Buhonería hace del Metro un mercado de golosinas

En el Metro de Caracas, buhoneros se desplazan por las estaciones de manera organizada dando popularidad a ciertas chucherías en la ciudad

En la estación Ciudad Universitaria, un hombre camina rápidamente hasta pasar los torniquetes. Carga dos bolsas negras con cajas de Susy, Toronto y gomitas Trululú. Se detiene en las escaleras a esperar el próximo tren. Su nombre es David, un carpintero que lleva meses sin conseguir trabajo y   para quien vender en el metro es una forma de “no estar vara’o.

Caracas, la capital venezolana a la que muchos acuden en busca de un cambio y de la que algunos otros huyen porque no aguantan la presión, se ha convertido en la protagonista de muchas historias. Algunos vendedores ambulantes en el Metro de Caracas dirían que es “la misma película, pero con diferentes protagonistas”, y es que así es como ellos presentan su realidad ante los usuarios del sistema.

Para David, trabajar allí no es un gusto sino una necesidad. Él encuentra como ventaja principal que en esta actividad económica se dispone del dinero al instante: “uno no tiene que esperar que llegue un 15 o un 30 para cobrar”.

Al abrirse las puertas del tren, pasa entre la gente una persona que con un alto tono de voz dice: Primero que todo está la educación ¡Señores, buenos días!, a lo que la mayoría de los presentes le contestan. Es un vendedor ambulante que viene a ofrecer un tostón por 50 bs y tres por 100, y los mentos, los que en cualquier establecimiento te salen en ochenta o noventa bolívares, aquí te llevas dos por tan solo cien bolívares, continúa. Se trata de Anthony, un joven de 21 años que justifica que hace esto todos los días porque tiene más ingresos que los que podría obtener del sector formal.

Durante un recorrido por cinco estaciones, al menos un vendedor se monta en el vagón a ofrecer chucherías. Estos espacios se han convertido en una réplica del mercado chino, comenta un usuario del Metro, quien también califica su vocabulario como soez porque uno de los buhoneros ofreció su producto para que se lo llevaran al comemuslo o al peor es nada.

Efecto Cocuyo realizó una investigación acerca de los pedigüeños y buhoneros en el Metro, en donde observaron que en promedio, diez pedigüeños al día son retirados de las instalaciones del Sistema .

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Fotografía: Génesis Romero

Las estaciones en 32 años

En el año 1983, el Metro de Caracas se inauguró y se conviertió en un orgullo para el caraqueño porque era un símbolo de comportamiento cívico. Tanto así que en la ciudad parecía haber dos tipos de ciudadanos, según cuenta el sociólogo Ricardo Marcano: unos subterráneos, que podían establecer una convivencia de armonía con los demás usuarios del Metro; y otros superficiales, aquellos que estando en las calles no seguían la regla y eran menos cuidadosos con las otras personas. “Era un medio de transporte que tenía reglas de comportamiento bien definidas, era limpio y se tenía mucho cuidado con respecto a hacer cumplir las reglas del Sistema”, explica Marcano.

En el presente, se está en una sociedad más compleja donde, dentro y fuera del Metro, los ciudadanos no siguen las reglas de comportamiento y los modos de convivencia se han vuelto agresivos, compara Marcano. “Estamos en un estado de guerras permanentes de todos contra todos, donde estamos erizados por lo que nos pueda pasar”, dice.

En la estación Zona Rental, Anthony asegura que algunas personas lo califican de delincuente, pero en realidad él considera que no está actuando mal, pues es un modo de tener ingreso monetario dignamente. David coincide con esta opinión, pero a la vez admite que estar vendiendo en los vagones no es una solución estable debido a que es una práctica prohibida.

Como David,  en el 2013 había al menos 130 millones de personas en la economía informal en América Latina, según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Expertos afirman que en Venezuela el 40% de la población ocupada opta por este sector de la economía, pues así logran cubrir gastos con más rapidez.

Tras la llegada de dos trenes con dirección La Rinconada, alrededor de seis vendedores se fueron concentrando en el andén. Ahí viene Luis, le acaban de bajar toda la mercancía, lamenta uno de los chicos. La euforia se apodera de ellos y crean un plan de escape y de estaciones a recorrer, pues ya saben en cuáles estaciones hay funcionarios de la policía que quieren decomisarles la mercancía y el dinero. David explica que vender en el metro es una zozobra y que si consiguiera un trabajo mejor no estaría allí, ¿quién va a querer que le quiten sus reales? ¡Nadie!

De la legalidad a lo social

Los especialistas consideran que esta situación representa un problema económico-social para la nación y para el sistema Metro de Caracas. Por una parte, porque los buhoneros no hacen el debido aporte para el financiamiento de los gastos de los impuestos, según explica el economista Aarón Olmos. Por otra parte porque, estando prohibido colaborar con la buhonería en este medio de transporte, se irrumpe esa norma tanto por quienes venden como por los usuarios que les compran.

En cuanto a la interacción entre vendedores y usuarios, el psicólogo social Tomás Palacios considera que las reacciones de receptividad o rechazo depende más de cómo el ciudadano se coloca frente a la existencia de una norma que debe ser respetada o no según su criterio, que por la apariencia física de los buhoneros. Asimismo, Palacios explica que principalmente en Caracas, la ciudadanía se ha visto obligada a convivir con quienes en otras condiciones no lo harían, por lo que en definitiva, la aceptación de estos individuos también se ve afectada por una estrategia de sobrevivencia, es decir, algunos no los rechazan porque supondrían riesgos personales y colectivos.

El también profesor universitario Ricardo Marcano supone que es un problema que la sociedad se vaya acostumbrando y vea con normalidad la existencia de este fenómeno. Más allá de eso, se puede identificar como motivo principal el hecho de que nadie garantice que se cumplan las normas. “Si el órgano encargado de poner control incurre en delito y desviaciones, entonces se puede explicar el incumplimiento de las normas, el desorden y la agresividad por parte de las demás personas”, dice Marcano.

La economía de la sobrevivencia

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Fotografía: Génesis Romero

Los sociólogos explican que hay una expresión de malas políticas sociales y económicas que someten a la población a condiciones indignas. En febrero del 2014, el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), arrojó que el 39% de la población ocupada se dedicaban al sector informal de la economía. Este porcentaje se mantuvo casi igual para enero de 2015, con el 41,2% de las personas ocupadas.

Olmos, también profesor en la Universidad Central de Venezuela de micro y macroeconomía, considera que los buhoneros son el resultado de un proceso de depauperación estructural del colectivo que viene desde las instituciones públicas y toca a estas personas y familias que no tienen otra forma de generar ingreso por una vía óptima. “Estamos en una economía de sobrevivencia, por lo que para satisfacer las necesidades tenemos que vender la fuerza de trabajo formal o informalmente”, expone.

El buhonero no tiene seguridad social, acota el profesor Marcano: cuando se enferma, cuando envejece y se ve en la obligación de retirarse, no recibe un ingreso como lo tienen las personas pertenecientes al sector formal.

El reflejo de la involución

Los analistas concuerdan en que los buhoneros y algunos otros sectores de la economía informal, lejos de generar un daño a la sociedad, son un reflejo de cómo se está involucionando. El deber ser es que las personas tengan la posibilidad de tener un empleo digno más allá de depender de un tercero, una ocupación con la que se puedan autoabastecer desde el punto de vista del autoempleo, pero que realmente trabajen en lo que son buenos –zapateros, artesanos, mecánicos, etc.-, aclara el economista Aarón Olmos.

El sociólogo Marcano concluye que en el espacio de lo formal la sociedad  procura lograr mejores condiciones de vida para todos, a través de las instituciones que se van conformando. Si existe un sector informal tan amplio, quiere decir que no se está logrando un avance significativo para una mayor calidad de vida para la población.

 

La verdadera identidad de los buhoneros está en reserva. Se intentó entrevistar a voceros del Metro de Caracas por los medios posibles, y no se pudo conseguir una declaración.

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