Ante la imposición de un discurso único, en la literatura nacional se alzan múltiples voces

Ha habido un reimpulso de la literatura venezolana a partir de la crisis, puesto que ésta ha alimentado la necesidad de explicar y comprender un país. Dicho auge más que mostrarse en textos, se evidencia en lectores

foto-escritores

En la actualidad al venezolano le faltan muchas cosas: comida, servicios básicos eficientes, seguridad, capacidad adquisitiva, estabilidad económica, pero no las letras. Incluso cuando no recurran a ellas, incluso cuando las ignoren del todo, las tienen, y así pasen cien años antes de ser leídas (en la magnitud que cada escritor merece), los venezolanos, así sean los del próximo siglo, podremos sentirnos orgullosos de que los escritores cumplieron con su propósito.

A veces precarias, es verdad, otras en maduración, en crecimiento o formándose, pero siempre con la intención clara: retratar la crisis, retratar el hoy, no olvidar el conflicto que se vive. Las letras siguen proliferando en la situación de crisis y convergen precisamente en esta temática.

“En tiempos conflictivos como en los que vivimos, la literatura siempre actúa en nuestra ayuda. Y no tanto, como falsamente se piensa, porque nos abstraiga o nos enajene de la realidad, sino al contrario: porque la buena literatura, a pesar de sus detractores, que los tiene, nos vincula siempre con el mundo, con la vida”, destaca el editor español Manuel Borrás, en una entrevista realizada por Karina Sainz Bergo, quien se ha dedicado con minuciosidad a publicar textos venezolanos.

Carlos Pacheco, catedrático de la literatura nacional reconocido por su larga trayectoria en la crítica literaria, ya en el 2015 señalaba: “en los últimos ocho o diez años hay un desarrollo bastante vigoroso del cuento y novela venezolana. En las generaciones jóvenes hay premios importantes como el de Alberto Barrera que obtuvo el premio Herralde, y ha habido algunas publicaciones en el exterior, aunque todavía de una manera tímida. Podría nombrar diez narradores venezolanos que están escribiendo hoy en día que son de primera línea. Sin embargo, sigue siendo todavía una literatura de poco reconocimiento internacional, teniendo en cuenta la obra que han hecho esos escritores”.

Sin embargo, es muy pronto para llamarlo un auge o un boom de la literatura nacional. Héctor Torres, escritor venezolano que ha dedicado gran parte de su trabajo a la profusión de la literatura, opina que más que un auge de la literatura, se trata de un auge de lectores preocupados por el contenido que se produce en el país.

“Lo que pudo haber traído el tiempo es un desarrollo de la industria editorial local, que inicialmente eso vino dado por una necesidad de la gente de entender lo que estaba pasando. El chavismo fue una cosa tan inédita que las personas buscaban lo que no le podía ofrecer un escritor extranjero”, indicó Torres.

Este aumento de lectores que argumenta Torres fue corroborada por la Encuesta del comportamiento lector, acceso al libro y la lectura en Venezuela realizada por el Ministerio de la Cultura en el 2013, según la cual el 82,5% de los encuestados dijo leer algún tipo de publicación, mientras que un 50,2% de los mismos dijo preferir los libros.

Asimismo, el estudio publicado por el Centro Regional para el fomento del Libro en América Latina y el Caribe (Cerlalc), publicado el mismo año, colocó a Venezuela por encima de Colombia y México, naciones donde se leen, respectivamente, 2,2 y 2,9 publicaciones promedio al año.

Para el cronista reconocido por libros como Caracas Muerde y Objetos no Declarados, en Venezuela siempre ha habido buenos escritores, pero señala que no siempre se ha tenido un público lector tan vigoroso como el actual.

“Las políticas culturales que se han hecho para promocionar la literatura no han sido las adecuadas, unas políticas de subsidio errática, nunca se promocionó la lectura como tal, y sin lectores no hay literatura”, Héctor Torres.

Por otro lado, la profesora de literatura venezolana y castellano de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Central de Venezuela (UCV), Eritza Liendo, comenta: “Yo no creo que se haya escrito más o menos en la época de Carlos Andrés Pérez, o en la de época de Rafael Caldera. Lo que te puedo decir por mi experiencia como profesora de literatura es que hay cada vez más gente animada a escribir, a concursar, a hacerse un espacio en el ámbito de la literatura nacional”.

Para la catedrática de las letras, la literatura, como arte, responde siempre a un contexto social y siempre se va a ver permeada por éste. En este sentido, la literatura en tiempos de crisis no es una literatura en crisis sino una literatura sobre la crisis. De la mano de estas ideas, Torres se anima a comprar a la literatura venezolana actual con el cine de postguerra de Alemania o Italia, en donde predominaron, sin lugar a dudas, películas que resaltaban las precarias condiciones de vida de las naciones vencidas durante la segunda guerra mundial.

“Esto va a ser mañana la literatura de la crisis y lo va a ser durante muchos años más. Incluso todavía estos restos de chavismo que están a punto de desplomarse, terminan de desplomarse, y todavía este proceso de repensarnos va a durar 5 o 10 años más, porque todavía vamos a seguir preguntándonos cosas”, señala el escritor.

Y, desde el otro lado de la literatura, no desde su creación sino su estudio, parece confirmarlo Liendo: “Hay que dejar que el tiempo pase y decantar, porque ahorita estamos en pleno proceso”.

Jacobo Villalobos, estudiante de comunicación social y ganador del premio de Monteavila Editores para escritores inéditos 2015, también señala: “Creo que ha habido un auge, pues veo mucha gente que está escribiendo. Quizá es que hay una mayor necesidad de contar. Hay muchísimos jóvenes que están empezando a escribir”.

La literatura se está abriendo espacio en este período de crisis. Nos hace falta entendernos y nos refugiamos en lo propio. Para algunos, esta necesidad de entendernos desemboca en escritura, para otros en lectura.

“Son innumerables los autores que se han abocado a intentar comprender o retratar los nuevos tiempos que han colocado a la realidad upside down, en la que el absurdo y el padecimiento se transforman en cotidianidad”, escribía ya en el 2015 Pedro Plaza Salvati, crítico literario y articulista en el portal web Prodavinci, en su artículo ¿Auge de la literatura venezolana en tiempos de chavismo?

Por otro lado, Eduardo Verastegui, estudiante de letras de la UCV, señala que es público y notorio el vuelco que ha dado la literatura venezolana en los últimos años, no en la forma sino en el fondo. El también joven escritor comenta que la univocidad temática se puede ver en todos lados: “el único tema es la crisis, en todas sus formas”.

Es algo que comparte con Plaza Salvati, quien agrega en el mismo artículo: “De alguna manera, casi toda la literatura de la era chavista, aunque no se refiera directamente al comandante, es una metáfora de país”.

“El contexto siempre permea en ti. La literatura siempre es testimonial, siempre es autobiográfica, se quiera o no”, señala Torres a su vez, haciendo énfasis en que si bien el escritor no tiene un rol como ciudadano, el escritor no es tampoco un ser abstraído de la cotidianidad, sino una persona que convive con otras, que experimenta una realidad particular desde un punto de vista personal, pero no separado de los demás.

Como si se hubiesen puesto de acuerdo, lo secunda Jacobo Villalobos, quien agrega: “Yo creo que uno no se escapa de lo que ocurre en el país, no porque uno sea escritor sino porque uno es persona. Y si eso es así, cuando tu escribes, eso se va a manifestar de alguna manera”.

La precariedad ayuda al escritor. En un tiempo de crisis, éste puede ver una salida. Así ocurrió con Kafka, con Sabato, con Dostoievski o con Guillermo Meneses. La incertidumbre, la duda, la crisis y la necesidad suelen ser motores de acción, fuentes de vida para la creación artística, y en el contexto actual no es diferente.

“¿Quién es el habitante de Caracas? ¿Cómo vive atribulado en una ciudad con demasiados carros y autopistas? Son algunos de los temas que aparecen en la literatura venezolana. Y, por supuesto, la vida política está en la ciudad con toda la polarización entre partidos chavistas y antichavistas”, comentaba Carlos Pacheco en la entrevista ya citada.

Y es que de ahí viene la necesidad de literatura nacional y la proliferación de lectores que buscan esta literatura, de la necesidad de comprendernos a nosotros mismos, de la necesidad de escuchar más de una voz, todas las voces posibles. El venezolano actual quiere saber qué pasa en su país, comprender algo, incluso a sí mismo, en medio de todo lo que ocurre.

“Y es tan necesario porque es una manera de replicar voces en un tiempo en el que se quiere que una sola voz permanezca, es una necesidad de multiplicar las voces, multiplicar los testimonios y multiplicar la comprensión del momento”, comenta Héctor Torres.

“Yo creo que hay que escribir, porque escribir es dejar testimonio, y es importante siempre dejar testimonio”, lo acompaña Liendo.

Tal es el rol del escritor, dejar testimonio. Testimonio de sí, de su contexto, de la metáfora de país que puede producir entre sus líneas. Explicar la situación, desde su punto de vista subjetivo, tal y como la vive, para que otros, desde su propia subjetividad también, puedan comprender su propia situación un poco mejor; dejar un registro para que mañana se pueda entender lo vivido, no sólo como acontecimiento histórico, sino también desde un punto de vista más humano y cercano a la vida.

“Nosotros no podemos olvidar que la literatura es un arte, y como todo arte obedece a unas condiciones de producción: son producto de su tiempo”, enfatiza Liendo. Y como producto de su tiempo obedecen a su tiempo, y permiten la comprensión de su tiempo. Ya Miguel Otero Silva lo hizo con el tiempo de Gómez, y Julio Garmendia con los años posteriores, y luego vendría Cabrujas a narrar la dictadura de Pérez Jiménez y los años de democracia posteriores a través de la dramaturgia.

Es este el trabajo que están haciendo los escritores de hoy, los Torres, los Santaella, los Villalobos, los Barrera, los Cadenas y los Liendo. Entender un país, desglosar un contexto: si el escritor tiene un rol no es el del proselitismo ni el de una toma de postura, como lo haría un sociólogo o un político, sino el de explicar desde lo más subjetivo aquello con lo que todos nos encontramos a diario.

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