Modificaciones a símbolos nacionales promueven ideología del gobierno

En los últimos diecisiete años los símbolos nacionales han tenido diversos cambios. Dichos cambios poseen insuficientes argumentos históricos y esconden un trasfondo político implícito.

Oriana Chirinos

Desde que Hugo Chávez Frías llegó a la presidencia en 1999, Venezuela ha sufrido diversos cambios en sus símbolos nacionales y en la toponimia, u origen y significado de los nombres propios de lugares y territorios, del país. No solo el nombre de la nación cambió, de República de Venezuela a República Bolivariana de Venezuela, sino que muchos estados, la capital y sitios emblemáticos de ésta llevan, hoy en día, un nombre diferente.

Estos cambios han sido empleados para sustentar la ideología izquierdista actual y moldear la historia a conveniencia, según expertos como el historiador Juan Carlos Reyes y el sociólogo Carlos Raúl Hernández.

La historia como herramienta política

A pesar de que la mayor cantidad de cambios a los símbolos nacionales se han realizado en los último diecisiete años, este hecho no es una novedad. Juan Carlos Reyes, historiador de la Academia Nacional de la Historia y profesor de la Universidad Central de Venezuela, aclara el uso de la historia como una herramienta política de antaño.

De acuerdo al historiador, el culto a la guerra de independencia fue el primer intento en el país de utilizar la historia con fines políticos. Los regímenes decían apoyar las gestas heroicas con el fin de legitimar su gestión y generar simpatía en la población.

El presidente pionero del uso del culto a los héroes, aclara Reyes, fue Antonio Guzmán Blanco, quien creó el Panteón Nacional en 1874. Guzmán Blanco utilizó el culto al Libertador, Simón Bolívar, como una religión para convencer a las personas de la bondad de su gobierno.

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Panteón Nacional. Cortesía: radiomundial

Siguiendo los pasos de Guzmán Blanco se encuentra  Juan Vicente Gómez, quien aprovechó las diversas efemérides que coincidieron con su mandato –el centenario de la independencia, el centenario de la declaración de la independencia y el centenario de la muerte de Simón Bolívar-, para asegurar y enaltecer su gestión, comenta el profesor Reyes.

El historiador también relata la llamada “Semana de la Patria” creada por Marcos Pérez Jiménez, que consistía en una semana de celebraciones patrias donde los trabajadores públicos no laboraban. Otra evidencia de este uso de la historia se encuentra recopilado en el libro Mensajes Presidenciales (Balaguer, 1979), donde se muestra, en el discurso político, el seguimiento de la gesta independentista y de sus héroes como una manera de legitimar cualquier gobierno.

“El caballo reaccionario y la octava estrella”

El actual gobierno, sin embargo, se ha extralimitado en esos cambios, afirma Reyes, quien comparte las razones y argumentos expuestos por el también historiador Miguel Hurtado Leña, en su artículo El caballo reaccionario y la octava estrella. En él, Hurtado argumenta las causas por las cuales los cambios a los símbolos patrios no estaban justificados históricamente sino políticamente. Hurtado escribió que los cambios a dichos símbolos se habían realizado “en forma innecesaria, inconsulta y apresurada”.

Desde que el presidente Hugo Chávez comentó sobre la dirección del caballo blanco en la edición número 241 de Aló Presidente (noviembre 2015) hasta la aprobación de la reforma de la Ley de Bandera, Escudo e Himno Nacional (en Gaceta Oficial N° 38.394 y ahora Ley de la Bandera Nacional, Himno Nacional y Escudo de Armas de la República Bolivariana de Venezuela), pasaron escasos tres meses. Dicha reforma fue realizada a tiempo para coincidir con el bicentenario de la bandera (2006), que celebraba la primera vez que Francisco de Miranda la izó en 1806.

En cuanto a la bandera, el argumento utilizado para agregar la octava estrella fue el decreto del Libertador del 25 de mayo de 1811, como lo expone Hurtado en su artículo. Este decreto contenía la inclusión de la octava estrella en representación de la provincia, recién liberada, Guayana, en 1819. Sin embargo, Reyes y Hurtado cuestionan la inclusión de la estrella de Guayana y no las de Coro y Maracaibo, provincias liberadas posteriormente y que conformarían, junto con las otras ocho, la República de Venezuela.

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Bandera Nacional actual. Cortesía: Taringa

Reyes considera una “jugada muy astuta” el uso del decreto de Bolívar para la modificación, ya que es un argumento válido y comprobable. Sin embargo, la inclusión del carcaj, las flechas y el machete las considera “un contrasentido” luego de exponer las razones históricas que refutan la presencia de estos elementos en el escudo nacional.

El machete, explica Reyes, representaba a los esclavos que pelearon en las guerras de independencia y aclara que ellos no peleaban por la libertad de la nación sino por su libertad. Su lealtad le pertenecía a quien le ofreciera su liberación. El bando patriota ganó la batalla, pero no abolió la esclavitud hasta 1854 con José Gregorio Monagas. En ese aspecto, los esclavos fueron engañados y retribuidos tardíamente, además que su apoyo a la causa independentista estaba condicionado.

Por otro lado, Reyes comenta una historia similar con el carcaj y las flechas representativas de los indios. Los indios recibieron un territorio exclusivo para ellos en el cual la corona no tenía jurisdicción. Luego del éxito de la guerra de la independencia todos los ciudadanos eran libres e iguales, por lo que los indios debían pagar por sus tierras ya que no tenían el amparo de la corona. Al no hacerlo fueron despojados de ellas. Además, explica Hurtado en su estudio, los indios no tuvieron una participación decisiva en las guerras que llevaron a la independencia, salvo en la batalla de San Félix donde hubo 500 indios flecheros, según los registros históricos.

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Escudo de Venezuela actual. Cortesía: Google

Otro de los cambios criticados fue el cambio de dirección del caballo blanco. La antigua ley de los símbolos patrios rezaba que el animal debía estar mirando hacia la derecha de quien lo ve, como lo ordenan las normas de la heráldica, según las cuales los animales en los escudos deben mirar hacia al frente o hacia la derecha de quien los mira.

Para Juan Carlos Reyes, la razón de este cambio es “obvia y ridícula”, ya que evidencia la tendencia izquierdista del gobierno actual y utiliza argumentos históricos insuficientes para sustentarlo. El historiador critica la manera “burda” de utilizar la historia en función de los intereses del estado, un estado que dice representar los intereses de los “desposeídos e invisibilizados” y que busca que ellos se vean ilustrados en el machete y el carcaj del escudo nacional.

Del león a la boina

La capital de la república no ha sido ajena a estas modificaciones. Desde el cambio de su nombre en el 2002 a Municipio Bolivariano Libertador han surgido diferentes proyectos y argumentos con respecto a cambios pertinentes a los símbolos de la ciudad capital.

Ya en el 2005 el entonces alcalde mayor de la ciudad, Juan Barreto, afirmaba un error en la fecha de fundación de la capital. Según sus declaraciones la fecha correcta era el 3 de octubre de 1570 y no el 25 de julio de 1567, como rezan los registros históricos.

Esta afirmación venía impulsada por el deseo de cambiarle el nombre a la ciudad, ya que para Barreto el verdadero nombre era San Felipe, la cual solía ser un poblado indígena liderado por Guaicaipuro. En resumidas cuentas, el nombre de Santiago de León de Caracas (Santiago por el santo del día de su fundación y León por Ponce de León, el gobernador de Venezuela de la época), era un error histórico.

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Escudo de Caracas. Cortesía: La Patilla

El proyecto de los cambios al escudo de Caracas surgió en el 2013, según el concejal Jesús Armas. Sin embargo, había sido paralizado luego de la muerte del presidente del concejo municipal, Eliécer Otaiza. En el 2015 resurgió la iniciativa donde varios concejales oficialistas propusieron agregar una boina roja y la inscripción “4 de febrero” –en conmemoración al 4 de febrero de 1992- y quitar el león de Caracas.

A pesar de la exigencia de Armas de someter estos cambios a escrutinio público, los concejales oficialistas contrataron al artista Efraín “Chepin” López para rediseñar el escudo, el cual ya no posee el león. Entre los cambios propuestos se presentó el cambio de forma, ahora el escudo sería ovalado y en forma de arco y tendría los ojos de Hugo Chávez además de la boina roja.

El psicólogo Axel Capriles explica la justificación de estos cambios, afirmando que el poder tiende a reescribir la historia, de manera que se adapte a su narrativa y su visión. El hecho de que realicen tantos cambios a símbolos nacionales y a la toponimia nacional busca, a través de la modificación del espacio, reordenar la memoria y asociar imágenes y nombres a los ideales del poder.

Por otro lado, el sociólogo Raúl Hernández considera que la tendencia a cambiar nombres se evidencia mucho más en gobiernos revolucionarios, tanto de izquierda como de derecha, ya que emprenden un ataque a la “estructura simbólica del poder que les antecedió”.

Una estrategia política y comunicacional

La historia no solo ha sido usada como herramienta política.  El comunicador y profesor de discurso político, Pablo Antillano, explica que al abarcar símbolos inmediatamente pasa a ser pertinente su estudio desde la comunicación.

Antillano explica que los procesos que ofrecen proyectos radicales quieren un cambio total. Afirma que la revolución auspiciada por Chávez y sus seguidores era una representación, “un simulacro” de lo que ellos pensaban de los procesos revolucionarios del siglo XX: las “grandes banderas rojas, unificación con franelas de un solo color, grandes concentraciones y toda una parafernalia lingüística”.

Este simulacro, aclara Antillano, rondaba sobre conceptos que se suponen revolucionarios, conceptos sobre participación e igualdad. De ahí surge la modificación de los espacios externos, ya que el proceso era “una obra de teatro”, porque en el fondo, afirma el comunicador, no se estaba produciendo la transformación, no había participación, pero había que transformar los espacios porque “en una obra de teatro lo más importante es la escenografía”.

De allí, continúa el profesor, surge el cambio a los nombres de la nación, de la capital, a los símbolos patrios, al escudo de Caracas. Al ser un “simulacro” se cambiaron todos los símbolos externos, ya que cambiar los internos suponía una verdadera revolución, una participación activa y una democracia directa. Por ello, finaliza Antillano, todo el proceso de cambio consiste en una operación comunicacional en beneficio de los ideales del gobierno actual.

 

 

 

 

 

 

 

 

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