Fútbol femenino se destaca ante prejuicios sociales

Diversos tabúes asechan a las chicas del fútbol femenino de la UCV que intentan obviar por la pasión al deporte y las ganas de triunfar

Por Rafael Méndez

Diana Rebolledo ríe tímidamente, pero acepta ser entrevistada. Está acostumbrada a que le pregunten sobre porqué el fútbol y no la danza o el arte. Lo que más me gusta de este deporte, dice, es que me puedo divertir. Me enseña muchas cosas: carácter, disciplina, constancia. Me decidí por este deporte (risas) y no por otro, porque veía a mi hermano practicándolo y quise probar. Al final me gustó y acá estoy.

Diana es una niña muy elocuente para su corta edad. Denota madurez en sus respuestas. Por su forma de hablar —y pensar— cualquiera asumiría que está hablando con alguien de 18, pero no, apenas tiene 14. Comienza a entrenar a la edad de 12 años. Ahora, después de dos años de entrenamiento, juega con la selección Sub 15 de la Universidad Central de Venezuela (UCV).

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                                            Diana Rebolledo (14). Foto: Arantxa López

Por su parte, el entrenador de fútbol femenino del equipo de la UCV, Luis Solórzano comenta que Diana es una gran promesa para el fútbol femenino nacional. Si, Diana es una niña con un gran futuro, dice Solórzano. A su corta edad, tiene noción de lo que es el juego. Es muy inteligente y madura. Sin duda, le veo un gran porvenir si así ella lo quiere.

Sin embargo, al principio los padres de Diana no veían muy positivo que su única hija practicara fútbol. Mi familia —dice Rebolledo— lo tomó como: ¿Y ese deporte, hija? ¡Eso es para varones! ¿Por qué no te buscas otro? Soy la hija mayor. Tengo un hermano más pequeño. Y fue mi papá y él quiénes me apoyaron. Ahora, he cambiado la visión de toda mi familia respecto al fútbol. Porque ven que me apasiona y que no me afecta en nada. Eso depende de cada quién. Sigo siendo la misma niña femenina pero deportista.

Asimismo, Diana dice que al principio fue difícil que su círculo social y las personas en general, aceptaran que a ella le gustaba practicar un deporte que, generalmente, es ejecutado por varones. Me decían cosas negativas, confiesa. Había gente que me decía marimacha y cosas así. (Risas). Además, mi familia me preguntaba que por qué el fútbol, qué eso era un deporte de hombres, o que si lo jugaba me iba a convertir en uno.

Diana fue poco a poco demostrándole a esas personas, entre ellas, su familia, que los prejuicios anteriormente mencionados eran falsos. Las mujeres podemos jugar fútbol y no por eso debemos dejar de ser femeninas —explica— eso no tiene por qué ser así. Puedo tener mis dos lados: poseer lo necesario para ser una deportista y aún tener mi lado femenino. La gente no puede generalizar.

En su mirada se puede notar una chispa, un fuego. Existe pasión. Cada palabra que pronuncia emana seguridad, confianza y, a su vez, amabilidad y cortesía desmesurada. Desea llegar lejos. Mi entrenamiento es constante y trato de dar el cien por ciento, dice. Entrenando duro y no perdiendo tiempo, pues, me visualizo en la selección jugando afuera. En universidades o en alguna liga española. Actualmente, juego para el equipo sub 15 de la UCV y tengo aspiraciones de que me llamen para jugar con la selección nacional. Ellos van viendo a las chicas en los partidos. Te ven jugar en el equipo en el que estás y si les interesas, te llaman.

Respecto a sus ejemplos a seguir, Diana resalta a Deyna Castellanos. Ella es una atleta de alto nivel, dice. Me parece que a su corta edad ha logrado grandes cosas. Por otro lado, está Verónica Herrera que a sus 14 años ha logrado también importantes cosas: cómo asistir a un Sudamericano que, en Venezuela es algo grande, a la Copa de Jordania y a un Mundial. Además, busca ayudar a chicos y chicas para que salgan a jugar afuera. Los anima y le brinda a apoyo. Por eso, para mí, ellas dos son grandes ejemplos de constancia y talento que quiero seguir.

Asimismo, Diana invita a todas las niñas con inquietudes en el futbol a que se motiven y lo practiquen. Cualquier chica que tenga inquietud por este deporte, aclara, puede animarse. Encontrará un equipo —el de la UCV— con las puertas abiertas, donde puede ser ella libremente.

Asimismo, confiesa que, si llegase a tener una hija y esta desea ser futbolista, ella la apoyaría si es verdaderamente lo que le gusta y siente pasión.

*

Se escuchan murmullos y habladurías en la cancha. Las chicas de la sub 15 entrenan. Se encuentran divididas en dos grupos. Uno de aproximadamente 12 niñas que están sentadas en círculo mientras intentan llevar las puntas de sus manos hasta las puntas de sus pies. El otro hace pases con el balón.

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                                                           Foto: Arantxa López

De uno de los vestuarios que posee el estadio de fútbol de la UCV sale una chica de baja estatura con el uniforme vinotinto de la selección nacional. Su nombre es Glorialys Mújica. Cuyo rostro por demás jovial, no denota los años que lleva encima, puesto que tiene 32 pero parece de 23. Mi mamá también tiene la cara así finita y limpia, dice. La heredé de ella. Además, con el deporte me mantengo.  

Mújica es Internacionalista de la Universidad Santa María y TSU en mercado exterior por el Instituto Nuevas Profesiones. En las mañanas, trabaja en una empresa que ella misma montó y por las tardes, juega fútbol con el equipo de la UCV y fútbol sala con el equipo La Cruz de Chacao.

Para Mújica, el fútbol se ha convertido en un estilo de vida. Tiene más de 20 años jugando. A los 14 entró en la selección del Estado Miranda donde jugó durante 10 años. También

formó parte de la pre-selección de la Vinotinto femenino, pero por distintos problemas que ocurrieron en torno a la federación, cuando perteneció a la selección nacional, esta no realizó juegos afuera.

Ahora, continúa practicando el fútbol, pero por deseo personal y hobby. Mis aspiraciones por ahora, dice, no son más que avanzar en cuanto a clubes y mejorar mi rendimiento técnico, ese tipo de cosas, pero de otras índoles ya no.

Asimismo, para esta chica que ha practicado fútbol durante casi toda su vida, considera que los estudios son primordiales y no se deben abandonar. Nunca he dejado de practicar el fútbol —explica Mújica— pero tampoco mis estudios, incluso me gradué en la universidad becada por el fútbol. Los estudios y el fútbol han sido vitales para mí y le he dado la importancia que cada uno amerita.

A diferencia de las pequeñas de hoy día que sienten admiración por Messi, Cristiano o por Deyna Castellanos; Mújica tiene preferencia por otras figuras. Mi ídolo, dice, es el jugador francés Zidane. Me encanta como juega. Siempre he sido fan de él. En cuanto a mujeres, no tengo muchas, pero siempre he sido fan de quién fue mi entrenadora cuando pertenecía a la selección de Miranda, Milagros Infante. Ahora ella es, la entrenadora de la selección de Venezuela.

Por otro lado, Mújica sugiere que el fenómeno ocurrido en entorno a Deyna Castellanos y su éxito en la selección nacional, se debe a que esta tuvo la fortuna de que hoy día la CONMEBOL obliga a todos los países a tener una selección femenina y, por ende, a que esta salga a jugar afuera. Allí se les abren las puertas, dice. Cuando están expuestas a la mirada internacional, obtienen mayor apoyo. Pero como ella, ha habido muchas y quizá hasta mejores. Solo que Deyna, tuvo la oportunidad por las circunstancias del fútbol actual y las demás, no.

En lo personal, Mújica dice no hacerle mucho caso al qué dirán. Según sus palabras, no ha sufrido de bullying o de agresiones por jugar fútbol y, si las ha habido, no les ha prestado atención. Me parece que las chicas que ahora quieren jugar fútbol —señala— tienen que tener una personalidad bien marcada: deben estar claras de que les gusta jugar fútbol y que eso no afecta su feminidad. Pienso que el practicar fútbol no tiene nada que ver con tu feminidad. Son cosas distintas. En el colegio, me la pasaba con los niños jugando y me decían cosas impropias, pero no les paraba. Así debe ser. De igual forma, la sociedad está cambiando, siendo cada vez más abierta.

* *

Para Rubén Peña, antropólogo afirma que sí hay un tabú en cuanto a los roles sociales y de géneros pero que cada vez, es menor. Aún estas actividades son un tabú, dice, pero en la práctica se va. Es decir, nosotros arrastramos aspectos de la cultura machista. Donde aparentar una cosa porque socialmente está bien posicionado es lo normal. Y así es lo relativo con las prácticas que realizan mayormente un género. Pero la sociedad cada vez más se está abriendo y estás cosas están dejando de ser un tabú. Está existiendo una transformación que va en progreso.

Por ejemplo, el caso de las franelas rosadas, señala. Hace dos generaciones atrás, no era bien visto que los hombres usarán ropa de este color. Todo condicionado por la religión católica. Incluso había ataques. Cambio el rol de la iglesia y se volvió más permisiva con el tema de los aretes, cabellos largos, etc. Este tipo de cosas no define tu práctica social, es más de rol y papel social del individuo.  

Para el antropólogo, los tabús y prejuicios se crean a partir del condicionamiento social que se recibe desde pequeño. Si desde niño —indica Peña— te dicen que los hombres no lloran, que las mujeres juegan con muñecas y los varones con carritos, se produce un condicionamiento. Que son implantados por unos grupos de dominio, como la iglesia, que masifica estos patrones y, que al final, se implantan como practica sociales. Es como que las mujeres no pueden trabajar y que los hombres no pueden tocar la cocina, aun eso se mantiene, pero en la práctica eso se ha venido transformando.

Todas asisten de lunes a jueves. En vacaciones lo hacían de lleno, comenta el entrenador Solórzano.  Ahora con las clases es más limitado —señala— pero igual tienen que ser constantes. Por eso el fútbol femenino ha dado grandes logros en la UCV.

Por otro lado, otra chica de baja estatura, cabello negro, piel blanca, y de unos ojos negros sale del vestuario. Es Karla Torres, nueva entrenadora de la selección universitaria. Su mirada serena y su voz baja emanan confiabilidad. El fútbol femenino, dice, a diferencia del masculino siempre ha dado frutos, ha tenido muy buenas jugadoras, siempre metidas en los primeros puestos. Respecto al fútbol universitario. Tenemos jugadoras que salieron al mundial en Trinidad y Tobago y que hoy también, asisten al mundial Sub 20 que se realiza en Papúa Nueva Guinea.

Una de las cosas que nosotras les pedimos a ellas —enfatiza Torres— y que tratamos de inculcar, es que deben tener disciplina y constancia. Sin esos principios no podrán lograr lo que anhelan. Acá hemos tenidos chicas muy buenas que son extrañadas del equipo por su conducta. Así como también, chicas que han llegado a la selección nacional y que la FIFA no las deja jugar por su comportamiento.

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Logo del equipo de fútbol UCV

* * *

El equipo de la UCV acepta niñas desde los 6 años que son preparadas por el entrenador, Luis Solórzano cuyo objetivo es que adquieran las herramientas necesarias, rápidamente, para que puedan jugar en el equipo de la sub 15. El equipo universitario tiene todas las categorías oficiales: sub 15, sub 18, sub 20 y libre.  A partir de los 14, ya las niñas pueden ingresar.

El entrenamiento —indica Mújica­­— varía de cuan cerca esté el torneo más próximo. Entonces, podrán ser más físicos qué tácticos y que técnicos. Aunque lo ideal es que cada entrenamiento posea un poco de cada elemento para que los jugadores tengan un buen desempeño en la cancha.

El entrenador Solórzano, comenta que no rechazan a ninguna chica. Quién desee venir a trabajar y a aprender será bienvenida, afirma. Hemos ganado bastantes torneos por lo mismo.  En el último, quedamos de segundo lugar. Acá han venido chicas que no saben nada y nosotros le hemos enseñado cómo jugar, es nuestro trabajo y ha dado frutos.

Por otro lado, Peña sugiere que no hay una sociedad que esté libre de prejuicios o tabúes. Todas las sociedades —señala— tienden a establecer separaciones por género porque es una forma de distribuir la fuerza de trabajo. Cada país lidia con sus tabúes. Por ejemplo, en la actualidad, Venezuela y China han rotos los prejuicios en las prácticas deportivas por parte de la mujer. En países como Brasil, Argentina y Chile, han propiciado las prácticas no convencionales por parte de los hombres. Y así sucesivamente, no hay un país que se encuentre exento de ello.

Por lo tanto, se debe aceptar la diversidad —añade Peña— donde cada individuo tenga el derecho de elegir: que no se nos imponga una religión, sino que cada quién pueda definirse y escoger. Pero todo empieza desde la educación. No quiero sonar pesimista pero cada familia reproduce un patrón y eso no cambiara hasta que se acepte la diversidad y entendamos que cada quien es diferente. Que no somos maquinas que esta programadas para un objetivo. Somos seres sociales que debemos escoger. Cuando llegue ese día, serán menos traumáticas las relaciones humanas.

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