El barrio detrás del balón

Tres jóvenes buscan llegar a las canchas de fútbol de manera profesional mientras ruedan la pelota en las angostas calles del 23 de enero. El oeste de la ciudad tiene en su haber a la generación Vinotinto de relevo

Por: Andrea Gallegos

El sol se refleja en el último piso del bloque 13 de la parroquia 23 de Enero en Caracas. Detrás del edificio hay una cancha, cuyas paredes parecieran estar cambiando de piel, como cuando un águila muda su plumaje. Unas arquerías que apenas cuentan con unos delgados tubos blancos, no tienen mallas y se les nota cómo el paso de los años ha oxidado el metal.

 “Coye, mano, pásamela a mí”, es lo que se escucha decir al fondo a uno de los tres jóvenes que se reúnen por las tardes a jugar fútbol. Yeison, José y Luís son futbolistas apasionados que aspiran defender en las canchas, profesionalmente, el tricolor nacional.

La zona es conocida por ser alguna de las tantas “zonas rojas” de la ciudad. Pero detrás de esa fachada de delincuencia y peligro, por sus calles un balón se cruza cada segundo.

 “Una de las partes más futbolísticas de Caracas es el 23 de Enero. Luego de 20 años como formador de jóvenes, puedo asegurar que en este barrio lo que sobra es material para trabajar”, dijo Rubén Parra, entrenador de la escuela de fútbol menor San Bernardino en una entrevista para el Correo del Orinoco en octubre de 2013.

El oeste de Caracas acuno, por gran parte de sus vidas, a jugadores de nuestra selección nacional como Roberto Rosales, Salomón Rondón y Alejandro “El Lobo” Guerra, por nombrar algunos.

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Salomón Rondón. Foto: El Universal
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Alejandro “El Lobo” Guerra. Foto: Diario Contraste

Estos futbolistas son ahora un ejemplo para los jóvenes que hacen vida en ese sector de la ciudad. Yeison Rondón tiene 19 años de edad, vive en el bloque 31 del 23 de enero y se desempeña como delantero en la categoría sub 20 de la UCV FC. Parte de su vida la pasó junto a Rosales en dicho edificio. “El fútbol es una rama fuerte que la mayoría quiere seguir en el sector”, aseguró.

 Yeison tuvo sus comienzos en las canchas del bloque donde vive. Para él los jugadores que salen del 23 de Enero “tienen una chispa que los representa.”

“Se caracterizan por ser como, dice mi entrenador, habilidosos”, agrega mientras calentaba y competía con sus compañeros en el “piru”, un juego en el que se colocan en circulo y se van lanzando el balón.

En cuestión de segundos inicia el partido. Cerca de una de las arquerías se escucha un impacto tan fuerte como el estruendo de un trueno al caer y un grito que dice entre risas: “Roca, otro empujón así y me fracturas la mano”.

José Roas, “La Roca”, como lo conocen en el sector, vive en el bloque 13, tiene 20 años de edad y milita como mediocampista en las filiales de la UCV FC.

Roas piensa que no hay que ser del 23 de enero para tener un estilo que te diferencie al salir a la cancha, pero sí sabe que los que vienen de zonas populares tienen una motivación mayor al jugar: “Tengo varios compañeros que provienen de otros sectores de la ciudad que son muy buenos”.

El comentario del joven, por lo menos durante el encuentro, parecía ser acertado gracias a las buenas jugadas que hacía su compañero Luis Brochero, quien se crió en el sector Carpintero en Petare. Tiene 18 años de edad y es delantero en la categoría sub 18 de la UCV FC. Desde el momento en que nació supo que lo suyo era clavar balones entre los tres palos.

“Por donde vivo lo que más predomina es el baloncesto, pero yo siempre sentí una afición por practicar fútbol gracias a mi papá y mis hermanos”, dice Luís.

 

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José Roas, Luis Brochero y Yeison Rondón. Foto: Williams Marrero

Del barrio a la grama

Muchos son los jugadores que dieron sus primeras patadas mientras crecían en las barriadas de Caracas. El lateral derecho de la selección nacional, Roberto Rosales, Alejandro Guerra, actual jugador de Atlético Nacional de Colombia, Wilkinson Rivas, quien milita para UCV FC, y el conocido delantero vinotinto Salomón Rondón, quien juega actualmente en Inglaterra, son algunos de los que destacan.

Todos ellos lograron su pase a un equipo profesional y son una referencia e inspiración para José, Yeison y Luís, quienes comparten el recuerdo de haber pateado su primer balón en la zona donde se criaron.

Yeison se inició a los ocho años. Primero practicó béisbol pero nunca dudó que lo suyo era manejar la pelota con los pies. Durante un corto descanso, en unas bancas descuidadas y oxidadas, el delantero dice que comenzó a jugar junto a los muchachos del bloque donde creció. “Allá el fútbol es como una pasión fuerte. Ahí fue donde nació Rosales, un gran jugador al que la mayoría quiere seguirle los pasos”.

José Roas descubrió su pasión por este deporte durante una visita a su familia en Barquisimeto, estado Lara. “Jugué con unos primos durante ese viaje y ahí fue cuando supe lo mucho que me gustaba”.

El reloj casi marcaba las cuatro de la tarde, la hora en que “La Roca”, como lo conocen en su bloque, debía ir a buscar a su mamá al trabajo. A pesar del apuro, aprovechó para hacer referencia a Roberto Rosales y “El Lobo” Guerra. Para él son ejemplo de que sí se puede cosechar éxitos a través del fútbol:”Si ellos pudieron salir del barrio, nosotros también podemos hacerlo”.

En cambio, la historia de Luis Brochero refleja que todo inició gracias a sus hermanos mayores, quienes lo llevaron a su primera práctica a los cuatro años de edad. Su hermana mayor, Yanelin Brochero, afirmó que su gusto por el balompié viene de familia y aunque ha practicado otros deportes, siempre se inclinó por el fútbol.

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Roas, Brochero y Rondón jugando en la cancha del bloque 13 del 23 de Enero. Foto: Williams Marrero

La familia, un apoyo fundamental

 Un apoyo incondicional por parte de sus familiares y amigos es algo con lo que cuentan estos tres jugadores de la UCV FC. Peggy González, mamá de Yeison Rondón, destacó que en su familia, y sobre todo su hijo, han pasado por momentos difíciles y aún así él siempre está dispuesto para su juego: “Es un honor y orgullo lo que ha logrado en el fútbol”

“Al igual que en otros deportes, en el fútbol, la familia es un pilar fundamental. Son quienes los ayudan y acompañan a vencer cada obstáculo, a celebrar los triunfos y secan sus lágrimas luego de una derrota. Pero lo más importante es que siempre creen en ellos”, dice Luis García Olivo, periodista deportivo en una entrevista para la página Esto es noticia en agosto de este año.

Aunque ellos no son los que reciben las luces de los reflectores, siempre están ahí para los jugadores. Sin importar que el momento sea bueno o malo, tratarán de dar el mayor apoyo posible.

En el rostro de la hermana mayor de Brochero se puede ver cómo se plasma una gran sonrisa cada vez que Luís sale a la cancha, y no duda en gritar de manera eufórica si él consigue hacer un gol. “Somos los menores y por eso compartimos más. Su familia siempre estará ahí para apoyarlo en cada decisión que tome”, asegura.

José Roas no solo tiene el apoyo que sus padres le brindan. También cuenta con sus amigos más cercanos en cada juego. Andrés Martínez lo conoce desde hace ocho años y sabe lo estricto que es cuando de su entrenamiento se trata: “Siempre que tiene juego procura comer bien y acostarse temprano. No todos sus amigos lo apoyan pero los más incondicionales siempre estamos ahí con él”.

No queda duda de que el cariño y apoyo de los familiares de Yeison, Luís y José va más allá de los 90 minutos que dura un partido. También les ha servido como base para mantenerse durante los años que llevan de vida.

 

 

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Un sueño color vinotinto

“Estos son los míos. Crecimos en Catia compartiendo los mismos sueños. Orgulloso de haber llegado juntos hasta aquí”, fue lo que escribió Salomón Rondón como título de una foto en la red social instagram junto a Guerra, Rosales, Alexander González y Wuilker Fariñez.

  José, Luís y Yeison comparten el mismo sueño que un día estos jugadores tuvieron: vestir la camisa de la selección nacional. Así como lo han hecho ellos, esperan tener la oportunidad de escuchar el “Gloria al bravo pueblo” siendo parte de la Vinotinto.

Rondón, delantero de la filial sub 20, saca de su bolso un par de zapatos los cuales atesora ya que son un regalo de su compañero de la zona, Roberto Rosales: “Lo conozco y sé que pasó mucho trabajo para llegar a donde está. Es mi jugador a seguir”.

José Roas se inspira en la historia de Alejandro “El Lobo” Guerra. Espera que como él, pueda prosperar con el fútbol al punto de lograr independencia económica y poder retribuirle algo al sector que lo vio nacer.

Para Luis Brochero su modelo a seguir es el oriundo del estado Carabobo, Josef Martínez, ya que comparten la misma posición en la cancha y le gusta su estilo al jugar. Su mayor deseo es sudar la camiseta de la selección y si se da la oportunidad, hacerle un pase a Neymar, jugador de fútbol brasileño, en el Barcelona.

Para su entrenador, Miguel Ángel Ariza, crecer en zonas populares y ser de origen humilde hace que los jugadores se forjen un carácter más competitivo y busquen esforzarse a un nivel mayor: “El día a día en estos lugares hace que la persona tenga más ganas de progresar en el fútbol y en la vida”.

Antes de que el sol se esconda y sea hora de partir a casa, Yeison, José y Luís apuestan por una última jugada. Una tan buena que era imposible que no terminara encajando entre los tres palos que custodiaba el arquero. Ese día terminó para ellos, pero sus esperanzas de ser algún día jugadores profesionales se mantendrán en el paso del tiempo.

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