Toma Papá retrato de un periodista cineasta

Carlos Mauricio Ramírez Inostroza dice la cédula, pero la gente lo conoce como Toma Papá. Su infancia, como la de muchos venezolanos, giró en torno a los deportes, pero su sueño siempre fue ser cineasta. Él nunca se imaginó como periodista. Y aunque la vida y sus vueltas inesperadas lo llevaron a estudiar en la Universidad Central de Venezuela o a  pisar un estudio de radio –con su empeño por el cine aún presente–, fueron esos lugares los que marcaron la historia que hoy sigue escribiendo.

Comenzó su carrera, Comunicación Social, “siempre pensando en ser cineasta”. Sin embargo, mientras cursaba el quinto semestre se le presentó la oportunidad de hacer radio: “Un día hicieron una feria de carros antiguos en la UNIMET. Fui con mi papá y nos topamos con, Asdrúbal Fuenmayor, un amigo de él. Este era dueño de una emisora y pregunta que si yo quería hacer radio”. Carlos Mauricio no aceptó. Su amor por la gran pantalla aún lo retenía.

A los 20 años, este caraqueño, nunca se había planteado el deporte como carrera. Situación que estaba por llegar a su fecha de caducidad. La vida le daría otra oportunidad. Los deportes, sin buscarlo, volverían a tocar su puerta. Esta vez no los rechazó. “Me llamaron y me dijeron que era Radio Deporte. Siempre la escuchaba en la universidad. Te lo juro, un bombillo me alumbró en la cabeza; y el primero de octubre del 2002 pisé la radio y recuerdo todo hasta el olor de la emisora. Allí se armó un rompecabezas en mi cerebro”, expresó, antes de entrar a cabina y hacer su programa radial Sports Bar con Henrique Lazo.

Desde aquel día, no paró. Consiguió una pasión adicional al cine y se dedicó en cuerpo y alma al deporte. Dejó, por un tiempo, los amoríos por los filmes y las cámaras para realizar su mejor dirección y/o actuación en radio y televisión. “Cuando comencé, dije: ‘algún día retomo el cine’, pero ya luego no quería parar. Dejaba de ir a fiestas y de tener novias por los programas”, argumentó.

Nació el Toma Papá

Posteriormente, la vida le tendría otra sorpresa –como si no estuviera conforme con cambiarle la profesión–: el Mundial de fútbol Alemania 2006. Por primera vez palpaba un evento de tanta prominencia. Le tocó ser el relator del encuentro de la inauguración entre Alemania y Costa Rica. Allí nació. Sí en su debut. Sorprendió a propios y extraños con una frase particular.  Ahí fue cuando sonó en las cabinas de Unión Radio el Toma Papá.

Carlos Mauricio admitió que más que una frase, lo que estaba buscando era diferenciar el grito de gol del resto de la gente. Y algo distinto le salió.

—Un día antes estaba jugando futbolito. Hice un gran gol y grité toma papá —explicó—. En el momento no lo pensé. Después, en la noche, me metí a bañar. Lo pensé y me gustó. Porque era como un reto coloquial, pero no obsceno. Me decidí y al día siguiente lo probé y a la gente le gustó.

A los tres o cuatro días de haber proliferado su “toma papá” ya la gente lo cantaba en las calles: “Henrique Lazo llegó a mí y me dijo que había escuchado a dos niños jugando futbolito que imitaban el grito de gol”, soltó. Carlos Mauricio no diseñó su primer guión de cine –porque la vida lo llevó al fútbol–, pero, como en una película misma, se agarró de un acontecimiento cotidiano para hilvanar una idea que esculpió y estableció como su grito de guerra.

Los grandes eventos

La reputación se la dio el fútbol y su grito peculiar, eso es indiscutible. Y de allí en adelante el monte se convirtió en orégano. Su primer partido lo narró con 23 años: Venezuela contra Bolivia de un mundialito sub-15 que se jugó en el Brígido Iriarte, para Radio Fe y Alegría.

Cuando se le preguntó sobre sus mejores momentos no titubeó. No olvida la clasificación de Venezuela al Mundial Sub-20 en 2009, que narró –y lloró– en Sport Plus: “¡Vamos al mundial! ¡Vamos al Mundial! ¡Venezuela va al Mundial, Dios mío! Venezuela es mundialista. Nos vamos a Egipto. El partido de la historia. El partido del ya no más. El partido del hasta aquí llegó. Vamos para Egipto. Compren su boleto. ¡Señores, mañana es día de asueto! ¡Mañana no trabaja nadie, porque Venezuela por primera vez está en la Copa del Mundo!”.

Por otro lado, también recuerda con emoción, aquel gol de cabeza de Grenddy Perozo en la Copa América 2010 para empatar a tres con Paraguay en el minuto 93: “Esto es córner. Y si lo empatamos aquí, la Alfredo Sadel y todo el país se vuelve loco. Apúntenle a Vizcarrondo, a Perozo, hasta a Renny. A ver ésta. Arango. Un buen centro. Ahí estáaaaaa: ¡Tomaaaa Papáaaaaaa! Yo creo que es el gol que todo narrador sueña. Porque es de tu país, así lo narró para Revista Ojo.

Carlos Mauricio no fue bautizado –no por una religión– pero sí por el mundo deportivo. “Hay veces que me ven en la calle y no se acuerdan de mi nombre –reconoció–. Sólo escucho: ‘¡Toma Papá!’,‘¡Toma Papá!’”

Creció en el seno de una familia agnóstica y católica. Una mezcla inusual que dio forma a su manera particular de creer en Dios: “No creo en la iglesia como institución. Mis padres dejaron que nosotros decidiéramos”. Sin embargo, cree en la divina pastora quizá porque vivió un tiempo en Barquisimeto y allí se fomentó su devoción.

—Ya va, chamo —exclamó y paró la entrevista— Es que ya vamos al aire, dijo, cuando, justamente, quedamos en hablar sobre sus posturas periodísticas. Para él, quien no cree en la objetividad, el comunicador que no asuma que siente fanatismo está ocultando algo. Según él, no tiene sentido ocultar lo que uno cree o profesa siempre y cuando te mantengas imparcial frente a los micrófonos. Su teoría se pudo comprobar de ipso facto –mientras hacia el programa–, pues, llevaba puesta una camiseta del Fútbol Club Barcelona y asomaba una posible caída del conjunto azulgrana aun cuando es el equipo de sus amores.

Buscando nuevos retos

A sus treinta y tres años, Carlos Mauricio no puede estar quieto en su silla. Zarandea  las piernas –como con ansiedad–, gesticula y mueve las manos con elocuencia como si fuera característica sine qua non para contar sus ideas. Precisamente, esa inquietud hoy lo motiva a buscar otros horizontes, más allá de la situación país: “Quiero rodearme de otro ambiente y, sobre todo, hacer algo distinto en un medio fuera del país. Siento la necesidad de hacer eventos in situ; no es lo mismo cubrir una guerra en el sitio, así sea más peligroso, que a través de unos monitores”, manifestó. Además, agregando que hay muchos detalles que no ves si no estás en el sitio y que lamentablemente los deportes que más le apasionan no están en Venezuela.

Muchos logros rodean la carrera del relentless Carlos Mauricio –como él mismo se cataloga–: “Quizá su traducción es un poco fuerte, pero en inglés esa palabra está ligada con siempre ir más allá y no ponerte trabas para ser lo que desees”. Su vida, al igual que su canto de gol, pareciera no detenerse. Por ello, no deja de enumerar la cantidad de objetivos que aún quiere lograr, alegando que las personas se dejan encasillar en una sola cosa y eso no les permite realizar otras más. Hay que hacer lo te hace feliz: “Arturo Uslar Pietri era polímata. Dave Grohl –uno de sus grandes ídolos– fue baterista de Nirvana, guitarrista de Foo Fighters y, también, su vocalista. Es decir, si yo quiero ser mañana cantante lo haré. Si él pudo, ¿por qué yo no? Cada quien debe arriesgarse por lo que quiere”, agregó.

Hoy, cuando han pasado casi tres lustros son muchas las historias que, el periodista y narrador deportivo, ha vivido y varias las personas con las que ha compartido. Cuando se le ocurrió relatar el gol, como Toma Papá, su gran amigo Henrique Lazo estaba presente: “Cuando él cantó su primer gol, de esa manera, fue en Alemania 2006. Todos nos vimos las caras. Lo recuerdo con alegría porque esa frase conjuntamente con la de Lázaro Candal son de las más importantes del fútbol en Venezuela”.

Cuando te acercas al medio, la primera impresión que recibes de Carlos Mauricio es bastante controversial: “Toma Papá es agrandado y arrogante” –se escucha en cuentos de pasillo–; sin embargo,  su compañera de trabajo Alexandra Cuevas Alliegro, periodista deportiva, lo define como una persona con la cual puede contar en las buenas y en las malas. “Es una persona admirable a nivel personal y profesional. En el deporte maneja todos los temas. La palabra para describirlo es completo”, aseveró. Las personas que han trabajo con él también desmotan cualquier prejuicio: “Es exigente, pero porque siempre quiere hacer las cosas bien. He aprendido mucho de él y eso ha sido importante para mí como profesional”, esgrimió Jose Antonio Rodríguez, productor de Unión Radio.

Carlos Mauricio, mientras hace su programa, muestra el porqué todavía quiere ser cineasta y hasta actor de cine: quiere, incluso, empezar a prepararse para ello. En cabina, el caraqueño con corazón barquisimetano –vivió muchos años en suelo crepuscular–, personifica su sueño. Conduce, como un mismísimo director cinematográfico, a su rebaño. Llegó a la  UCV buscando, en Comunicación Social, una base para irse a la pantalla grande y salió dirigiendo programas de radio y televisión con el carisma y la jocosidad que tanto lo caracterizan.

—¡Esto fue Sports Bar por La Mega junto al Sensei Henrique Lazo! –así despidió su  programa con un tono de voz alto, seductor y contundente– Con un pie más en el exterior que en su país, no sería extraño saber, algún día, sobre un periodista venezolano que ahora se dedica al cine.

 

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