Contra viento y marea: asociaciones civiles navegan la tormentosa realidad de Venezuela

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Junta Directiva y voluntarios de la Asociación Venezolano Americana de Amistad

Las organizaciones de sociedad civil en Venezuela trabajan para mejorar al país en distintas áreas y lo hacen a pesar de los recursos escasos, de la inflación, las trabas legales y el desinterés general.  

Por Mariano Puigvert

El reloj de madera pulida y manecillas doradas del lobby dan las 7 pm. Como si de la guardia real se tratara, siete miembros del personal del Hotel Marriot de Caracas se alinean justo al lado de la puerta de cristal para recibir a los invitados del gran evento de la noche. Entran los representantes de la Organización de Naciones Unidas (ONU) en Venezuela y son conducidos rumbo al Salón Principal. Ahí se organizan en fila, justo frente a la entrada del salón. Pasarán la próxima hora estrechando la mano de cada invitado que arribe al evento.

Las Naciones Unidas cumplen 71 años y una treintena de asociaciones civiles, cinco universidades y todos los programas adscritos a la organización están invitados a la gala que celebra el aniversario. La coordinadora de Alianzas y Convenios de la ONU en Venezuela, Andrea Figueira, afirma que también está invitado un representante del gobierno de Venezuela, pero más tarde excusa su ausencia en su discurso.

Las que no faltan son las asociaciones civiles, o como les dicen también: organizaciones no- gubernamentales (ONG’s). Aliadas en Cadena, Sin Mordaza, fundaciones universitarias, todas se han encargado de enviar a por lo menos un representante. ¿El motivo? La ONU está muy vinculada a estas organizaciones sin fines de lucro que desarrollan actividades en Venezuela. Sus programas tienden a trabajar con ellas y el apoyo de la más antigua organización internacional del mundo es invaluable para las asociaciones, que luchan por subsistir en un país con una difícil situación económica y un todavía más complicado panorama político.

Las complicaciones… son el tema principal del evento. Luego de que el Coordinador Regional de las Naciones Unidas realiza un breve discurso con un español machucado al mejor estilo gringo; se monta un grupo musical llamado Ensamble Rústico y todos los invitados comienzan a entablar conversación. “He tenido problemas para procesar esta donación”, “cada vez se hace más difícil conseguir espacios para las actividades”, “la inseguridad no permite que vayamos a las comunidades como antes”… Escasez, inflación, inseguridad, problemas por donde se vea. Eso es lo que comentan los invitados mientras toman vino, luciendo trajes que probablemente sacan contadas veces en el año y en los cuales ellos mismos no se sienten cómodos. Esencialmente, ese es el problema: las asociaciones civiles no se sienten cómodas en Venezuela.

Trabajando por un sueño

Karhil Canelones y Mauricio Durán no se conocen. Ella es una dama, pasa de los 50 con clase y soltura. Él es un chamo, no pasa de los 25. Pero ambos dedican buena parte de sus vidas a asociaciones civiles: ella a la Asociación Venezolana de Amistad y el a Un Mundo Sin Mordaza.

Karhil se levanta todos los días a las 5:30 am. Hace una leve secuencia de estiramientos, desayuna y está lista para trabajar en su oficina de Chacao a los 7:00 am. Pasa toda su mañana atendiendo su firma de recursos humanos. La tarde es la puerta a una aventura, pues esta señora de cabello platinado y sonrisa vivaz, dedica sus tardes a la Asociación Venezolano Americana de Amistad (AVAA), una asociación civil que en sus palabras, se enfoca en “promover la educación en jóvenes de alto potencial y escasos recursos”. Con esto, la Sra. Canelones sintetiza la labor de la organización, que se dedica a ofrecer becas a estudiantes de bajos recursos que estén cursando carreras de pregrado en Caracas.

—Yo fui reclutada por mujeres venezolanas y norteamericanas para la creación de una organización de caridad —cuenta Karhil, sentada en el escritorio de su oficina—. Eso era AVAA, pero luego se focalizó en educación y creó el programa de becas que ahora caracteriza a la organización.

Desde su oficina, Karhil comanda una legión de 60 voluntarios que conforman a AVAA, recibe y realiza llamadas a donantes, organizaciones aliadas. Cuando no está en su oficina, está en alguna actividad de la organización, de las que es asidua asistente.

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Mauricio Durán, Coordinador de Medios de Un Mundo Sin Mordaza

Por su parte, Mauricio escoge levantarse un poco más tarde, lo hace a las 6:30 am y está llegando a la oficina de Un Mundo Sin Mordaza en Sebucán, a las 8:00 am. Es una asociación célebre, reconocida por la ONU como una ONG que defiende la los derechos humanos y que se encarga de promover tipos alternativos de protesta, usando el arte y la música. Nada más llegar a la oficina, está twitteando el primer mensaje desde la cuenta de la asociación, esto mientras se toma una taza de Nescafé, un pequeño privilegio que tiene en su oficina por ser el primero que llega.

—Yo me encargo de todo el trabajo de medios de comunicación, redes sociales, todo lo que es imagen de la organización —dice Mauricio.

Está en sus días fuertes: el concierto Tu Voz es Tu Poder acontecerá en 24 horas y Mauricio lleva días trabajando en la campaña para promover el evento, que tiene a Tomates Fritos y a Viniloversus como artistas estelares. Se trata de la actividad más importante en el calendario de la asociación.

No muy lejos de allí, en los Dos Caminos, Mariangel Chirinos inicia su día también. Es una joven estudiante de administración y contaduría en la UCAB. Tiene un horario opuesto al de Karhil. Estudia por las tardes y las mañanas son las que les dedica Embajadores Comunitarios, fundación que trabaja promoviendo Modelos de Naciones Unidas en las comunidades populares de Caracas. Esta organización, al igual que Un Mundo Sin Mordaza, tiene alianzas con la Coordinación Territorial de ONU y su campo de acción son los colegios.

—El objetivo que tenemos es incentivar el uso del Modelo de Naciones Unidas como herramienta de aprendizaje— dice Mariangel—. Yo soy voluntaria en el Departamento de Sostenibilidad y actualmente soy su Coordinadora Administrativa.

Cerrando el casting de protagonistas, está Génesis Barrios. Su horario “desafía las leyes de la física”, según ella misma reconoce. Estudia dos carreras      —Comunicación Social y Estudios Internacionales— y además es voluntaria de Mediática, una asociación civil que se dedica a formar en áreas relacionadas a la comunicación y a promover el debate en la opinión pública.

—Ser voluntaria es una experiencia tormentosa pero a la vez satisfactoria. Pero la parte buena es que poco a poco las iniciativas hacen que te vayas encariñando de ellas y que no se vea como una carga a la larga.

Una rara avis

Fundaciones hay desde que Rockefeller se inventó la suya por allá a inicios del Siglo XX. Al multimillonario le urgía un cambio de imagen: era el despiadado monopolista. Por ello, se inventó la idea de registrar una organización cuya finalidad no fuese ganar dinero, sino gastarlo. Eso sí, gastarlo en universidades, colegios, librerías y becas para los más necesitados. Con esto, el viejo Rockefeller se convirtió en filántropo y en el camino, dio forma a una práctica que muchas empresas utilizarían en lo sucesivo.

Desde entonces las asociaciones civiles pasaron a incorporarse al marco jurídico y han sido utilizadas de manera camaleónica. Y es que según María Magdalena Colmenares, en su libro la Sociedad Civil en Venezuela (2001), las asociaciones civiles no son militares, ni políticas, económicas, ni mucho menos religiosas. Pero en Venezuela la Compañía de Jesús tiene una llamada Huellas, que existe “para promover los valores cristianos en la juventud” y el partido político Primero Justicia tiene una fundación doctrinaria (un eufemismo para huir de la palabra “ideologizadora”) llamada Democracia y Formación. Es más, hasta el mismísimo Estado tiene fundaciones registradas y con el actual marco legal, prácticamente cualquiera puede conformar una. En suma: no son nada y a la vez lo son todo. Son un tipo de organización que desafía a la legalidad, la realidad y hasta a Ortega y Gasset para “mutar conforme a las circunstancias”.

A la multiplicación de esta rara avis contribuye el que la constitución de la República Bolivariana de 1999 las reconociera como “agente de relevancia social, económica y política”. Con un sólo artículo, bastó para que dichas organizaciones adquiriesen un protagonismo nunca antes visto (y se fuera al cipote de nuevo lo que la Sra. Colmenares más arriba decía). Cuando dos años después de la constituyente, el gobierno de Hugo Chávez estableció que las empresas podían devengar beneficios fiscales por donar y prestar apoyo a asociaciones civiles, éstas de repente se encontraron en el paraíso. La “responsabilidad social” de las empresas se convirtió en el concepto estrella de las asociaciones para sostenerse económicamente y a ello se sumaba un hecho aún más ventajoso: como organizaciones estaban exentas de impuestos, prerrogativa que mantenían desde los tiempos del segundo mandato de Rafael Caldera.

Pero la fiesta de la responsabilidad social, como toda bonanza, era pasajera. En 2014 se dio una reforma fiscal que, de un plumazo revolucionario, le revocó a las asociaciones civiles sus beneficios fiscales y las volvió sujeto de impuestos. Además, el documento de exención de impuestos para donaciones que permitía a las asociaciones disponer de las dádivas de las empresas, se ha vuelto casi imposible de sacar. Y aún con él, las donaciones acaban siendo un trámite complejísimo. Para la segunda década del nuevo siglo, los problemas económicos y las trabas legales habían enfriado el ánimo de las empresas por la responsabilidad social y las asociaciones civiles se dieron de bruces contra la realidad.

Parte de las razones para este cambio de actitud por parte del Estado venezolano hacia las asociaciones civiles tiene que ver con esta naturaleza incierta, mutagénica y que las hace abarcar cuanto tema público haya. Eso, según el estudiante de politología y voluntario de AIESEC (asociación civil dedicada a promover intercambios de estudiantes entre países) les otorga un carácter político ineludible.

—Una cosa es que tu digas que eres apolítico, lo cual es una aberración, y otra que asegures no tener fines políticos. Esto último es  el caso de las asociaciones civiles—explica el futuro politólogo.

El profesor de ciencias políticas de la Universidad Simón Bolívar, Carlos Felipe Castañeda, coincide con el joven estudiante.

—Las asociaciones civiles no son actores políticos, pero inciden sobre la política— afirma Castañeda.—Cuando realizas denuncias sobre carencias en derechos humanos, levantas informes sobre la educación y te alineas con entidades como la ONU; necesariamente te vuelves un factor político.

Para el profesor, el gobierno y los partidos tienen intereses electorales y ante eso, un grupo de influencia social como las asociaciones civiles, se vuelve un elemento incómodo. Es el caso de muchas asociaciones civiles, incluida Un Mundo Sin Mordaza, que sufrió las consecuencias por ello en 2014. Por aquel entonces, el país estaba conmocionado por protestas, gurimbas y guardias verdes con armazón de tortuga.

En medio de aquel apocalíptico escenario, la organización puso en marcha la campaña SOS Venezuela, que incentivaba a todos a escribir la frase, twittearla y hasta construirla con personas como si de un mandala se tratara. Al gobierno no le hizo gracia y en lo sucesivo, la organización encontró muchos problemas para continuar trabajando y su director, Rodrigo Diamanti, fue detenido y posteriormente tuvo que salir del país.

Con las uñas…

…Así trabajan la mayoría de las asociaciones civiles en la Venezuela del presente.  Indudablemente, la realidad económica también incide. El contador Douglas Martínez lo confirma: “A partir de 2014 el gobierno comenzó a ver reducido su ingreso por concepto petrolero. Por eso reformó el fisco, para tratar de sacar la mayor cantidad de dinero posible”. Esto es el motivo de que las asociaciones civiles tengan que pagar impuestos desde entonces. Simplemente el gobierno necesitaba que más entidades contribuyeran al fisco.

Al hecho de ser sujetos de impuestos se suma la caída en la obtención de donaciones. Karhill Canelones recalca que conseguir donantes “se ha vuelto cuesta arriba” y le Observatorio Económico del Centro de Divulgación del Conocimiento para la Libertad (CEDICE) destacó en su Informe de Sociedad Civil 2015, que hubo una caída del 45% en las donaciones conferidas por empresas a asociaciones civiles. ¿El motivo? Según la propia organización el descenso se debería a la reforma fiscal del 2014 (que alteró la Ley del Impuesto Sobre la Renta) y a las cada vez mayores trabas legales para procesar una donación. No obstante, los problemas no acaban ahí.

—Para mí, algo tan sencillo como sacar el porcentaje de inflación para el período correspondiente, fue un rollo el año pasado— aseguró Mariangel Chirinos, Coordinadora Administrativa de la Fundación Embajadores Comunitarios—.¡Le consulté a todo el mundo! Algunos economistas me recomendaron guiarme por las cifras del Banco Central de Venezuela, pero sus datos están desfasados de la realidad, así que acabé guiándome por Ecoanalítica.

La inflación acabó siendo el menor de los problemas de Mariangel. La comida se convirtió en su verdadero dolor de cabeza. Y es que Embajadores Comunitarios es responsable de proveer alimento y bebida a los asistentes de sus modelos, algo que con la situación se ha vuelto un auténtico desafío.

—Es más fácil conseguir una donación para material POP que para comida. Con decirte que fuimos a Nestlé para solicitar Nesteá y no pudieron dárnoslo— explica Mariangel.— El tema de la comida es complicado, incluso para empresas como Polar y tenemos una gran restricción para aceptar donaciones de dinero para nosotros comprar, porque el trámite para ello es muy engorroso.

Lo complicado del trámite es algo que no detiene a AVAA para susbsistir. Sus actividades demandan que haya liquidez de capital y por ello recurren a de empresas y particulares, aunque según Karhill no es la única forma en la que se sostiene la organización.

—También buscamos recaudar fondos a través de eventos, como por ejemplos nuestros torneos de golf.

Todas, AVAA, Mediática y Embajadores resuelven sus problemas financieros rebuscándose. Un evento, un taller por fondo, una recolecta… son las formas que tienen las que las asociaciones civiles para subsistir. Un aliado frecuente son las universidades, que les facilitan espacios para sus actividades y en algunos casos, consiguen apoyos de empresas que aún están dispuestas a favorecer iniciativas de sociedad civil.

Una alternativa de país

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Panorámica del Inicio del Concierto “Tu voz es tu poder”

Son las 4 pm y la gente ya comienza a converger entorno a la tarima que domina la Plaza Alfredo Sadel. Sitio frecuente de festivales de comidas, ferias y hasta eventos deportivos, esta noche la plaza le pertenece a un concierto. Entre la multitud que ya se aglomera hay una diversidad etaria llamativa. Jóvenes y no tan jóvenes, pre púberes al lado de hombres en traje, que se han quitado sus sacos en un esfuerzo por dejar atrás la monotonía de sus oficinas.

Sobre la tarima, tomando fotos, está Mauricio. Celular en mano, anda subiendo tweets acerca del backstage del concierto. “Es genial ver que todo sale, que cobra forma”, dice sonriente, mientras le toma una foto a la multitud.

Entre esa misma multitud está Mariangel. Ha decidido tomarse un tiempo libre y ver a Viniloversus en el concierto. Por  su parte Karhil se cataloga como “muy vieja para estas cosas”, pero llega a la plaza baruteña a dejar a sus ahijados, que “ellos sí están jovencitos pa’ la gracia”. Génesis quiere ir pero no puede porque está estudiando y preparando las actividades de Mediática que debe sacar para la semana que viene.  Cuando se le pregunta porque sacrifica un concierto de sus artistas favoritos, no se piensa la respuesta.

—Me motiva aportar a esta sociedad de crisis que es Venezuela. Esto que hago, es una ventana para llegar a ese país que todo el mundo anhela —dice la joven voluntaria de Mediática—. Esto que hacemos en las asociaciones, es generar una alternativa, abarcando pequeños espacios. Aportar tu granito de arena es una solución muchísimo más cercana a esperar que el gobierno o alguien más haga las cosas por ti.

Y si de pasiones se trata, Mauricio tampoco está muy lejos de la suya. Le fascina el evento y le gusta lo que significa para su organización, para su país.

—Esto es el aporte de Un Mundo Sin Mordaza. Esto es libertad de expresión, que yo pueda pararme con artistas en la Sadel, con canciones que puedan rechazar lo malo o resaltar lo bueno que ocurre en mi país.

Ninguno de estos voluntarios de asociaciones civiles son amigos o compañeros. Pero todos coinciden en que están contribuyendo al futuro con su labor.

—Yo creo que si todos los venezolanos tuviéramos una acción de solidaridad seríamos mejor país—asegura Karhill. Seríamos mejores personas, pensaríamos más en lo colectivo. Yo creo que eso no es sólo un principio de crecimiento personal, es un principio religioso, es un principio de solidaridad…

…Y es el principio que,  al final de cuentas, le permite a estos grupos sobreponerse a las difíciles circunstancias del país. Sólo por eso son soñadores, rebeldes con causa, raras avis que, con todo en contra, siguen adelante.

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