Crisis económica genera efectos psicológicos en empleados

La situación de desabastecimiento, escasez y largas colas que atraviesa el país está teniendo consecuencias físicas y psicológicas en los empleados de supermercados, farmacias y abastos. Es cada vez más frecuente la hostilidad entre clientes y vendedores

La crisis económica actual está teniendo efectos físicos y psicológicos en los venezolanos. Algunos psicólogos afirman que el comportamiento de las personas está cambiando. Uno de los grupos afectados es el de los empleados de supermercados, farmacias y abastos, quienes conforman la cara visible de los establecimientos. Angustia, incertidumbre, traumatismos y agresividad son algunas de las consecuencias de la situación actual en cajeras, asistentes, gerentes, encargados y farmacéuticos.

El 18 de marzo de 2015, la FPV (Federación Venezolana de Psicólogos) y la RAP-UCV (Red de Apoyo Psicológico de la Universidad Central de Venezuela) emitieron un comunicado que alertaba sobre los riesgos psicosociales de la situación económica, política y social del país. Uno de los tópicos mencionados entre aquellos que impactan en la cotidianidad de los ciudadanos es el del desabastecimiento de alimentos y otros artículos de primera necesidad. En números esto se refleja en el creciente nivel de escasez. La última cifra publicada por el Banco Central de Venezuela corresponde a marzo de 2014 y se ubicaba en 29,4%. De acuerdo con la encuestadora Datanálisis, hasta mayo del 2015 solo la ciudad de Caracas presentaba un 60,7% de escasez de productos alimenticios esenciales.

Este contexto económico y social incide en la integridad y en el comportamiento del venezolano como comprador y del venezolano como empleado o vendedor. “La situación hace que te pongas agresivo, no eres respetuoso; ya eso se perdió”, afirmó David Pérez, asistente de piso de Supermercados Luvebras del Centro Comercial Plaza Santa Mónica. Como usuario vio desaparecer productos. También presenció casos de violencia entre clientes desesperados por obtener lo que necesitaban. Expresó que los empleados ni renuncian ni se ven tan afectados en comparación con los demás porque allí consiguen los productos. “Pero si te colocas en el zapato de otras personas, sí; por ejemplo para el que tenga niños, leche y pañales no hay”, concluyó.

Rosa Mejías, empleada del Central Madeirense del Centro Comercial Los Próceres manifestó que presenta estrés, dolor de cabeza, dolor de espalda y “dolor de bolsillo”.

El psicólogo social Fernando Giuliani, jefe del Departamento de Psicología Social de la Escuela de Psicología de la UCV, afirmó que la crisis económica y los precios excesivamente elevados impiden que la gente sienta que su dinero le está alcanzando, lo que provoca temor de cara al futuro y genera angustia en las personas al no saber si efectivamente van a cumplir con los compromisos o los planes que tienen. “Hay unos efectos muy profundos en el comportamiento y en la emocionalidad del venezolano, en la forma de pensar, en la estructura cognitiva que nos obliga a dispensar buena parte de nuestro tiempo en cosas que no necesariamente tenemos que estar pensando”, apuntó.

Dos lados del cristal

Osvaldo Fernandes, encargado del Supermercado Luvebras Santa Mónica, sostuvo que la crisis perjudica la convivencia diaria, tanto entre los clientes como a nivel interno (trabajadores, directivos o tren gerencial de una tienda). Explicó que actualmente existe un choque con dos vertientes distintas: la pasión y los sentimientos del cliente que busca los productos, y lo que sienten del cliente hacia ellos. “Son dos polos opuestos, es como ver los dos lados del cristal”, agregó.

Para Fernandes, la crisis afecta emocionalmente a los clientes al hacerlos sentir burlados por no conseguir los productos. A nivel de empleados indicó que se sienten ofendidos porque la gente los considera personas desleales o deshonestas y, por ende, se rompe la credibilidad. ¿Tendrán o no tendrán?, ¿están escondiendo o será mentira?, son las interrogantes que se plantean los compradores al llegar al local. Además, señaló que emocionalmente es muy fuerte soportar la crisis con una jornada laboral de catorce o quince horas en la que se presentan momentos en los que tienen que decirle al consumidor “no hay”. También existen situaciones de caos y estrés cuando los productos están en la tienda, lo que provoca la aparición de una avalancha de gente que los quiere a toda costa. “Las personas tienen un nivel de vida bastante atropellado el día de hoy”, finalizó.

De acuerdo con la profesora de Psicología social de la UCV María Isabel Almaral, la relación entre el cliente y el vendedor ha cambiado. Como consumidora siente que tanto vendedor como comprador están, en algún sentido, predispuestos al tipo de interacción que se pueda dar. “En algunos casos han llegado a interacciones agresivas u ofensivas entre las personas”, dijo.  El vendedor se cansa de que le reclamen por algo que de lo que no es directamente responsable; por ello, cuando se solicita algún producto en un establecimiento el empleado puede responder predeterminadamente. “Se ha construido una figura del consumidor o del comprador que te ataca, que te reclama, y del otro lado la persona no tiene la responsabilidad de lo que está sucediendo en sí y le está cayendo todo ese problema”, añadió.

Basándose en la experiencia, Giuliani indicó que los empleados de farmacias, automercados o abastos deben estar recibiendo una presión cuando la gente pregunta por un producto y ellos no tienen, o cuando ven los “precios descomunales”. “Al final la cara visible de los establecimientos son los empleados, entonces el clima que deben estar viviendo debe ser de mucha zozobra o hasta temor de que se les vaya de las manos en algún momento los ánimos de la gente que está haciendo cola; por ejemplo, cuando tienen que decir que ya se acabó un determinado producto”, expresó.

En el ámbito farmacéutico la situación no es distinta. Según Fefarven (Federación Farmacéutica Venezolana) este año existe un 80% de fallas en el abastecimiento de medicamentos. Así lo reflejó una empleada de farmacia (cuya identidad pidió no se revelase) quien consideró que le afecta psicológicamente el malestar de la gente y tanto decirles “no hay”. Como usuaria también señaló que la crisis ha ido deteriorando muchísimo la convivencia.

Incertidumbre, angustia y agresividad

Angustia, miedo, ansiedad, depresión, indignación, enfermedades psicosomáticas, inseguridad ante el futuro, agresividad, desesperanza y apatía son algunas de las expresiones que la crisis ha provocado en la población, de acuerdo con el comunicado de la Federación de Psicólogos de Venezuela y la Red de Apoyo Psicológico.

El profesor Giuliani puntualizó que la crisis económica tiene efectos sobre el comportamiento. “Es claro que ha tenido efectos. Si tomamos como expresiones de la crisis el desabastecimiento o la dificultad para conseguir productos, eso genera zozobra, angustia, incertidumbre. Además genera un comportamiento diferente porque la gente antes cuando iba a comprar planificaba rápidamente su rutina y ahora no lo puede hacer así”, enfatizó. “El clima de crispación que se vive —sobre todo en las colas— va poniendo a la gente muy irritable”, destacó.

Aunque existen casos —como el del Luvebras de Santa Mónica— en los cuales la violencia no ha sobrepasado el ámbito verbal (solo malas palabras, desprecio y retos), en otros establecimientos la violencia ha llegado al plano físico. El periódico Últimas Noticias informó en marzo de 2013 sobre una pelea entre una cajera y una mujer en el supermercado Makro de la autopista Charallave-Ocumare debido a que la usuaria estaba molesta porque la cola no avanzaba. Otro caso —reseñado por el portal Su Noticiero en mayo de 2015— tuvo lugar en el Supermercado Víveres De Candido en Maracaibo, donde dos compradoras le desfiguraron la cara a una cajera cuando ésta les indicó que solo podían llevar un aceite en lugar de tres.

Asimismo, la psicóloga Almaral manifestó que en muchos casos se tiende a buscar responsables por no partir de una reflexión crítica y, por consiguiente, se asume como responsables a figuras que en la mayoría de los casos no tienen el poder de la toma de decisiones, simples “intermediarios” entre el productor y el consumidor.

Salud pública

Giuliani advirtió que si esta situación no cambia se puede transformar en un problema de salud pública. “Se puede hablar de psicosis en un sujeto pero no puedes decir que hay una psicosis social. Lo que puede ocurrir es que cada vez más sujetos vean comprometida su salud mental. Desde ese punto de vista sí se podría convertir en un problema de salud pública”, concluyó. Para Almaral, el problema reside en la poca existencia de medicamentos y de productos alimenticios para satisfacer las necesidades básicas. Finalmente ambos expertos plantearon crear conciencia crítica y proponer soluciones para amortiguar la situación y dar respuestas concretas.

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