Escasez de alimentos en Venezuela incrementa la desnutrición en infantes

Entre mayo y junio de 2016 la cifra de niños hospitalizados debido a las graves fallas en su alimentación ascendió a 32. Los factores que han influido en esta problemática son diversos, pero uno de los más importantes ha sido la desaparición progresiva de productos de primera necesidad de la canasta básica alimentaria

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Fotografía cortesía: El Nacional

“Mis hijos comen dos y a veces tres veces al día; depende de lo que consiga”. “Estoy embarazada; en mi familia completa comemos dos veces al día”. “Hago todo lo posible por darle comida a mi hija; Dios siempre me ha ayudado”. “Si consigo pasta, comeremos eso, sino arepa con mayonesa porque es lo único que tengo en mi casa”. Estos son algunos de los testimonios, prueba de las angustias que embargan a los padres venezolanos cuando de hallar la comida para sus hijos se trata. Esta realidad, se ve reflejada en esas voces que evidencian la crisis alimentaria producto de la escasez, la inflación y los altos precios de la canasta básica.

Ante la problemática actual de desnutrición infantil, Maritza Landaeta, médico nutricionista y coordinadora de investigación en la Fundación Bengoa, señala: “los grupos más vulnerables en una sociedad cuando se presentan estas situaciones, son los niños menores de 2 años, los niños escolares, las mujeres embarazadas y los adultos mayores”.

Asimismo, explica que en estudios realizados recientemente por la fundación de la que es miembro, los índices de desnutrición infantil se han incrementado progresivamente. “El aumento del porcentaje de desnutrición en los niños, ha venido creciendo exorbitantemente desde el año 2013. Durante el año 2015 se posicionó en 12% y actualmente, ya alcanza el 25% de niños que presentan algún tipo de déficit nutricional”, apuntó.

En investigaciones realizadas durante el primer semestre de 2016, por parte de la Fundación Bengoa, en diversas zonas del país, entre las que resaltan: Caracas, Mérida, Miranda, Apure y Maracaibo, se pudo constatar que, los índices de desnutrición infantil aumentaron conforme el estrato social era más bajo.

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Foto cortesía de: Diario El Nacionalista

“En ciudades como Caracas y Maracaibo el porcentaje de desnutrición se ubica en 12,6%, mientras que, en las barriadas más pobres, como por ejemplo las de Guarenas, Guatire, La Guajira y Los Valles del Tuy, los índices se disparan y conseguimos que 27 de cada 100 niños tienen problemas de déficit nutricional moderado, o crónico”, así lo expuso la especialista, Maritza Landaeta.

Este fenómeno social responde a diversas razones, en las cuales coinciden tanto Landaeta, como la nutricionista y directora del Observatorio Venezolano de la Salud (OVS), Marianella Herrera. “La alimentación de todos en general es una alimentación de sobrevivencia por muchas razones, pero entre las que más destaca el altísimo nivel de escasez de rubros de primera necesidad y el desabastecimiento que tenemos en el país”, enfatizó, Herrera.

En contraposición a estas especialistas, Belén Guerrero, jefa de área de Gestión Comunal de la Gerencia de Gestión Socialista, del Ministerio del Poder Popular para la Alimentación (MPPA), sostiene que la crisis alimentaria radica en la llamada “guerra económica” que, se ha incrementado debido a la poca importación de materia prima por parte de las empresas privadas, afectado así la producción suficiente de alimentos.

“Esta situación de crisis se debe principalmente a la guerra económica y a que ya no se están importando tantos rubros a través de los comercializadores privados, descendiendo así su capacidad productiva”, así lo expuso Guerrero, quien posteriormente agregó que: “el Estado es el que se ha estado encargando de hacer la distribución y evidentemente, este no tiene toda la cantidad de alimentos para solventar esta situación”.

Daño colateral.

Hoy día, a parte del fenómeno de la escasez de los principales rubros de la canasta básica, existen otros factores económicos que han influido contundentemente en esta problemática y que han generado una “restricción de la libertad de compra”.

En este punto, es oportuno considerar como referencia, el precio de la canasta alimentaria en mayo del presente año (2016), en el que puede observarse que, según cifras del  Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros (CENDAS-FVM), esta se posicionó en Bs. 226.462,17, lo cual representó un aumento de 22,5% con respecto al mes anterior (abril), en el que se ubicaba en Bs. 184.906,35.

Esto quiere decir que, para que una familia venezolana –compuesta en un promedio de cinco integrantes- pueda adquirir la canasta básica alimentaria, debe disponer de al menos 15 salarios mínimos.

Actualmente, existen familias que solo tienen una fuente de ingreso en el hogar, como lo es el caso de Fátima León,  quien además de estar desempleada y depender solo de su esposo, es madre de un niño de 2 años de edad y una niña de 7 años. “mis hijos comen a diario dos veces y dependiendo de lo que consiga, comen tres. A la edad que tienen necesitan tomar leche, pero cuando la encuentro, es ‘bachaqueada’ a Bs. 3.500. A veces cuando no tengo para pagarla, o no la consigo, se la sustituyo por Nestún para no dejarlos pasando hambre, pero igual es costoso. El dinero no me alcanza hasta final de mes”.

Ahora bien, trayendo a colación el incremento del 30% del sueldo mínimo básico mensual venezolano realizado el 1 de mayo del presente año, por decreto presidencial  Nro. 2.307, según Gaceta Oficial Nro. 49.893, este se posicionaría en Bs. 15.051,15. Añadiéndole a este el aumento del cestaticket, bajo el mismo número de Gaceta, pero a través del decreto Nro. 2.308, este alcanzaría los Bs.18.585. Esto sumaría un total de Bs. 33.636,15.

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Foto cortesía de: http://www.analítica.com

Esta presentación referencial del salario mínimo actual y del ticket de alimentación, indica entonces que, en comparación con el costo de la canasta básica alimentaria para mayo de 2016, un ciudadano venezolano solo podría acceder a menos del 20% de los rubros que componen dicha canasta.

Ante esta grave situación, la especialista en dietética y nutrición, Yngrid Candela, quien a su vez es investigadora docente del Centro de Estudios del Desarrollo de la Universidad Central de Venezuela (CENDES-UCV), explica la relación entre salario mínimo mensual, el alto costo de canasta básica alimentaria y el impacto de este fenómeno en la alimentación de los niños.

“Un salario mínimo no te dice que tú tienes acceso a los alimentos. Hay algo que se llama ingreso real, que es a lo que tú tienes acceso con lo que ganas definitivamente y el costo de la canasta solo nos habla de pobreza alimentaria”, enfatizó Candela.

Asimismo, la especialista sostiene que la pobreza es medida mediante una línea de ingreso, la cual señala que cualquier ciudadano debe disponer de un ingreso adecuado para cubrir una canasta básica y en caso de que el costo de esta no pueda ser cubierto, puede decirse que es un hogar en extrema pobreza. “Esto es delicado porque las familias prácticamente no tienen acceso a la leche, como alimento vital para el desarrollo adecuado de los niños, ni a los productos derivados de esta por su alto costo”, concluyó la investigadora de CENDES-UCV.

La Encuesta sobre Condiciones de Vida en Venezuela 2015 (ENCOVI), señala que, el 49,9% de la población vivía en pobreza extrema, lo cual quiere decir que sus ingresos eran insuficientes para acceder a la canasta básica alimentaria. Al mismo tiempo, la encuesta reporta que el 23,1% solo era pobre; lo que arroja un total de 73% de los hogares en situación de pobreza.

Medidas que se quedan cortas.

A lo largo de los 16 años de la llamada revolución, son variadas las políticas públicas que se han implementado en materia alimentaria y cuyo objetivo final parece disiparse y perderse en papeleos burocráticos depositados en algún archivo de la nación. Prueba de esto es la actual crisis alimentaria que afronta la nación y que arrecia cada vez con más fuerza.

Belén Guerrero, expone: “las estrategias empleadas para la solución del problema, se han basado en la creación de fondos de distribución de alimentos de entes como Mercal, Pdval, Bicentenario, a través de las gobernaciones y otras instancias estadales como la Fundación de Desarrollo Endógeno Agroalimentario (FUNDECA)”.

Asimismo, la jefa de Gestión Comunal hizo énfasis en que una herramienta importante dentro de la llamada guerra económica, eran los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), a través de los cuales, actualmente se cubre el 80% de la población, pero afirma que este proyecto es solo un “sugerido de alimentos” que intenta sopesar la actual crisis.

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Foto cortesía de: http://www.lagranciudad.net

Según datos de la ENCOVI-2015, solo el 25% de la población se reporta como beneficiario de alguna misión (siendo la Misión Mercal la de mayor preponderancia), mientras que un 73% de la población asegura no ser beneficiario de ninguna de estas.

El informe reseña que actualmente no se está en presencia de crecimiento de programa sociales, sino de personas que necesitan de los que están –principalmente los referidos a alimentación-. Esto representa una indiscutible crisis de ingresos, pues el sueldo es insuficiente para cubrir necesidades que no sean subsidiadas por el Estado.

La especialista de la Fundación Bengoa afirma: “las medidas que el Estado ha tomado, están muy fuera de la realidad, porque si este tuviera un diagnóstico real de la situación nutricional del país, nunca hubiera inventado los CLAP. Estos a nuestro juicio, son indicadores del claro fracaso de la política alimentaria del país, porque no se prioriza la alimentación de los grupos más vulnerables”.

Del mismo modo, Herrera respalda esta opinión y agregó: “desde el punto de vista nutricional, debería existir una fuerte campaña que promueva la lactancia materna. Esto sería una buena manera de mejorar la alimentación de los bebés”.

Consecuencias catastróficas.

No solo Venezuela ha atravesado etapas alimentarias críticas, sino también diversos países alrededor del mundo, siendo estos, fenómenos que han sido estudiados y uno de los más importantes fue la hambruna holandesa después de la Segunda Guerra Mundial.

A partir de este hecho, la directora del OVS afirma: “los resultados de las investigaciones que se hicieron de tal hecho, arrojaron que los niños de bajo peso al nacer y los que habían estado sumamente desnutridos a temprana edad, tuvieron un incremento en el desarrollo de enfermedades como: la obesidad, la diabetes tipo dos e inclusive las de tipo cardiovascular. Ahora, imagina las proyecciones futuras sabiendo que la primera causa de mortalidad en Venezuela son las enfermedades cardiovasculares”.

A través de las declaraciones de Saira Battaglini, fundadora del Centro de Atención Nutricional Infantil Antímano (CANIA) y principal nutricionista del Centro de Especialidades Nutricionales “Hipólita Bolívar”, se pudo constatar que el índice promedio de hospitalización, a causa del déficit por desnutrición primaria, durante el año 2016 se incrementó exponencialmente.

Esto quiere decir que, el Instituto se ha visto en la necesidad de internar a infantes, cuyo estado de desnutrición es crónico, pues presentan edemas, hinchazones en todo el cuerpo y cuadros de salud bastante críticos debido a la poca, o nula alimentación.

“Entre mayo y junio fueron ingresados y hospitalizados por déficit nutricional 32 niños, a los cuales lamentablemente no se les pueden hacer exámenes especializados, porque no contamos con ni con los especialistas, ni con los equipos. Por esta razón, deben ser referidos a otros centros de salud”, expuso Battaglini.

Adicionalmente, la nutricionista Landaeta, explica las graves consecuencias que afrontarán el Estado y la sociedad venezolana, debido al incesante incremento de la desnutrición infantil. “La falta de proteínas y micronutrientes en los niños menores de cinco años, origina una de las desnutriciones más graves, pues el crecimiento del cerebro se ve severamente comprometido y esto, se traduce en niños que presentan retardo en el crecimiento físico y peor aún, en su desarrollo cognitivo”, enfatizó.

De la misma manera, la investigadora aseveró que las probabilidades de observar una generación de niños con diversas discapacidades, debido a la agresión temprana en su alimentación, son altas. “En 15 años se verán adultos con capacidades productivas ínfimas, que vayan quedando rezagados y muy probablemente, se inserten en la economía informal. Este es un costo demasiado alto, desde el punto de vista de salud pública para un país”.

Son diferentes las leyes que respaldan el derecho a la alimentación oportuna y de calidad en Venezuela. Entre estas, se encuentra la Carta Magna venezolana (artículo 305°), la Declaración de los Derechos Humanos de 1948 (artículo 25°) y respectivamente, el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (PIDESC) de 1966 (artículo 11°).

Maritza Landaeta afirma que actualmente se violan todos los derechos fundamentales dispuestos en la Constitución, referentes a la alimentación. “Los gerentes del gobierno están en el deber de cumplir a cabalidad el derecho a la alimentación de todos los niños. Esto no es un regalo que le hacen a la población, es un derecho que respalda nuestra constitución”.

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