El feminismo silente de la Vero Gómez

La locutora lleva 14 años en el Circuito Unión Radio

Verónica Gómez

Casi sin quererlo, y debido a una crianza atípica, la estrella de La Mega y figura del stand-up ha hecho de su carrera una reivindicación de género

Juan Sanoja

Al enterarse de que sería padre por tercera vez, Ángel Ramón le rogó a Dios que el bebé que esperaba Ninoska fuese un niño. Tras las dos hermanitas, el señor Gómez, un apasionado por el béisbol, soñaba con un compañerito que lo siguiese para arriba y para abajo en sus tardes de nueve innings. Pero el anhelo se quedó en algo onírico, y el que sería su heredero terminó siendo otra niña: Verónica.

De poco le importó a Ángel Ramón que las niñas debiesen jugar con muñecas, él, que había esperado tanto por su compañero de pelota, convirtió a la nueva integrante de la familia en su amiga fiel: “Fui la última hija de mi papá y fui su última oportunidad de tener un varón, porque somos tres niñas. Entonces mi papá me crio como un varón. Las sorpresas y los regalos que me daba era ir a ver juegos de pelota”, comenta Verónica casi tres décadas después.

Esa particularidad forjó su carácter desde pequeña: la menor de las Gómez no estaría educada para ser coqueta y cariñosa. Es decir, su construcción social como mujer (Simone de Beauvoir dixit), iría en contra de los cánones de femineidad difundidos en occidente. Ángel Ramón no le enseñaría a ser bella, tierna y sumisa –valores culturales de la mujer Venezolana expuestos en Marco matrisocial de las políticas sociales, del sociólogo Samuel Hurtado–, sino que le explicaría qué era un strike o una bola.

“Yo soy más hombre que mis compañeros”, dice Verónica entre risas. Una aseveración que complementa Manuel Silva, comediante con el que comparte todas las mañanas en el exitoso programa radial Calma Pueblo: “Ahí está en las redes sociales el episodio donde yo me meto al baño con ella adentro. La grabo y todo parece indicar que fui yo el que abusó, pero fue Verónica la que me dijo: ‘Vente, voy a hacer pipí”, así, como un pana. La gente en las redes comentaba ‘Qué falta de respeto’, pero la verdad es que ella estaba muerta de la risa, gozándose más que nadie eso”.

Tanto o más que haber sido criada como un niño, influyó en Verónica ser hija de unos marabinos singulares. “Imagínate que yo tengo un tío que se llama Disney. O sea, cuando tú tienes un tío que se llama Disney, la vida te cambia. Tienes como una licencia de maracucha. No hay nada más maracucho que eso. La gente me dice: Verónica, tú eres muy ordinaria. Verónica, tú eres muy niche. Pero van a mi casa y conocen a mi mamá, que es de esas señoras que se levantan y dicen ‘A mamar, que llegó Tío Rico’ y entienden todo”.

Con esa crianza de fondo, Verónica fue desarrollando una habilidad de la que se enteró mucho después que aquellos que la rodeaban. La menor de las Gómez era la payasa de la familia y la que hacía reír en el colegio. La única que no se daba cuenta de su vocación, rememora la locutora, era ella. “Yo metía los paros de que quería estudiar Medicina, Relaciones Industriales o Arte”, recuerda. Finalmente, su destino estaría en la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Santa María.

Fue en esa época, la universitaria, cuando de casualidad desembocó en el lugar que marcaría su crecimiento personal, su desarrollo profesional y, en general, su vida. Verónica, que en ese momento quería ser periodista de sucesos, empezó como productora de Luis Chataing, su padre laboral, en La Mega. “Es durísimo como jefe. Es un tipo bien estricto. De él me quedó involucrarme en todo lo que se hace en mi programa de radio, de estar en contacto con mis productoras, de aplaudir cada vez que hacen algo bien, pero también ser muy dura cuando lo hacen mal”.

En Venezuela, según el informe del Proyecto de Monitoreo Global de Medios (GMMP) 2015 –que es la investigación mundial más amplia y de mayor trayectoria en materia de género– a las mujeres se les sigue representando en los medios de comunicación a través de estereotipos tradicionales de género como ama de casa, símbolo sexual o reina de belleza. Según GMMP, el panorama en 2005, cuando la Vero Gómez daba sus primeros pasos en la radio, era muy similar.

Lo cierto es que, como la primera experiencia en la fuente de sucesos no salió del todo bien –Verónica, tras visitar la morgue de Bello Monte, durmió dos meses en una colchoneta en el cuarto de sus padres–, se fue convenciendo cada vez más de que allí en La Mega estaba su futuro. Y la oportunidad volvió a tocar la puerta: “Un pana, Albert Manrique, me inscribió en un concurso que se estaba haciendo aquí en la radio con el objetivo de darle la oportunidad a alguien de que estuviese no ya en la parte de preparación de programas, sino como locutor de un espacio”. Aquel certamen, La Voz Mega, terminaría con dos ganadores: Iván Mata y Verónica Gómez. Juntos, empezaron a conducir El Ferrari.

A partir de aquel grato debut, comenzaría el meteórico ascenso a la fama para la que hoy en día es, sin lugar a dudas, la voz emblemática de La Mega. Una trayectoria en la que tuvo como influencia a la también locutora Ana María Simón: “Para mí  ella es como una mezcla perfecta, porque es guapa, es hilarante, pero además es una mujer sumamente inteligente y ese es como mi modelo”.

Verónica no sólo tenía a Simón como referencia, sino que su preparación para salir cada día en cabina venía de escuchar programas que tratasen el panorama político de la nación. Práctica que mantiene hoy en día: “Vivimos en un país en el que necesitamos estar informados todo el tiempo y yo estoy escuchando radio siempre. Antes, cuando este no era mi horario, escuchaba a César Miguel, escuchaba a Shirley, me gusta mucho escuchar Éxitos. Soy más de escuchar Éxitos que La Mega”.

En su trayectoria, Gómez afirma haber pasado por todos los horarios. Un camino –diseccionado en el Documental-Tesis “La Mega, memorias y recuerdos de una emisora en Caracas (1988-2011)”– que incluye programas que van desde Zona Escolar hasta Apaga la Tele e involucra compañeros tan diversos como Alex Goncalves o Iván Loscher. Su mente, aunado a su imponente voz, fue su carta de presentación desde el primer momento.

Jara Domínguez, una seguidora del trabajo de Verónica desde hace un lustro, considera que Gómez es una de las representantes femeninas más importantes en el mundo de la radio. “Viene pisando bastante fuerte. Ella es, entre comillas, la seria de Calma Pueblo. Es la que hace los chistes más maduros”.

Para José Rafael Guzmán, comediante y compañero de programa de la afamada locutora, Gómez es la mujer más rápida de la radio venezolana. Lo que la ha mantenido en La Mega durante 14 años, señala Guzmán, es su velocidad mental. Esa que le permite improvisar en cabina–“si no puedes hacerlo, tienes que irte a la televisión, donde todo es leer”– y, por supuesto, hacer reír a la gente.

Fue este último talento el que, después de unos cuántos años en la radio, llamó la atención del comediante y productor de stand-up comedy Bobby Comedia, quien sería su gurú en el arte de pararse en un escenario para sacar carcajadas a un público. “Él es de esas de esas personas que te obligan a creer que tú realmente eres bueno en algo. Muchas veces nosotros nos menospreciamos o no entendemos los talentos que tenemos. Bobby me hizo entender que tenía un talento para hacer comedia, para hacer reír. Que podía ir más allá de la radio”.

Y fue precisamente eso, ir más allá de la radio, lo que comenzó a hacer la Vero Gómez. Ya no sólo echaría chistes en forma de ocurrencias en sus programas radiales, sino que prepararía monólogos e improvisaría en vivo y directo en los diferentes teatros de Caracas. Empezaría a hacer stand-up.

En un reportaje realizado en El Mundo Economía y Negocios en agosto de 2016, titulado Hacer reír: un oficio de gente seria, Fabricio Conde, comediante con 13 años de trayectoria, señala lo siguiente: “El venezolano está acostumbrado al humor de los hombres por tradición. En honor a la verdad, hay una concepción muy machista de lo que es el humor en Venezuela y a las mujeres les cuesta conseguir, incluso, espacios para presentarse”.

En el mismo trabajo periodístico, Emiliano Hernández, escritor de rutinas y sketches para programas como Misión Emilio o Radio Rochela, afirma que una de las claves del humor es tener la capacidad de burlarse de uno mismo y que eso a las mujeres les cuesta un poco. Sin embargo, hay excepciones.

“Es un mundo súper machista. Hay un prejuicio de que nos ven y dicen: ‘Ajá, de qué es lo que va a hablar esta’. Existe un tabú de cuando una mujer se monta en una tarima a hacer comedia”, reflexiona Verónica Gómez, quien, comenta, no tuvo un inicio fácil en el mundo del stand-up.

“Una de las cosas que la ha llevado al estrellato es la forma en la que trata los temas que son tabú para nosotras las mujeres. Ella habla del sexo, ella habla de hacer pipí, de hacer pupú. Ella ha puesto esos temas en la mesa. Ha liderizado. La tildan de ordinaria porque no es común que una mujer hable de ese tipo de cosas”, comenta Adriana Díaz, otra fiel seguidora del trabajo de Gómez, sobre el inicio de la marabina en esa área de entretenimiento.

Para Verónica, es el propio sexo femenino el que ha contribuido en que la cultura machista se mantenga. “Muchas se tapan la boca como ‘¡Mira lo que está diciendo!’ y son chistes sobre cosas que todas hemos hecho. Las mujeres son las primeras que se cohíben”, comenta la locutora, quien ha tenido que lidiar con esas actitudes a lo largo de su todavía incipiente carrera en el mundo de las tarimas. En este segmento de una entrevista para VIVOplay también habla sobre el tema:

Ha batallado y ha triunfado. La Vero guarda como un tesoro en su memoria el día en que hizo su primera presentación en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela, en un Risas Azules. “Hubo un instante en el que tuve que quedarme callada porque los aplausos y las risas no me dejaban seguir y lo único que hice fue cerrar los ojos para disfrutarlo”. No obstante, considera que su mejor momento es el que está viviendo ahorita, cuando realmente se ha encontrado como humorista.

En esta faceta, actualmente, guía Es relativo, un stand-up comedy donde ella es el hilo conductor que une la narrativa de tres comediantes más. En el show, combina rutinas de chistes preparados con lo que mejor sabe hacer: ser ocurrente y conectarse con la gente. La obra que comparte con Nanutria, Ale Otero y Rey Vecchionacce es el segundo éxito del grupo, tras su primera experiencia juntos en Malas Ideas.

Mientras convive entre la radio y el stand-up, Gómez admite estar feliz por el nacimiento de un nuevo proyecto que la sacará de su zona de confort: Calma Pueblo pasará a la televisión, un hecho que acerca a Verónica a convertirse en el que, entre risas, es uno de sus sueños: ser la Ellen DeGeneres venezolana.

En la espera, la Vero Gómez seguirá utilizando la herramienta de trabajo más importante con la que ha contado en estos tres lustros de carrera: su cerebro. Ese que le permitió ganar aquel lejano concurso y convertirse en una de las figuras más importantes de la radiodifusión en Venezuela. Una mujer que, por circunstancias de la vida, ha llevado a cuestas la bandera del feminismo. Aunque la voz sólo la ha alzado para improvisar y hacer reír, su trayectoria es, en sí, una reivindicación de género.

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