Emociones en el hogar se avivan con la crisis

Especialistas advierten que el deterioro social y los problemas económicos son los principales generadores de malestares psicológicos en los venezolanos. Las situaciones externas al hogar están repercutiendo negativamente en las dinámicas familiares

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Las emociones negativas están provocando rupturas en la familia venezolana. Imagen cortesía de: Emocionesaludables.com

Por José Manuel Iglesias

El deterioro social, económico y político que está sufriendo Venezuela desde hace algunos años, ha ido generando un constante desgaste psicológico en sus ciudadanos. Los indicadores apuntan a que el estrés, la ansiedad, la depresión y la frustración son la parte más vista de una ola de malestares que inciden en las dinámicas de socialización e interacción dentro del entorno familiar. Algunos de los venezolanos afectados señalan que, con la crisis, las emociones se han exaltado y las confrontaciones en sus hogares se han vuelto la regla y no la excepción.

Para Carlos Villarino, psicólogo clínico y social, el papel que juegan las emociones en un individuo es absolutamente esencial: “Las emociones intervienen de tal manera en la cohesión del vínculo familiar que pueden mantenerlo, modificarlo o incluso romperlo”. La sobrecarga que una situación de crisis puede tener dentro de un hogar, explica el especialista, genera un impacto tanto en la salud psicológica como en la emocional de sus miembros y, cualquier motivo, puede desestabilizar la tenue tranquilidad que se experimenta en casa.

Factores como la escasez, la incapacidad económica, la inseguridad y el debate político son los temas que más inquietan a los venezolanos. En el último estudio realizado por Hinterlaces el 37% de los encuestados dice sentir miedo por lo que pueda ocurrir en el país, el 72% asegura estar constantemente preocupado, mientras que las categorías: triste (48%), molesto (66%), frustrado (24%) y pesimista (42%), completan los indicadores negativos del estudio del Clima Socio-Emocional del país.

Frente a este panorama social, la situación intrafamiliar resulta menos alentadora. Tal es el caso de Hakeem Guevara, estudiante de 23 años, que asegura que las emociones en su casa se han exacerbado debido a la incapacidad de acceder a los bienes de primera necesidad. “Es una situación difícil de digerir porque en mi casa no solía faltar nada y ahora discutimos sabiendo que es por la desesperación de no conseguir productos básicos”, expresa Guevera y agrega que los problemas externos han ocasionado esos desencuentros.

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La escasez es uno de los principales generadores de malestares emocionales. Foto por: elimpulso.com

El joven recalca que, aun cuando en su familia se han generado acuerdos para buscar soluciones que satisfagan a todos los miembros, la tensión y la frustración siguen reinando en su hogar. “He tratado de crear una barrera para que esas emociones que traigo de la calle no lleguen a mi casa, pero me es imposible controlarlas a veces. Siempre llegamos a un punto en donde las emociones estallan y cualquier cosa activa el botón para comenzar una discusión”, asegura el estudiante.

Ante la incertidumbre de conseguir productos de la cesta básica y la falta de recursos para satisfacer una necesidad tan primordial como la alimentación, los conflictos en la familia venezolana se están expresando no solo en discusiones sino, además, en la ruptura de la comunicación empática entre sus miembros. “Si no tienes la capacidad para afrontar una situación que te adversa, te quiebras psíquica o físicamente”, subraya el médico psiquiatra Freddy Javier Guevara y destaca de forma tajante: “En venezuela tenemos emociones de personas en países que están en guerra”.

Aun así, llegar a un diagnóstico global resulta imposible. Para Villarino, la expresión de esos conflictos se circunscribe a cada grupo familiar en particular y a cómo estos echan mano de los recursos que poseen para adaptarse a los cambios. Existen hogares como el de Norelly Recine, que no presentan una disputa interna entre los componentes de su familia, pero los espacios de convivencia e interacción se han ido reduciendo cada vez más.

En mi familia hay un clima de tensión y no creo que estemos teniendo un manejo adecuado de la situación ni de las emociones. No es un tema que se hable, sino que cada quien lo lleva por su lado”, comenta Recine. Así como este caso, hay otros tantos que se ven marcadamente en los hogares venezolanos, donde los factores sociales están erosionando los vínculos familiares. “A diario con las agitaciones de la vida, los miembros pueden llegar a casa irritables y cansados, y si no hay un espacio para conversar o incluso disculpar el mal humor del otro, se afecta la dinámica de la familia”, manifiesta la psicóloga Yorelis Acosta.

Con respecto a ello, desde el 2010, Acosta ha venido realizando estudios para conocer cómo la crisis está repercutiendo en la estabilidad emocional y psicológica del venezolano. Sus estudios confirman que la población posee un estado de “sufrimiento social”, lo cual genera un aumento de las patologías mentales y de menos recursos psicológicos para su resistencia. “Hay un predominio de emociones negativas que aumentan y se combinan para dar como resultado síntomas, síndromes y enfermedades psicológicas importantes”, advierte la especialista.

Del tiempo en familia a las colas

Si hay algo claro es que el contexto que atraviesa el país está deteriorando la calidad de vida de las familias venezolanas. A nivel individual, la crisis del país genera diversos tipos de efectos en los miembros del hogar. “Los casos más comunes son los trastornos depresivos y de ansiedad, productos del estrés. Estos mantienen al individuo en un estado de alerta y desesperanza constante que va desgastando tanto su funcionamiento psíquico como el físico”, asegura Villarino.

Recine relata que los niveles de estrés, frustración y tristeza han aumentado tanto en ella como en sus padres, desde que la crisis económica se agudizó. Frente a ello, la chica asegura que sus salidas familiares se han desplazado dando paso a la, últimamente rutinaria, cacería de productos básicos en los distintos supermercados de Caracas. Similar situación tiene Hakeem Guevara, aunque el joven acusa que en su hogar los roles han cambiado y, junto con ello, la responsabilidad de cada uno de los miembros. “Me siento como el padre de la casa. Al tiempo que trato de progresar en mis estudios, pienso cómo ayudar y buscar soluciones para que todo en la casa esté y se maneje bien”, puntualiza Guevara y añade que, por tener que asumir esa nueva responsabilidad, las discusiones con su madre y hermana han incrementado.

Actualmente los factores externos al individuo tienen gran peso, y esos factores pueden potenciar enfermedades y episodios de violencia”, señala la psicóloga Acosta. Asimismo, los especialistas consultados coinciden en destacar que la actitud de las personas frente a la crisis, repercutirá en su comportamiento, en los resultados que obtengan y en las emociones que tengan para sobrellevar esa situación. Sin embargo, esta realidad depende de la clase social a la que pertenezca la familia. Para Atilio Romero, profesor de un seminario que estudia el proceso emocional en las comunidades humanas; la manera en cómo un hogar experimenta la crisis viene dado por su estilo de vida, su condición social y sus posibilidades económicas.

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El poder económico juega un papel fundamental en la estabilidad emocional. Imagen cortesía: elmediopositivo.com

Desde la óptica de Romero, las familias de clase media han sido las más afectadas. “Este sector está sufriendo porque tiene el peligro permanente de caer en la pobreza, y aún mantiene la expectativa de escalar en la pirámide social. Eso produce estrés y cambia el esquema de vida de estas familias”. Tal afirmación se puede avalar con la investigación realizada por Acosta el año pasado. Ante la pregunta “¿qué emoción predomina en usted en este momento?”, con un total de 2534 encuestados por todo el país, llama la atención las respuestas encontradas en la clase media y popular de Caracas. En el primer grupo, sobresalen la tristeza, el miedo y la rabia, mientras que en los sectores más pobres predominó la esperanza y la expectativa.

Una oportunidad para el cambio

Por más difícil que luzcan las circunstancias, para muchos actualmente, el cambio psicológico y emocional que están atravesando las familias venezolanas, será positivo. “Si hay algo que vamos a sacar de la crisis, es que los venezolanos tengamos un crecimiento psíquico”, asegura el también psicoanalista Freddy Javier Guevara.

El especialista reflexionando sobre la crisis, considera que antes el venezolano no tenía emociones negativas. Una vida sin preocupaciones, expresa Guevara, era la principal razón que le impedía a las personas conocer y asimilar sus emociones, entenderse a sí mismas y relacionarse con su entorno. De manera que frente a un contexto como el que se vive en el país, las herramientas para afrontar las adversidades eran inexistentes.

El último Instrumento de Evaluación de la Organización Mundial de la Salud para Sistemas de Salud Mental (OMS-IESM), publicado en el año 2.013, puede dar cuenta de esa desprotección psicológica. Según el informe, la salud mental en el país, en términos de gastos, sólo ocupaba un 5% del presupuesto nacional para los diferentes planes de salud. Y la creación, actualización o implementación posterior de las políticas en materia estaban desactualizadas o los fondos para su ejecución no habían sido asignados, por lo que su nivel de ejecución abarcaba un pequeño porcentaje de lo programado.

Sumado a eso, el término “Salud Mental” está ausente del Plan de Nacional de Salud para los años 2.013-2.019. Estas cifras, aunque no concluyentes, pueden dar un leve retrato de la grave situación asistencial que tiene la sociedad venezolana a nivel psicológico. Sin embargo, para Guevara, la necesidad de sobrevivir que impera hoy día en el país, está haciendo que las familias sean más cariñosas, solidarias y compasivas. “Eso es producto de haber comenzado a aprender a tolerar las emociones difíciles, vivir con ellas y aun así ser seres humanos”, precisa.

De hecho, Rosmary Gómez, madre de familia, ratifica lo expresado por el psiquiatra. “Como a todos, la crisis económica nos ha pegado fuerte pero aún con las carencias, tratamos de mantener la armonía en la casa”. La también trabajadora considera que, a nivel de comunicación en la familia, la situación del país los ha acercado más: “Estamos esperanzados de que todo esto pasará, y mientras hablamos sobre los pros y los contras, para ver cómo podemos hacer”.

Desde la Federación de Psicólogos de Venezuela (FPV), este tipo de momentos se deben rescatar en las familias. El ente, junto con la Red de Apoyo Psicólogo de la UCV, se ha manifestado en varias oportunidades con respecto a los daños psicológicos de la crisis, aportando, sobre todo, recomendaciones. Para Clara Astorga, miembro de la junta directiva de la FPV, la apuesta es esperanzadora: “Tratamos de aportar los conocimientos para que la sociedad logre pasar por esto. Estamos convencidos de que tenemos la fortaleza para soportar y cambiar esta situación”.

Astorga comenta que la federación brinda asistencia psicológica a bajo costo, para ayudar a quien lo necesite. Sin embargo, la psicóloga expresa que los números de sus consultas no han aumentado, sino que se han mantenido. “Sucede que hay personas que no pueden permitirse pagar la asistencia, por mínima que sea”, pero añade que hay otras unidades de apoyo que son más frecuentadas: “La iniciativa de Psicólogos Sin Fronteras brinda consultas gratuitas. Sé muy bien que ellos en este momento no se dan abasto con la cantidad de pacientes”.

Sociedad: el reflejo de las emociones en el hogar

El tejido social de una nación tiene sus propias reglas y costumbres para mantener una buena convivencia, y su soporte fundamental es la familia. Para la psicopedagoga, Irene Puigvert, la mala educación emocional que han tenido los niños en sus hogares, es lo que ha llevado hasta este punto la crisis en Venezuela. “Que las familias no hayan gestado la educación adecuada de su rol emocional, es la razón de que estemos viviendo el deterioro general que hay en el país”, expone.

La también profesora universitaria, está convencida de que parte de la crisis social se debe a la desarticulación que han tenido gran parte de las familias, sobre todo, de los sectores más populares de Venezuela, a lo largo de su historia. Con un ambiente familiar, señala Puigvert, que no aporte sino malos ejemplos para los niños y donde la compresión y conocimiento de las emociones sean reemplazadas por mera educación en modales, se tiene lo que se vive hoy día: carencias en la interrelación con otras personas.

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El vínculo familiar es esencial para el crecimiento emocional. Imagen por: abcdelbebe.com

El psicólogo Carlos Villarino, aunque no es tan taxativo como Puigvert para expresar su opinión con respecto a los factores que han llevado a la nación a este punto, sí está de acuerdo con la psicopedagoga al darle un lugar determinante al hogar. “El modelaje y el modelado de los individuos tiene un origen claro en el tipo de relaciones y vínculos que haya con sus padres en la infancia temprana y con los miembros de su entorno inmediato”, señala el especialista.

No obstante, para Villarino el comportamiento de una persona está ligado a muchos factores, no solo a su entorno familiar. “Eso que han aprendido en sus hogares se amplifica o se atenúa en función del tipo de relaciones sociales a la que luego es sometido”, explica el experto.  Frente a un espectro tan grande de posibles consecuencias, parece que todo apunta a que, en cierta medida, las emociones y su papel preponderante para una persona, puede acabar repercutiendo en las formas de interacción de toda una sociedad si no se manejan de forma adecuada. De ello la importancia de la familia para un desarrollo psicológico emocionalmente sano de sus miembros.

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