina Chacón. Foto propia
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