El milagro coral venezolano

Venezuela ha sido pionera en la actividad coral a nivel internacional. La Fundación Schola Cantorum de Venezuela es el instituto de formación coral más reconocido internacionalmente

por Oriana Chirinos

En un pequeño cuarto, adornado con un único espejo de luces y dos sofás, alrededor de 20 personas –todas vestidas de negro- observan el espectáculo. Alejandro se relaja cantando y Amílcar lo acompaña con la guitarra:

Macarena tiene un novio que se llama, que se llama de apellido Vicolino.

Amílcar deja de tocar.

Vitorino.

Gracias a la equivocación, el grupo rompe en risas y opacan el resto de la letra. Luego de un rato el director, Roberto Ruiz, les pide que se formen por cuerda – primero los bajos seguidos de los tenores, sopranos y contraltos- para salir a escena. Cuando llega el momento, el coro de la Facultad de Humanidades y Educación camina a la tarima donde se aprecian las famosas Nubes de Calder y los –aproximadamente- dos mil setecientos asientos del Aula Magna. Todo esto para agasajar a los graduandos del Diplomado de su Facultad.

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Parte de la Coral de la Facultad de Humanidades y Educación. Foto original

El cuento de hadas

Bárbara “Barbie” Acevedo sintió pasión por el canto desde pequeña. Su afro de castaños rizos rebota cuando habla sobre su amor por el canto coral. Su carrera comenzó a los nueve años en la coral del colegio San Marcos Evangelista de Caracas cuando su formación musical era nula.

Gracias a su madre comenzó en el canto grupal: “Estaba chiquita, además me daba mucha pena, por eso fue que mi mamá me dijo que me metiera en el coro porque iba como a liberarme. No tenía que darme miedo porque iba a cantar con otras personas”.

Luego de esa primera experiencia, pasó a formar parte del núcleo San Agustín –parte de El Sistema-, donde cantó durante cinco o seis años.  Allí tuvo la oportunidad de aprender a leer música y de ahondar un poco más en su formación.

“Mientras eres un niño de El Sistema te tratan como si fueras un rey”. Sin lugar a dudas, la Fundación del Estado para el Sistema Nacional de Orquestas y Coros Infantiles y Juveniles de Venezuela (FESNOJIV), fundado por José Antonio Abreu, es el mayor referente nacional para la música académica y una fundación de gran prestigio.

La FESNOJIV surgió del impulso que tuvo el movimiento coral a finales de los 60 y principios de los 70 en el país. María Guinand, profesora y directora coral, explica en su ensayo El canto coral en Venezuela (2011), la creación de fundaciones para el apoyo del canto coral. La FESNOJIV solía ser la Sociedad Civil Orquesta Nacional Juvenil “Juan José Landaeta”, fundada en 1975. Su creación tenía como referencia la Fundación Movimiento Coral Cantemos (1972) y la Fundación Schola Cantorum de Caracas (1974) –de Venezuela en el 2007-.

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Coro juvenil núcleo San Agustín. Cortesía: Youtube

Sin embargo, y a pesar del cuento de hadas y los buenos recuerdos, para Bárbara llegó el momento donde la competencia se hizo visible, entre su núcleo, el Coro Sinfónico de Caracas y los Niños Cantores. Ya no todo era tan color de rosa. La profesora de canto Margot Parés Reyna volcó su interés en ella y le permitió la oportunidad de reconocer el camino de formación que le quedaba: “Ese fue mi primer golpe contra la pared, golpe de realidad. No me hizo pasar pena ni nada, sino que me demostró que aún me faltaba demasiado”.

Actualmente sigue con la actividad coral y se ha animado a estudiar canto lírico. Para ella, el canto coral la ayudó a salir de su zona de confort y a encontrar su voz: “Es que no sé cómo explicarlo, es una cuestión así… mística. Cuando cantas en grupo, estamos en sintonía, no solo nuestras voces, todo tu cuerpo”.

La magia de la dirección

Entre charlas de tesis, ensayos y proyectos en el pasillo de Artes de la UCV, Mario Becerra conversa tranquilamente sobre sus tiernos inicios en el mundo de la música. En su primer concurso de canto –en preescolar-, quedó de segundo lugar y no tenía idea de que la música sería su elección de vida –estudia séptimo semestre de Artes, mención Música-.

Entre el cuatro, el violín y la escuela José Ángel Lamas pasó sus primeros años de formación musical. Sin embargo, ninguno de esos proyectos siguió por razones diversas. Luego comenzó sus estudios de guitarra clásica en la escuela de música Lino Gallardo.

A pesar de que cantar en coros no era su objetivo, tuvo contacto con el canto coral por obligación: “En todas las escuelas de música, dentro del pensum venezolano, es obligatorio ver tres años de coro”. Ya en la escuela José Ángel Lamas había participado en el coro infantil y luego en el de la escuela Lino Gallardo, coro que no siguió por falta de integrantes.

Sin embargo, encontró otro coro donde participar: el coro de la Facultad de Humanidades y Educación, donde es Bajo. “La gente realmente siente una dinámica interesante que le gusta”, comenta sobre el coro.

Luego de tantas experiencias corales, Mario decidió incursionar en el mundo de la dirección. Actualmente dirige el coro del Colegio San Agustín de El Marqués. Para Mario el atractivo de los coros surge por el hecho de que no se necesita una preparación musical formal para ser parte de uno: “Es una buena manera de iniciarse en la música. Es más fácil acercarse a algo donde se pueda trabajar en equipo”, para él el encanto del coro viene de “la importancia de cómo la individualidad de cada voz se une a otras”.

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Colegio San Agustín, El Marqués. Cortesía: El Nacional

La dirección coral es algo que todo director orquestal debería experimentar, considera. El trabajo es más completo, según su experiencia. Los directores corales deben conocer todas las melodías de todas las voces, los matices y ritmos para corregirlos y ajustarlos. El trabajo humano es mucho mayor, comenta con un brillo en sus ojos, cuando describe el trabajo del director “llega un punto en que se vuelve casi mágico porque con cualquier persona puedes hacer que algo suene bien”.

Trabajo invicto

Lo que se ha dado a conocer como “el milagro coral venezolano” tiene muchos mentores, personas que han dedicado sus vidas a formar e incentivar la actividad coral. Sin embargo, la dirección coral no fue una cátedra de estudio sino hasta 1971, cuando el maestro Alberto Grau inició la cátedra de Dirección Coral entre las actividades dentro de la naciente Fundación Movimiento Coral Cantemos.

El maestro Antonio Estévez dejó claro la situación de la dirección coral en aquel momento: “la formación del director de coro para ese entonces era totalmente empírica, no había una educación especializada que contara con materias específicamente relacionadas con el canto coral, ni siquiera se hacía énfasis en la técnica vocal, lo importante era difundir el arte musical a otras esferas, y el canto coral fue el mejor vehículo”, explicó para la maestra Guinand.

Roberto Ruiz Luigi, director del coro de la Facultad de Humanidades y Educación, decidió dedicarle muchas décadas de su vida a la dirección coral. Con raíces en el cuatro y con un padre violinista, comenta que su actividad coral comenzó gracias a un amigo que lo invitó a participar en el coro José Antonio Calcaño. Luego de esa primera experiencia también se inscribió en el Orfeón de su liceo, el Pedro Emilio Col.

Gracias a una aptitud natural, se aprendía todas las voces de las canciones y el director del Orfeón de su liceo reconoció sus habilidades. En los tres años de espera de su cupo en la UCV –estudió Odontología- empezó sus estudios musicales, lo que lo llevó a fundar el coro de la Facultad de Odontología en 1977.

Después de esa primera experiencia y luego de haber dirigido el coro de la escuela de Educación, funda el coro de la Facultad de Humanidades, coro del que ha sido director –invicto, bromea- por treinta y seis años, desde su fundación en 1980.

A pesar de que dirige otros dos coros –el del Hospital Universitario de Caracas y el del Consejo para la Acreditación del Comercio Internacional (CONACI)-, “el grupo que me quita el sueño es la coral de humanidades”, además afirma que: “el repertorio de humanidades es el repertorio más complejo que yo trabajo”.

Sin importar los grises cabellos y los años de trabajo, su dedicación a la dirección coral sigue intacta. Su vida se ha formado allí, incluso su matrimonio. Odalis García, su esposa –soprano de gran ímpetu y largo cabello negro- es la integrante más antigua del coro, con 20 años en la agrupación.

Roberto reconoce el estatus de la actividad coral en el país: “la actividad coral es la actividad cultural donde participan mayor número de gente en el país, no son las orquestas”. Además, recalca, a excepción de pocos casos, la actividad coral suele realizarse gratis, el amor al arte y a la experiencia supera cualquier pago.

Una clara prueba de ello fue la última edición de la Cantata Criolla –poesía de Alberto Arvelo Torrealba y música de Antonio Estévez-, dirigida por el Maestro Felipe Izcaray en septiembre de este año. Esta obra sinfónico-coral reunió a trescientos cincuenta coralistas de todas las edades y agrupaciones para celebrar los ochenta años del Instituto Pedagógico de Caracas en el Teresa Carreño. Trescientas cincuenta almas dispuestas a ensayar por más de dos meses por el amor y prestigio de tal oportunidad, cantar sobre la venezolanidad del llano y la lucha del bien y el mal en la imponente sala Ríos Reyna.

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Idwer Álvarez, Felipe Izcaray, Franklin De Lima, Orquesta Sinfónica y coralistas. Cortesía: Alba Ciudad

El origen del prestigio

En el segundo piso del Aula Magna, luego de cruzar pasillos de espejos y a los bailarines de Piso Rojo, está el salón de ensayo del Orfeón Universitario de la UCV. En una pequeña oficina dominada por un gran archivo se encuentra Raúl López, actual director del Orfeón. Su calmado semblante y delgada complexión contrasta con su pasión al hablar sobre su trabajo y con su energía precisa que contagia al dirigir cualquier melodía.

Para él, y para muchos, el boom de la preparación coral tuvo su auge luego de dos eventos fundamentales: la Schola Cantorum de Caracas –ahora de Venezuela- fue el primer coro en concursar fuera del país y ganar el que, para ese entonces, era el mejor concurso internacional de corales: el Guido D´Arezzo.

Luego en 1976 ocurrió el evento que conmovió al país: la tragedia de Las Azores donde todos los integrantes del Orfeón Universitario, incluido su director Vinicio Adames, murieron en un accidente aéreo. “Esa tragedia hizo que se sensibilizara toda una sociedad venezolana sobre lo que era la actividad coral. (…) Un grupo que encarna todos esos valores, qué pérdida para el país”.

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Primera plana, tragedia de Las Azores. Cortesía: Pinterest

Dichos valores son resaltados por la profesora Guinand y por el mismo López: tolerancia, respeto, responsabilidad, amistad, disciplina, el trabajo en equipo, características principales de cualquier actividad grupal, más de una que ofrece una pluralidad de personajes y la bondad de poder participar sin tener un entrenamiento especializado: “por eso tiene tanta popularidad como espacio de expresión artística”, afirma.

Los inicios de Raúl en la dirección coral fueron fortuitos. La invitación de un amigo, la –tal vez- travesura de dirigir a sus compañeros coralistas en ausencia del director, la dedicación del director Luis Gilberto Aristiguieta al enseñarle lo necesario, lo llevaron a decidir que a eso dedicaría su vida: “nos enfiebramos –su amigo y él- tanto con la actividad que nosotros íbamos al liceo era para cantar en el Orfeón y, accidentalmente, nos metíamos en clase”, recuerda con humor.

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Raúl López y el Orfeón Universitario – Cortesía: Blog Orfeón Universitario UCV

Fuera del salón de ensayos –lleno de cuadros en blanco y negro de integrantes anteriores, sillas azules y reconocimientos enmarcados- una pálida chica pregunta sobre las inscripciones al Orfeón, “para una amiga”, dice. Raúl le informa los horarios, la etapa de aspirantes y las, aproximadamente, treinta canciones que debe aprenderse antes de estar en un concierto. El contraste entre esa joven chica y su, probablemente, joven amiga, con las canas e hijos de los orfeonistas Carolina y Eduardo, que charlan alegremente sobre sus más de veinte años en la agrupación, confirman la pluralidad y el encanto de un arte sin límite de edad.

 

 

 

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