Voluntariado en TECHO, una misión cuesta arriba

Cuatro voluntarios de la ONG TECHO Venezuela muestran su trabajo en Turgua, estado Miranda. Las condiciones económicas del país impide que se puedan construir casas, pero el grupo de jóvenes cree en la construcción de un país.

Greisy Marcano

La jornada inicia oficialmente después de que el transporte de Doris Bermúdez descarga a un grupo de voluntarios de TECHO en Turgua, zona rural del municipio El Hatillo en el estado Miranda. La mitad del grupo se queda en el sector La Cruz y la otra mitad en el sector Bajo Seco, comunidades que tienen entre 20 y 30 familias. TECHO es una organización no gubernamental que busca superar la pobreza que viven miles de personas en viviendas informales, a través de la acción conjunta de sus pobladores y jóvenes voluntarios. Esta organización se encuentra presente en Latinoamérica y El Caribe.

Un día antes, los voluntarios (de edades comprendidas entre 18 y 28 años) se han comunicado con algunos de los vecinos para notificarles que ese fin de semana irían a trabajar con ellos. Pero a pesar de la tardía llegada de los muchachos ese día, las comunidades parecen estar arrancando su domingo a las 10 am. Pacientemente, las chicas que se quedaron en La Cruz llaman casa por casa a los vecinos para confirmar y dar inicio a la agenda del día: una actividad con los niños y planificar la reparación del caney en el área de esparcimiento.

Melanie Bonilla y Mariana Souquett recorren los caminos de tierra, subidas y bajadas, que separa cada una de las viviendas de los habitantes de La Cruz.

­─ ¡Buenas! ¡Buenos días! ¿Cómo están? ¿Cómo está todo?─ saludan a los vecinos una vez se encuentran en el frente de sus casas.

cimg1450
Voluntarias de TECHO en La Cruz, Turgua. Foto: Greisy Marcano.

Una charla amena sobre el robo a uno de los vecinos resulta ser el café de los buenos días. De igual forma, Yamileth García también conversa sobre las caraotas que tiene cocinando en ese momento. Hay confianza para hablar de todo un poco, de esa forma Melanie deja colar la convocatoria a las actividades del día. Algo similar sucede con el resto de los vecinos, con los que en ese momento se encontraban en la zona pues no todos se encuentran en casa para el momento.

Por otra parte, Luis Dávila y Yolfran Ramos se encuentran en Bajo Seco, otra comunidad de Turgua. TECHO tiene establecida en Bajo Seco una mesa de trabajo, entre voluntarios y vecinos, para atender la formación de un consejo comunal y un proyecto para capacitaciones en agricultura. A diferencia de La Cruz, que es una comunidad que ha recibido desde 2012 la ayuda de la organización (que anteriormente recibía el nombre de Un Techo Para Mi País), Bajo Seco tiene alrededor de un año planificando proyectos junto a los voluntarios de TECHO.

La organización, en vista de las dificultades que tiene por la aceleración en el incremento de los costos de producción y las dificultades para conseguir algunos de los materiales claves, suspendió en noviembre de 2015 el Programa de Viviendas Transitorias en Venezuela. La ejecución de los programas resulta insostenible, pero los voluntarios, los residentes de Turgua y la misma organización espera que esto sólo sea una medida transitoria. De esta forma, la misión de superar la pobreza por medio del desarrollo comunitario a través de la construcción de viviendas de emergencia en asentamientos precarios queda en pausa hasta nuevo aviso.

cimg1469
Vivienda construida con TECHO. Foto: Greisy Marcano.

Pero hay un lazo que sienten Melanie, Mariana, Luis, Yolfran y otros voluntarios. Se trata de un lazo que los compromete a seguir trabajando por este tipo de comunidades desprovistas de atención en materia de servicios y seguridad habitacional.

Yolfran y Luis trabajan liderando a los vecinos de Bajo Seco para que inicie la ejecución de los proyectos. Mariana y Melanie organizan a los habitantes de La Cruz para planear reparaciones pertinentes a las construcciones que TECHO ha hecho en la zona.

─ Los palos ya no aguantan más ─dice Rafael Castro en referencia a los pilotes de las viviendas de TECHO─ ya solo les queda el corazoncito de lo gastados que están, ¡ya van pa’ cinco años!

Rafael Castro, Yamileth García, María Morales y Yamileth Martínez plantean a las voluntarias los casos de viviendas con más riesgo de perecer ante la falta de mantenimiento. Mientras enumeran cada una de las casas y las familias que las habitan, los niños de la zona están reunidos a la vista de los adultos: gritan, corren, y planean escapar por el portón.

─ ¡Cuidao! No, no, no, no… ─dice Fabricia, madre de Yamileth Martínez─ cuidao y me echa a perder el portoncito ese… ¡No, mijo!

─ ¡El poltón! ─dice Fran, un niño de dos años, mientras ve cómo la Fabricia cierra el portón.

La reunión sirve para concretar una nueva visita, por parte de los voluntarios, en 15 días. Es la dinámica para no desgastar a los voluntarios o a los vecinos, pues el número de participantes de ambas partes no es constante. Luis Dávila, quien además de voluntario es Director de Administración y Finanzas de TECHO Venezuela, considera que el progreso de los proyectos es lento.

En marzo de 2015 se realizó el último levantamiento de información en terreno, un catastro: una Encuesta a Líderes Comunitarios y una Encuesta de Caracterización de Hogares, para generar un informe que reflejara la realidad que se vive en las comunidades. A partir de la recolección de la data del catastro, en el cual trabajaron tanto Luis como Yolfran, se instaura la mesa de trabajo de Bajo Seco en noviembre de 2015.

─ Trabajar en comunidad no es fácil ─asegura Luis.

─ El progreso es lento pero seguro ─dice Yolfran─ Al comienzo la gente no confiaba. Eso vino poco a poco porque creen que eres otro grupo más que sólo va a prometerles cosas. Pero, como nos ven constantemente, ya confían en nosotros.

Los muchachos que realizan éste voluntariado sienten que, debido a su trabajo, los aprecian como personas y como organización. Además, el hecho de que los vecinos de Turgua los reciban con una sonrisa y la disposición a trabajar hace que los voluntarios se sientan motivados a seguir trabajando a pesar de las adversidades.

Turgua, con casas de madera (las realizadas por TECHO),  de ladrillo desnudo y techo de zinc, y otras totalmente hechas con láminas de zinc; algunas con piso de tierra, otras de cemento pulido; algunas con tanque como reserva de agua, otras sólo con tobos… Aloja comunidades rurales que, desde la mirada de los voluntarios, muestran buena actitud y disposición para trabajar por sus espacios. Los muchachos consideran que la gente es “echada pa’lante aún en el contexto de una Venezuela cuesta arriba”, son personas que muestran ganas de crecer y progresar sin dejar de ser honestos.

Sin embargo, las dificultades se hacen reales. Sólo tres familias se reunieron en La Cruz, con Mariana y Melanie, a discutir sobre las reparaciones (Rafael y Yamileth Martínez son un matrimonio). En Bajo Seco, son sólo dos las familias reunidas en la mesa de trabajo junto a Luis y Yolfran. A esto se suma la carencia económica que debe sobrellevar la organización, TECHO, así como déficit de capital humano.

A pesar de eso, todos los voluntarios se muestran optimistas: “no es la cantidad sino la calidad”.

─ Sí, las deficiencias merman el trabajo, pero los voluntarios con los cuales cuenta la organización somos muy comprometidos─comenta Yolfran, la jornada ha finalizado y el grupo está de regreso a Plaza Venezuela en el transporte de la señora Doris.

─ Además la disponibilidad de la gente es buena. No son todos, pero los que están son constantes ─agrega Melanie.

La jornada de ese domingo 23 de octubre no culmina en las comunidades. Desde Turgua hasta edificio de La Previsora en Plaza Venezuela se recorren 40 km de distancia, de los cuales 15 Km entre Turgua y Oripoto muestran imponentes paisajes montañosos del estado Miranda.

ruta
Google Maps

─ Cuando regresamos mucho más tarde, cuando es pleno atardecer, las montañas se ven como doradas por el reflejo del sol. Es hermoso ­─menciona Mariana.

A pesar de que ese día el trabajo culminó poco antes de las 2 pm, es inevitable que los muchachos contemplen la vista de las montañas que encierran las comunidades rurales. El ambiente natural y tranquilo resulta ser otro gancho que ata voluntarios a Turgua. Ahora bien, no es lo único ni lo principal.

 ─ El impacto parece poco, pero genera felicidad y emoción. Es un granito de arena que se le aporta a un pequeño grupo de familias. Es empoderarlos ─dice Yolfran a manera de reflexión.

─ Yo hago esta clase de tarea porque entiendo que no todas las personas tienen las mismas oportunidades, ni viven en las mismas condiciones. Es querer servir, pero trabajando en terreno, directamente con la gente ─indica Melanie.

─ Y cuanto más estás, más te conectas. Terminas agarrándole cariño a la comunidad. Además de que sientes que, en medio de todo lo malo que sucede, estás dando un aporte para construir el país que sueñas ─agrega Mariana.

─ Esto genera mucha satisfacción, aunque el trabajo sea cuesta arriba ─explica Luis─ Trabajas con gente que, aún sin la preparación suficiente, están dispuestos a ayudar y asumir responsabilidades. En ocasiones también se siente algo de frustración, eres testigo de necesidades que escapan de las manos de nosotros y de TECHO. Hay cosas, como la crisis alimentaria, que son vividas de manera distinta por la comunidad rural. Esas cosas te sensibilizan, te hacen comprender la crisis desde la vivencia de los más pobres. Pero, entendiendo que lo nuestro es una labor a largo plazo, se pueden trabajar los problemas estructurales de la comunidad.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s