Juana Rivero dejó las aulas para ser un ángel azul

Perder la voz la llevó a cumplir una labor social

A sus 58 años de edad, esta ocumareña se siente afortunada al tener la posibilidad de ayudar a los enfermos, a través de la Acción Voluntaria de Hospitales (AVH)

Rosanna Ferrandina B.

Durante 20 años, Juana Rivero de Montesinos se dedicó a la docencia, sin embargo, una dificultad en sus cuerdas vocales la apartó de las aulas y nunca más pudo ejercer la profesión que hasta ese momento le había dado tantas satisfacciones.

Aunque la noticia sobre su enfermedad le causó un trauma emocional, ese padecimiento no la detuvo en su camino por la vida y el 24 de octubre del año 2000 pasó a formar parte de la Acción Voluntaria de Hospitales (AVH), donde hoy en día ocupa la presidencia en la filial del municipio Tomás Lander.

“El objetivo de esta organización es prestar ayuda a los pacientes hospitalizados, a quienes se les dan palabras de afecto y fe para que superen las dolencias que les aquejan”, según la página “Acción Voluntaria de Hospitales”.

La transición de una labor a otra no fue difícil para Rivero, pues antes de convertirse en educadora, profesión que ejerció en el colegio Alberto Smith, ubicado en Ocumare del Tuy, estado Miranda, su aspiración era ser enfermera.

Siempre le llamó la atención ayudar al prójimo y estar al servicio del que la necesitara. “Como no pude ser enfermera, al perder mi herramienta de trabajo, que era la voz, decidí irme al hospital a brindar apoyo”, dijo Rivero, quien reside en el sector Araguita I, en Ocumare, junto a su esposo.

Más allá de la labor social que cumple esta “ángel azul”, como se les llama a los integrantes de la AVH, a propósito del color de su uniforme, pertenecer a esta asociación civil ha ayudado a Juana Rivero a crecer como persona y a modificar su carácter, pues es una mujer de temple fuerte.

“Tratar con enfermos, después de formar a niños de primero a tercer grado, me obligó a cambiar mi forma de ser y ahora soy más dócil”, asegura esta ocumareña de 58 años de edad.

Un paseo por el voluntariado

La Acción Voluntaria de Hospitales es una asociación civil privada, sin fines de lucro, fundada en 1969.

Según declaró su presidente nacional, Hans-Henning von der Osten, al portal de “El Universal, esta institución tiene atención en más de 70 centros de salud del país.

En el Hospital General Simón Bolívar de los Valles del Tuy (HGVT) funciona una filial conformada por 28 mujeres, aunque a nivel nacional en la organización también hay hombres. Incluso, en años anteriores, en Ocumare también se contó con la colaboración de caballeros.

La mayoría de las integrantes están jubiladas y aunque algunas son profesionales y otras no, para Rivero la carrera universitaria se queda en la casa, pues, en la organización todas son iguales y trabajan con el mismo empeño.

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Fuente: Últimas Noticias

Esa fuerza de compromiso las ha llevado a buscar otros horizontes y es por ello que en su afán por atender el mayor número de pacientes posibles y expandir su labor, las “damas azules” han creado núcleos en localidades cercanas como Santa Lucía del Tuy y Altagracia de Orituco.

Según el portal web “Acción Voluntaria de Hospitales filial Ocumare del Tuy, uno de los objetivos de estas mujeres es prestar ayuda afectiva al paciente hospitalizado, brindándole la mayor atención en apoyo, pero sin interferir en la labor de médicos y otros especialistas de la salud.

Para el sociólogo Salvador Lugo, la acción de las “damas azules” es una forma de aportar experiencia, conocimiento, expectativa y vida a la sociedad. “Esto le da a la organización un grado y carácter de efectividad”, consideró.

En su opinión estos voluntariados se han acentuado en los últimos tiempos, debido a la crisis económica, social y política que se vive actualmente en el país. “La situación país ha palpado más escenarios que antes no se notaban”, precisó Lugo.

A su juicio este tipo de organizaciones deberían recibir apoyo del Estado, empresas privadas y universidades, así como estar acompañadas de un articulado institucional que les permita tener mayor fortaleza.

Un día de labor

De lunes a viernes, a las 7:00 am, Juana Rivero está preparada para iniciar su labor voluntaria en el Hospital General de los Valles del Tuy, hasta las 12 del mediodía.

En el centro de salud visita los diferentes servicios médicos y ofrece a los pacientes una ayuda amorosa y espiritual. El día que la acompañé en su recorrido comprobé que esta labor le viene como anillo al dedo.

Un efusivo “buenos días” se escucha cuando Rivero abre la puerta de la primera habitación en la que entra. Allí, en la cama, está Juan Andrés, un hombre de aproximadamente 50 años, cabello marrón oscuro y contextura delgada. Rivero le agarra la mano y le da cobijo.

– ¿Cómo se siente hoy? -pregunta la mujer con su particular voz ronca.

-Un poco mejor, gracias a Dios, -responde el paciente.

Una sonrisa invade el rostro de la “dama azul”, quien luego de varias caricias recibe un gesto de gratitud.

Tras despedirse, se dirige a la siguiente habitación. Esta vez la espera Julia, una señora de avanzada edad, de contextura un poco más gruesa y cabello grisáceo. La práctica es la misma que la anterior, pero en esta oportunidad, Rivero no recibe una sonrisa como respuesta, sino una lágrima.

“Hay personas más sensibles que otras. Algunas encaran las enfermedades con fortaleza, pero no todas actúan de la misma manera. Estar en un hospital no es fácil, aunque nosotros tratamos de que las personas lleven su estadía aquí de la manera menos traumática”, revela.

A esta labor afectiva a veces se suma un aporte material, ya que la AVH también apoya a los pacientes con pañales, ropa y con la mitad de los medicamentos, de acuerdo a sus posibilidades.

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Fuente: Acción Voluntaria de Hospitales Ocumare del Tuy

“No podemos ayudar a todos, pero todos podemos ayudar a uno y eso hace la diferencia”, expresó Rivero, a la página web Acción Voluntaria de Hospitales filial Ocumare del Tuy”.

Para la compra de estos artículos, las “damas azules” utilizan los recursos que obtienen de un bazar y una fotocopiadora, que están instalados en el Hospital General de los Valles del Tuy, así como también de ofrendas de la Acción Voluntaria a nivel nacional.

Yudeisy Mijares (18), ha sido parte de los privilegiados que reciben estas donaciones. A la joven le fue entregada una canastilla, en el marco del 20 aniversario de la AVH, filial de Ocumare del Tuy.

“Traje al mundo un varón: Jhon Jhoiser. Pesó 3 kilos 500 gramos y midió 38 centímetros. Agradezco la ayuda a las ángeles azules”, dijo Mijares al portal web de Últimas Noticas”.

El sociólogo Lugo considera que cualquier labor que vaya en función de ayudar al que tiene menos abrigo social o económico, es un acto de bondad. “Estas damas brindan un granito de arena que, en muchas ocasiones, significa grandes aportes para esas personas que se encuentran enfermas”, manifestó.

Una mano amiga

Samuel Loreto, coordinador del área de médicos especialistas del Hospital General Simón Bolívar de los Valles del Tuy, considera admirable la labor que cumplen las damas de la Acción Voluntaria de Hospitales.

Las veces que ha sido testigo del trabajo que estas mujeres adelantan, observa una cara de satisfacción en los pacientes, sobre todo en aquellos que muchas veces son olvidados por sus familiares o sus residencias están lejos del centro de salud.

Una enfermera, que pidió mantener su nombre en reserva, coincide con el doctor Loreto con respecto a la labor que ejercen las “damas azules” dentro del Hospital General de los Valles del Tuy y la califica de valiosa.

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Fuente: Acción Voluntaria de Hospitales Ocumare del Tuy

Apoyo familiar

Para Juana Rivero es fundamental recibir el apoyo de su familia en todas las metas y objetivos que se traza en la vida y en esta labor no fue la excepción.

Su esposo y sus dos hijos la respaldan desde el día que les anunció que se inscribiría en la organización y aunque hay momentos en que por su estado de salud prefieren que se quede en casa, ella asegura que en la AVH se siente como pez en el agua.

Edialy Montesinos, hija de Rivero, está consciente del amor que siente su progenitora hacia el trabajo que desempeña y sobre todo su empeño por ayudar a los más desvalidos.

Ese sentido de solidaridad le ha despertado un profundo sentimiento de admiración hacia el ser que la trajo al mundo, a quien describe como una mujer bondadosa, caritativa, positiva y luchadora.

En manos de Dios

Cuando hizo sus pasantías, Rivero tuvo un pequeño traspié dentro de la AVH. Observar un niño enfermo en su recorrido por el hospital, le hizo recordar a su nieto, a quien no veía desde hace 15 días. Llena de emoción corrió, se acercó al pequeño y lo cargó. Por espacio de algunos minutos estuvo dándole cobijo.

Al abandonar la habitación, una compañera le recordó que no podía mover a los pacientes ni involucrarse sentimentalmente con ellos. “En ese momento yo sentía una carencia afectiva que no supe controlar. Actualmente ya tengo más experiencia”, acota.

Juana Rivero se siente una mujer afortunada por el trabajo que realiza. Por su mente no pasa la posibilidad de colgar los guantes. “Esta labor me hace feliz. Yo me siento realizada y estaré aquí hasta que Dios me tenga en este mundo”, vaticina.

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