Oficios antiguos sobreviven en Caracas

En las calles de Caracas sobreviven oficios de siglos pasados. Algunos han desaparecido, se han deprimido o reinventado. Fruteros, chicheros, limpiabotas, zapateros y amoladores todavía hacen presencia en la ciudad capital

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Fotografía: Mariana Souquett (MS)

En la esquina El Conde del centro de Caracas —frente a la biblioteca Simón Rodríguez y la Casa Amarilla— está la silla de un señor delgado, de tez morena, canoso y bigotudo: Víctor Rodríguez, quien tiene dieciocho años trabajando allí como limpiabotas. Es la única persona en su familia que se dedica a eso. Antes fue obrero, albañil y carpintero. Cambió de oficio porque cree que hay que hacer muchas cosas para ganarse la vida. En una pequeña caja de madera guarda un potecito con agua, cepillos, pañitos y limpiadores cremosos de color negro y color café (betunes), las herramientas que usa para dejar los zapatos limpios y brillantes. En una zona rodeada de oficinas, abogados y diputados, tiene clientes “unos días sí y otros no”. Dependiendo del día les cobra entre 200 y 250 bolívares. A veces llegan unos nuevos, pero casi siempre vuelven los mismos.

También es posible encontrar lustrabotas en otros sectores de la ciudad, aunque ya no son tantos: frente a la Torre Impres en El Rosal; en el boulevard de Sabana Grande; en el Pasaje Zingg y en la Plaza Bolívar.

En la actualidad, según cifras del INE (Instituto Nacional de Estadística) para diciembre de 2015 un 40,1% de la población ocupada formaba parte del sector informal de la economía. Es decir, más de 5 millones de venezolanos laboran en empresas con menos de cinco personas, servicio doméstico, por cuenta propia (buhoneros, carpinteros, conductores, etc.) o como ayudantes no remunerados con 15 horas o más semanalmente. Algunos de estos comerciantes informales se han vuelto parte de la ciudad, hasta convertirse en tradición. Fotografías, crónicas y esculturas de inicios del siglo pasado muestran a vendedores de raspados y guarapos, fruteros, zapateros y limpiabotas. Además, en el siglo XIX estaba la figura del alarife (maestro mayor de construcción: albañil, carpintero y herrero).

Guillermo Schael, historiador caraqueño, publicó una gran cantidad de libros acerca de la ciudad.”No hace mucho tiempo de las cargas de frutas, leche, pan y carbón, en burros y carretas”, comentaba en su libro Caracas: la ciudad que no vuelve, el cual contiene fotos de fruteros y repartidores de leche. En otro de sus textos, L.Q.Q.D. (Lo Que Queríamos Demostrar), recopila entre sus fotografías las de un raspadero, un repartidor de pan, un vendedor de conservas y un chichero en la década de los 30 del siglo XX.

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Carrito del señor Piñango/ Fotografía: MS

Es precisamente el oficio del chichero uno de los que ha sobrevivido hasta hoy. Tal es el caso de Carlos Piñango, quien con 71 años tiene un trienio como chichero. Antes era policía de la Disip (Dirección de los Servicios de Inteligencia y Protección, ahora Sebin, Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional). Empieza a trabajar a las once de la mañana cerca de su casa. Saca su carrito del estacionamiento y lo coloca en la calle Los Abogados frente a la avenida Las Ciencias en Los Chaguaramos. Su negocio no es de familia, pues todos sus hijos son profesionales. Decidió dedicarse a eso porque ya era mayor, no tenía trabajo ni carro y vivía cerca. Entonces se le “prendió el bombillo”: sacó el permiso de la alcaldía, el permiso de sanidad y el permiso de tránsito.

Cuando comenzó, la chicha pequeña costaba 10 bolívares. Ahora está en 150. En menos de cinco minutos vendió seis vasos. A las dos de la tarde puede agotarlo todo. Sus principales clientes son las personas que siempre pasan por ahí y ya lo conocen. “Gano bien pero trabajo duro. Conseguir la leche, el azúcar y el arroz es problemático. Hago trueques. Yo consigo pañales, café —y yo no tomo café— entonces los pongo aquí (encima del carrito) y los cambio por leche en polvo”, indicó. Se esfuerza porque es un trabajo rentable: vende aproximadamente 120 chichas por día. Si tiene leche, azúcar, arroz y vasos, se coloca de lunes a viernes (excepto los miércoles que es el día de parada del municipio).

Los cronistas de la ciudad

En 1945 el Concejo Municipal de Caracas creó oficialmente la figura del cronista de la ciudad. El primero fue el famoso escritor, periodista e historiador Enrique Bernardo Núñez. Sus sucesores fueron Mario Briceño Iragorry, Guillermo Meneses, Guillermo José Schael y Juan Ernesto Montenegro. Antes de ellos, poco tiempo después de la fundación de la ciudad, estuvo un soldado versado en letras de apellido Ulloa, quien se encargaba de escribir los principales acontecimientos de la villa.

Actualmente, la Ley Orgánica del Poder Público Municipal establece en su artículo 123 que cada municipio del Distrito Capital podrá crear la figura del cronista, cuya misión es recopilar, documentar, conservar y defender las tradiciones, costumbres y hábitos sociales de su comunidad.

El cronista del municipio Libertador desde el año 2002 es Guillermo Durand González, historiador y profesor de la Universidad Central de Venezuela (UCV). “Hay tres formas de ver el caso de los oficios. Unos que están obviamente desaparecidos, otros que podría decirse que están deprimidos por las circunstancias y otros que se reinventan o se llegan a revitalizar. Un oficio profesional que logró la connotación de tradición era el oficio de tapicero, que no hacía otra cosa que expandir la utilidad de algún mueble”, explicó. El tapicero caraqueño desapareció principalmente por no contar con tachuelas, gomas, pegamentos, cueros y semicueros necesarios para prestar su servicio.

Durand señaló que también había canjeadores, individuos que cambiaban peluches y otras cosas insignificantes por oro roto. Ellos se anunciaban y la gente les cambiaba cualquier cosa. Los cobradores ambulantes tampoco existen. “Los más pintorescos eran los de las funerarias, iban con unas tijeritas y la gente iba pagando su tumba, su descanso eterno, por cuotas y muy por adelantado”, recordó.


(Escuche aquí la entrevista completa a Guillermo Durand)

El caso del frutero

Uno de los oficios que todavía están presentes es el del frutero. Un ejemplo lo es Pedro Yegres, quien tiene treinta años como vendedor frutas en la avenida Francisco Lazo Martí de Santa Mónica, municipio Libertador. El negocio ha estado allí más de medio siglo y es uno de los más emblemáticos de la zona. Abre temprano en la mañana y cierra aproximadamente a las cinco de la tarde. Piñas, lechosas, patillas, fresas, duraznos y parchitas son algunas de las frutas que dan color a su carrito. Provienen del interior del país: Maracay, Valencia y Puerto La Cruz. La más vendida es el cambur. Yegres también vende tizana, huevos y queso blanco.

Además de este tipo de frutero, hoy es posible ver camiones con frutas en esquinas de Caracas. Cada vez con mayor frecuencia aparecen vendedores de mandarinas. Frente a la Universidad Bolivariana, en las Tres Gracias o en Bello Monte es fácil toparse con alguno de ellos.

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La frutería del señor Pedro / Fotografía: MS

Otros oficios

William Rodríguez, quien ha sido guía del Museo Caracas por veinte años, expresó que en el antiguo mercado de la Plaza Mayor, que se ubicaba en el siglo XIX en lo que ahora es la Plaza Bolívar, estaban los barberos y los primeros talleres de reparación de zapatos. Hoy en día encuentra en la ciudad a un chichero modernizado, fruteros en camiones y vendedores ambulantes de helados caseros.

Para Durand, el raspadero ya es un oficio desaparecido y ahora solo hay empresas con productos similares. Él recuerda a los vendedores de helados “Cruz Blanca” y a los vendedores de ponche. Ambos costaban una locha. Igualmente desaparecieron los pregoneros y los cobradores del cuadro de 5 y 6, que iban para el Pasaje Zingg. “Un oficio que se ha reinventado es el de los buhoneros, que comenzaron por allá por Camino Nuevo a principios del siglo XX, conformado por gente proveniente de Siria y los países árabes, que vendían ropa y objetos fiados”, acotó. “Otro desaparecido es el carretillero de mercado, eran muchachones que, con piezas de motor de vehículo, lo que llaman molinera, se confeccionaban unos carros muy artesanales y ahí metían las bolsas de la gente que iba a comprar al mercado y se las llevaban hasta sus casas o hasta un carro libre o carrito por puesto”, expresó.

La tecnología desplazó oficios como el de acomodador de cine, que fue muy famoso después de 1920 en el centro de Caracas, donde estaban los mejores cines. Lo mismo sucedió con los fotógrafos de plaza. “Tenían una cajita antigua, una cámara en blanco y negro que ellos revelaban en la misma plaza. Lo curioso era que tenían un burrito de juguete y a todo el mundo le ponían un sombrero mexicano. A veces resolvían, en casi todas las plazas de Caracas, porque era el momento en que se empezaban a solicitar fotografías para identificar a la gente. Ellos quedaron sustituidos cuando comenzaron a aparecer estas máquinas que eran instantáneas”, dijo Durand.

¿Tienen los caraqueños memoria histórica?

De acuerdo con el profesor Durand, el hecho de que sobrevivan esos oficios confirma que los caraqueños tienen memoria histórica, y la figura del cronista ha contribuido con su permanencia. “Hay una necesidad que hay que satisfacer. Que se celebren fechas como el 19 de abril o el 25 de julio, día de Caracas, implica que hay una memoria histórica porque la sociedad trata de mantener en su recuerdo quiénes somos. La memoria histórica refuerza la identidad de los pueblos”, afirma.

“Los últimos 20 años la ciudad ha sido impactada desde un punto de vista político que ha desencontrado a los caraqueños, los ha hecho dudar a veces de quiénes son por la fisura ideológica que se ha creado con cara al porvenir y con cara a lo que es el futuro”, concluye el cronista.

Uno de los constructores de memoria histórica fue Raúl Santana, pintor, caricaturista y escultor costumbrista, quien representó a través personajes, escenas y objetos de la Venezuela de principios del siglo XX. Entre las esculturas de este artista plástico de Caracas se encuentran el chichero, el barbero, el frutero, el carnicero y el raspadero. Están exhibidas en la Sala 3 del Museo Caracas, en la sede del Concejo Municipal de Libertador.

 

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