Las Cenicientas laboran en los centros comerciales

La actividad de limpieza, a pesar de su relevancia, es un oficio de invisibilidad social por ser tomada como una tarea feminizada, auxiliar, y que interfiere con el dinamismo normal de las empresas y servicioslimpieza
Por Linamar Nadaf
Érase una vez una mujer entre las 80.000 personas que transitan al día en el centro comercial El Recreo, aprovecha el fin de semana y saca a pasear a sus hijos. Se sienta en una de las mesas de la feria de comidas, compra un helado y, por causas que solo lo explica la ley de la gravedad, el helado termina chorreando y goteando toda la mesa: “¡Típico!”, dice la mayoría. Como si nada hubiese pasado, se levanta, deja lo que queda del helado en la mesa, junto a servilletas, y sigue su camino. Para la mayoría la historia termina allí, sin embargo, para Andri Rivas el relato apenas comienza.
En cuestión de segundos, y de forma casi imperceptible para el público, un hombre camina rápidamente hacia el lugar, limpia los residuos del helado con una toallita y vinagre-por falta de detergentes-. La mesa queda como si nada hubiese pasado. Esta es una de las situaciones más comunes que se le presenta todos los días al joven Ribas. En sus tres primeros meses de trabajo como parte de los 12  personales de limpieza en la feria de comidas del centro comercial El Recreo.
Él, de los que muchos ignoran, “los invisibles”, caminan de arriba a abajo, de un lado al otro seis horas continuas, las veces que sean necesarias para que el Centro Comercial El Recreo no tenga ni un solo papel en el piso, para que los pasillos siempre estén limpios y los baños relucientes.
La invisibilidad ocurre por la conjunción de varios elementos sociales. “La limpieza es vista como una prolongación de la actividad  doméstica.  Una  tarea  que  tradicionalmente  desempeñan  las  mujeres conlleva a que se perciba como una actividad común, poco o nada cualificada; además es auxiliar porque a pesar de ser un gasto ineludible, no forma parte del núcleo central de las actividades de empresas y servicios públicos”, concluye el sociólogo Alejandro Godino, en un análisis realizado sobre  la calidad del empleo en el sector de limpieza, desde la Universidad Autónoma de Barcelona.
La rutina siempre es la misma: llego a las 7:00am, firmamos la asistencia.  Tres  horas después el lugar es abierto al público,  pero antes hacemos limpieza profunda y empieza la tarea maratónica de arreglar todo el desastre del día anterior. Bajamos todas las sillas -alrededor de 750-, pulimos el piso y luego las ponemos otra vez. En el área de la feria se toman  tres o cuatro personas. La limpieza de cada una de las sillas se le asigna solo a una. Somos en total 9 en el área, confiesa Ribas.
La supervisora dice por el radio la frase de costumbre, “Queda preparada la feria, entrada de usuarios”, para cuando abre a las 12:00am. La gente entra y mira de reojo las vitrinas, obvian la limpieza con la que cuentan los pasillos y el olor a pinolin que siempre es característico de los baños.  Mientras, se debe mantener las áreas. “Trabajo hasta las 4:00pm. Luego dejamos todas las herramientas de aseo en su lugar”, relata. El Bibbidi-Bobbidi-Boo llega y su jornada termina por hoy.

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Al norte de Caracas,  trajinan cenicientas en el C.c Galerías Ávila, pero en esta historia los usuarios del centro comercial no buscan calzar en las zapatillas de Marelbis Rodriguez, ni los visitantes ni la compañía de limpieza Brillo Servicio del cual fue contratada.
A diferencia de Andri, Marelbis tiene tres años trabajando en aseos para el Cc Galerías Ávila y señala que los presionan mucho. En su tiempo de experiencia en el lugar, tres empresas de limpieza han dejado de prestar servicios y en un año se ha reducido de 16 a solo cinco en el personal de aseo.
“Hasta hace dos meses trabajaba en el Cc Galerías Ávila. A nosotros nos botaron. Y no supimos con anticipación. Fuimos un día a trabajar normal y nos enteramos ese día. No solo fue mi caso. Más de 50  del personal de limpieza fue despedido”, confiesa Rodriguez.
El despido masivo  puede ser suspendido en resolución especial por el Ministerio del Poder Popular. La Ley Orgánica del Trabajo (LOT) ampara el despido masivo en el Artículo 95, cuando afecte a diez trabajadores de una entidad de trabajo que tenga menos de cincuenta personas.
Pero la postura de Marelbis al igual que sus compañeros es de resignación. “Si uno va al ministerio del trabajo es perder el tiempo. Lo vacilan. No vale la pena ni de intentar denunciar”, manifiesta.
 
Paciencia, es la ganancia de este trabajo. Suspira y se ríe mientras dice que se ve de todo. A veces se le salen groserías a la gente que circula en mi lugar de trabajo. Yo ya no les tomo atención. Les digo vaya y quéjese en coordinación. Uno no tiene la culpa. Se molestan porque estamos siempre en el baño, que si no tenemos más nada que hacer. Las muchachas, mis compañeras, se ponen a pelear con el público pero yo no discuto con ellos. Aunque llegamos a recibir charlas de cómo atender el público.
Como capacitadora en una empresa de limpieza, Hilayali Valera concluye sus experiencias. “El principio tradicionalista, ‘El cliente siempre tiene la razó’, acentúa la subestimación porque da a entender que todo está primero que su trabajo porque es su cliente”.
Valera, quien también es especialista en Relaciones Públicas enfatiza en que su trabajo es importante y debe ser valorado por ellos mismos, pues transmiten al ambiente una mejor calidad, mejor higiene, confort y orden. “Por ejemplo, cuando los baños se están limpiando y un usuario tiene la necesidad de entrar al lugar, el cliente tiene la prioridad en el uso y automáticamente el personal de limpieza tiene que ceder”.

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Lo más desagradable es cuando no terminas de limpiar y pasan por encima de tu lugar de trabajo en ese momento. Hay gente que no tiene conciencia, pero bueno, poco a poco me voy acostumbrando. Ha sido un cambio radical, por la cantidad del público con que manejo. Eso sí, lo que no me gusta es limpiar la basura, señala Ribas.
Los días más pesados son los domingos, quincenas y fechas festivas como el día del niño. Casi toda la feria llena de helado chorreado y refresco en el piso. Pero bueno, lo más sencillo es limpiar piso, confiesa.
Por su parte, Marelbis Rodríguez desde el C.c Galerías Ávila  cuenta como el baño le da grima. Carmen Gil, ama de casa y con un hijo, transita por el baño donde a Marelbis le toca asear. Sale del cubículo y se queja porque no hay papel. “No entiendo para que está el personal de limpieza si igual no mantienen”, dice agitada, mientras sale del baño con su bebé. Minutos más tarde, justo el cubículo de Gil, deja de funcionar. Una toallita húmeda de bebé ha tapado la pocetas. Marelbis voltea los ojos, respira profundo, cierra el cubículo y empieza a destapar.
Durante sus tres años de experiencia en aseos, con 54 años de edad, varios han sido los días de reposo que ha tenido que pedir por intensos dolores musculares en la muñeca, luego de una larga jornada con el trapeado del piso.
Así como Marelbis, muchos que realizan este oficio con tareas repetitivas, la muñeca encorvada o por uso de herramientas vibratorias padecen el síndrome del túnel carpiano. Hormigueos, dolor e inflamación en dedos y manos son algunos de los síntomas.

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La ocupación de limpiadora no estaba expresamente incluida en la enumeración de actividades capaces de producir esta enfermedad profesional, hasta que luego de infinidades de sentencias, El Instituto Nacional de Prevención, Salud y Seguridad Laborales (Inpsasel), en el 2010, incluye este oficio dentro de la tipificación enfermedad Profesional.

“Las personas que realizan este oficio deben estar consciente de su roll, y reconocer  las incidencias en la productividad que tienen en el lugar de servicio. Las empresas dentro de los principios organizacionales deben tener en cuenta que el personal de servicio de limpieza también transmite imagen y esta imagen es parte del orden y calidad del lugar” concluye Hilayali Valera, quién también es profesora y jefa de catedra Relaciones Públicas en la UCV.
Mientras tanto, nadie se da cuenta de la belleza de cenicienta hasta que se hace sentir por su ausencia. Dos horas después, vuelven lo cubículos cerrados por obstrucción, espejos chispeados, piso sucio y basuras llenas, y así vuelve a comenzar la historia de Andri Ribas y Marelbis Rodriguez.
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