Los CLAP aumentan la desigualdad social en los venezolanos

ALIMENTACIÓN Crece el resentimiento entre quienes son beneficiados y los excluidos

Las decisiones que toma el gobierno ante la crisis no son lo suficientemente amplias para beneficiar a todas las personas que viven en el país. Favorecen a unos, pero no a todos. La falta de alimentos y la inflación, registrada por el Banco Mundial en el 2015 en 121%, va vaciando las neveras venezolanas, sin saber cuándo volverán a llenarse

 “Los CLAP van dirigidos a las personas de escasos recursos, ¿y el resto? ¿Cómo pueden comprar esos productos? ¿A dónde van y los consiguen? ¿Dónde están que no los veo? Ahí hay exclusión concreta de gran parte de la población”, señala la profesora universitaria Elizabeth Rojas.

 El 13 de mayo de 2016 el Presidente Nicolás Maduro anunció el Estado de Excepción Constitucional y de Emergencia Económica, publicado en gaceta oficial. En el artículo 2 del decreto se estable “la correcta distribución y comercialización de alimentos y productos de primera necesidad” a través de los Comités Locales de Abastecimiento y Distribución (CLAP), incluso mediante la intervención de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, con el objetivo de mantener el orden público y garantizar la seguridad y soberanía en el país.

De acuerdo con Jiuvat Jeova Huerfano, Encargado Nacional de los CLAP y Coordinador Político de Freddy Bernal, las bolsas de comida “solamente distribuyen el 20% de lo que ingresa en alimentos al país en los sectores más vulnerables”. Según el funcionario público, el resto de la población puede acceder a los productos en centros comerciales y abastecimientos.

Sin embargo, la Constitución de la Republica Bolivariana de Venezuela establece en el artículo 305 “la disponibilidad suficiente y estable de alimentos y el acceso oportuno y permanente” a toda la población.

Una sociedad empobrecida

El Instituto Nacional de Estadísticas, señala en el 2015 que únicamente el 19,7% de los hogares venezolanos se encuentran en pobreza por necesidades básicas insatisfechas.

En ese mismo año, la Encuesta sobre Condiciones de Vida (Encovi), realizada por la Fundación Bengoa, USB, UCV y UCAB señaló que el 82% de la población considera que sus ingresos no son suficientes para comprar comida. De acuerdo con este informe, la pobreza aumento un 81% y 34.4% de los venezolanos se encuentra en pobreza reciente.

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Cortesía de Patria Grande

Por otra parte, las últimas cifras del Banco Central de Venezuela, en septiembre de 2013, señalan que la manufactura de alimentos disminuyo un 1,3% respecto al 2012, mientras que el informe de la Cámara Venezolana de la Industria de Alimentos (Cadivea) señala que la producción mensual comenzó a caer en enero de 2016 de 16% a 21,8%, en el mes de abril.

De acuerdo con el Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros (Cendas-FVM) la canasta básica alcanzó los 277.432,88 Bs en el mes de junio, por lo que se requieren 18 salarios mínimos para adquirirla.  

Carlos Peña, Director del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales Rodolfo Quintero, señala que para el ciudadano promedio todo esto se traduce en que “no puedes cubrir las tres comidas básicas, entras en pobreza crónica porque el salario no te alcanza para tus necesidades. Se puede aumentar el salario mínimo pero eso no sirve para nada sino combates la inflación”.

Para Peña, los CLAP son un elemento que ni siquiera cubre las necesidades del sector al que están destinados. El profesor, explica que la pobreza que disminuyo durante el gobierno de Chávez ahora ha aumentado. “¿Como una vez al mes una familia de 5 personas va a comer? Le alcanza para una semana,  dos o tres días, pero hasta ahí”.  

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Cortesía de Infobae

De tin marin

Ximena Olivier es madre soltera. Vive en la Avenida Fuerzas Armadas junto a su padre y su bebé de 12 meses.

En su conjunto residencial crearon un consejo comunal hace dos meses. Desde entonces las bolsas de los CLAP han sido anunciadas en tres oportunidades pero no fue hasta hace un mes que se dio la primera distribución.

 “Le habían garantizado a todas las personas la bolsa de comida, pero eso fue en la teoría. En la práctica, sólo le llegó a algunos. Dividieron la Torre San José en tres grupos y únicamente pudo comprar el grupo A”, comento Ximena, quien desconoce si esta medida fue tomada por los representantes de los CLAP o por las autoridades. “Yo creo que fue el consejo comunal con las directrices del gobierno. La explicación que dieron es que no habían suficientes productos para todos”, señala la mujer, aunque desconoce si es cierto.

El día de la entrega las personas debían dirigirse a PDVAL y revisar si aparecía su nombre en un listado para saber si les tocaba comprar. Por suerte, su padre estaba en la cartelera: ese día les tocarían los CLAP.

En el Oriente del país, Yurmaris Zanardo no contó con la misma suerte. Tras esperar por meses las tan deseadas bolsas, el día de la entrega su familia quedo con las manos -y las despensas- vacías.

“A nosotros no nos la dieron. Llegaron al consejo comunal pero nos dijeron que como nos unimos hace poco no nos tocaba todavía. Que no había llegado nuestra bolsa”, señala Yurmaris.

En diciembre de 2015 su urbanización fue anexada al consejo comunal de la zona, que tiene más de diez años organizado. Durante marzo y mayo recibieron paquetes de toallas sanitarias y pañales por el consejo comunal.  Cuando la comida llego a finales de junio la historia fue otra.

Los voceros del consejo comunal les explicaron a las 10 familias, que no recibieron las bolsas, que ellos no estaban dentro del censo. A lo que Yurmaris añade que “anteriormente nos habían llegado los productos sin problemas. Siempre están diciendo que somos opositores, que somos unos infiltrados, que estamos en contra del proceso. Entonces no sabemos si eso fue lo que prevaleció o que realmente las bolsas no llegaron”.

Jiuvat Huerfano, coordinador político de Freddy Bernal, explica que una vez registrado el consejo comunal se envía al sector el número total de bolsas para todas las familias dentro del censo, sin que quede alguna por fuera.

Huerfano, considera que los CLAP  son “un mecanismo revolucionario porque incorpora a la gente en una lucha que no veía de manera altruista. Se incorpora al poder popular para que sea tu amiga, tu vecina, tu gente que, efectivamente, conoce tus necesidades”.

Por otra parte, para Carlos Villarino psicólogo social, este sistema de distribución “aumenta la diferencia entre los grupos, el resentimiento, la envidia y la rivalidad entre los que son beneficiados discrecionalmente y los que son excluidos por no declarar públicamente su adhesión al proyecto político del gobierno”. Del mismo modo en que fomenta actitudes que pueden ser deshonestas e implican la pérdida de la dignidad personal a cambio de una bolsa de alimentos regulados.

Casos como el de Yurmaris (o los vecinos de Ximena) se multiplican en todo el territorio nacional. No siempre es la buena fe y las ganas de ayudar las que guían a las personas y, entre tanto, la pregunta es: ¿Qué pasa entonces con esas bolsas que no se entregan?

Zonas de silencio

 En una barriada caraqueña, dentro de la parroquia Sucre, vive Isabel Vázquez. Hace casi dos meses se creó la comisión de los CLAP en su comunidad pero por diferencias personales de los miembros, todavía no han logrado registrarla.

“Hay una situación de división del mismo consejo comunal. Aparecen registrados dos grupos para el mismo sector, por lo que no será registrada la comisión hasta que no haya un acuerdo para ver quiénes son las personas idóneas para trabajar dentro de los CLAP”, informa Isabel, representante de UNAMUJER dentro de la comunidad.

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 Ninguna de las 390 familias del sector podrá recibir la bolsa de comida hasta que los dos grupos solucionen sus diferencias. Mientras tanto la espera se hace eterna, especialmente si se tiene el estomago vacio. Las personas no saben, a ciencia cierta, si algún día les llegaran los CLAP, y es que en esta comunidad las bolsas de comida se han convertido en un rumor que va de boca en boca, y que todos esperan con ansias.

A dos calles de Isabel vive el Concejal William Contreras, encargado de la distribución de los CLAP en la parroquia Sucre. “Él no desconoce la situación, sin embargo, estamos a la espera de lo que él va a hacer. Al señor no se le ha visto la cara en este sector. Hemos sabido que él forma parte de la gente del CLAP pero hasta ahí”, señala Isabel.

De acuerdo con Huerfano, el sector es parte de lo que el gobierno nacional denomina como Zonas de Silencio “son esas comunidades donde no hay Consejo Comunal, ni ningún tipo de organización y por lo general son las más vulnerable”. Por eso, pese a cumplir con las características socioeconómicas del gobierno para ser un sector priorizados las bolsas de comida todavía no han llegado.

“Donde hay organización social y es vulnerable la zona, yo te puedo garantizar que llega el alimento. Por ejemplo, en la parroquia Sucre, se hacen de manera regular 66 jornadas de alimentos. Se atienden, aproximadamente 300 familias por jornada”.

 A unos kilómetros de distancia, en el centro de la candelaria hay un consejo comunal que tiene cerca de tres años constituido. Hace tres meses se realizó la primera –y única- entrega de las bolsas. Desde entonces, los miembros de la comunidad no han recibido más información al respecto.

 “En la última reunión que se hizo en Parque Central, lo único que se nos dio a conocer es que nosotros pasamos a ser zona no prioritaria, en función de que no hay la necesidad. Dicho esto por voceros de los consejos comunales adeptos al gobierno. Manifiestan que somos zonas de silencio, como un código para indicar que somos zonas de oposición” explica José Joaquín Avendaño, presidente del consejo comunal de su conjunto residencial.

José considera importante que las comunidades se organicen y que se debe rechazar que esas organizaciones sean utilizadas por los partidos políticos, como ocurre con los consejos comunales. “Es decirle a la gente: te vas a organizar porque a través de esa estructura es que yo te voy a dar la comida. Hay que borrar ese chip de que a través del consejo comunal te van a dar algo, porque esa es la intención de todo gobierno que intenta controlar las cosas y ese te van a dar a algo ahora se ha convertido en alimentos”.

Una estructura de exclusión y dominio

Para Carlos Villarino, la relación de la mayoría de los venezolanos con la comida es de angustia y preocupación por si podrán conseguir o no lo necesario para alimentar a sus familias.

“El control por parte del Estado de la distribución de los alimentos básicos a través de los CLAP fomenta actitudes y sentimientos dañinos entre aquéllos que están sujetos a estos comités para poder conseguir sus alimentos. Primero, es la instrumentalización del hambre y de las necesidades más primarias de población a favor de una determinada tendencia política e ideológica. Segundo, como la distribución no está garantizada, fomenta actitudes desesperadas por parte de la gente para hacerse con ese beneficio”.

La socióloga María Mercedes Boada considera que en la actualidad existe una violencia simbólica a través de la comida entre dos actores: quienes tienen hambre y quienes tienen el poder de los medios de producción, en este caso el Estado. “Cuando se le quita un plato de comida se está castigando. No hay peor castigo que darle de comer a un niño algo que no le gusta, lo mismo pasa con los adultos”.

Por otra parte, para la profesora universitaria Elizabeth Rojas, el sistema de exclusión, control y dominio de los CLAP está sustentado en el discurso. “Aquí la noción de pueblo está destinada a una parte de la población, ahí no estamos todos. Evidentemente, esa idea de pueblo en teoría no está excluido, en la práctica en sí”.

Rojas opina que “en la cabeza están las ideas y vivimos de muchas ideas,  probablemente. Pero donde estamos todos compartiendo es cuando se afecta el estomago, y se está afectando aunque ya habían pasado antes por las ideas”.

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